domingo, 28 de octubre de 2007

Persevera y Triunfaras

Porque será que las personas nos tomamos tan en serio el dicho: “Persevera y Triunfaras”. Y lo más gracioso es que, generalmente, nos encachilamos con alguien que no tiene ganas de ser “perseverado” y por lo tanto perseguido, acosado, acechado, y todos los ado similares.
Hay casos en lo que este famoso dicho ha sido veraz, pero nos alcanzan los dedos de una mano para enumerarlos, y no es precisamente en ellos en los que me quiero detener. Si no en las oportunidades en que la perseverancia solo nos hace ganar una orden judicial de restricción y no el tan ansiado amor de nuestras vidas.
Todos los seres humanos estamos hambrientos de amor, pero existen algunos que tienen un serio trastorno alimenticio. Estos seres son de los que piensan que el fin justifica cualquier medio y entonces nos encontramos con personas que son capaces de las mayores atrocidades con tal de lograr que la persona amada este a su lado.
Conozco varios casos de este tipo y todos son perpetrados por mujeres, aunque eso no quiero decir que los hombres estén exentos de utilizar esta metodología de conquista.
El modus operandi que llevan a cabo estas personas casi se podría describir paso a paso: Primero comienzan averiguando gustos y preferencias de las presas, para convertirse en su alma gemela, si la presa ya esta comprometida deberán recurrir a intrigas de toda índole para desbaratar y sacar del juego al enemigo. Una vez que han logrado conquistar a su presa siguen siendo los seres más cándidos sobre la faz de la tierra hasta asegurarse bien del botín, mediante alianzas o en el peor de los casos hijos. Y luego comienzan a mostrar su verdadero yo, se vuelven celosos y posesivos a tal punto que el bien amado debe caminar por la vida cual caballo mirando solo al frente para no descubrir las amenazas que se encuentran alrededor de él, todo es motivo para una escena de celos al estilo telenovela venezolana, con gritos y llantos en el mismo pack y por el mismo precio, y siempre recurriendo a la lastima y la culpa, porque estas son las mejores aliadas de estos seres.
Pero como todo lo bueno dura poco. Un buen día, el bien amado se levanta y los mando al carajo sin ninguna culpa y sin un rastro de compasión. Entonces comienzan los reproches por el tiempo dedicado a su bienestar, por todas las infidelidades que nunca descubrieron y por las que seguramente tuvieron deseos de realizar pero no lo hicieron por miedo o por culpa, por todas las puteadas recibidas, cuando ellos, los pobrecitos, solo querían hacerlos felices, darles lo mejor, atenderlos, cuidarlos, mimarlos, y demás conjugaciones de verbos similares que solo pueden anidarse en un buen corazón como el de ellos. Aquí también recurren a las lágrimas, porque esta es la mejor arma y la más utilizada. A veces esta táctica da resultado y el bien amado perdona y aguanta. Pero la semilla ya esta sembrada, el relojito de la bomba ya esta activado y es solo cuestión de tiempo. Algunos duran más otros menos, pero a la larga siempre terminan explotando, y cuando eso pasa no hay quien se salve de la onda expansiva y no existen lagrimas que apaguen el fuego desatado, ni miedo, lastima o culpa que apacigüe los ímpetus destructivos y separatistas del bien amado. Existen casos extremos en donde en el afán de retener a su media naranja, las personas conciben hijos, y eso si que se transforma en el peor de los casos, porque son, precisamente, los niños los que más sufren en esta terrible coalición de potencias.
Yo personalmente creo que estas personas no es que no amen, sino que aman mal. Según ellos aman demasiado, pero para mi aman mal. Creen que el amor se puede forzar, que puede venir con el tiempo, que pueden mantener para toda la vida el personaje que crearon para enamorar al otro. Y tanto luchan por conseguir y mantener ese amor, que al final se quedan vacíos, porque seamos sinceros ¿Qué se les cruzara por la cabeza a estas personas que son capaces de quedarse toda su vida con alguien que ni siquiera los respeta? ¿Tan poco amor propio puede tener una persona?.
Lo más triste o quizás lo más paradójico, es que no aprenden de los errores y se pasan la vida tropezando con la misma piedra, fingiendo ser alguien que no son y dejando su vida de lado por vivir la del otro. Aferrados al “Persevera y triunfaras”. Y saltan de fracaso en fracaso, felizmente, sin sentir remordimiento. Pero para todos hay un final feliz o un dicho que los aliente a no perder las esperanzas: ”Nunca falta un roto para un descosido”, y siempre encuentran a su media naranja, esa que le gusta ser perseguida y asediada, porque así se siente importante y maravilloso, porque alimenta su egocentrismo con la falta de amor propio de su pareja.
Y después no me vengan a decir que la pareja ideal no existe!

jueves, 25 de octubre de 2007

Los reyes magos no existen

Existen muchas clases de amor. El fraternal, el pasional, el correspondido, el buen amor, el mal amor, el obsesivo, el posesivo y tantos otros más, que no se me vienen a la cabeza ahora.
Pero díganme si no hay nada más poético que el amor que nunca se concreta.
Lo que pasa es que uno idealiza al ser amado. Es como un Dios, porque uno se dedica a adorarlo, a idolatrarlo sin saber a ciencia cierta si existe o es una sucia jugada de nuestra psiquis.
Siempre es más inteligente, más lindo, más sensible.
Nunca nos lastima, nunca nos exige nada más que nuestra distante admiración.
Este ser es sencillamente maravilloso porque no tenemos que aguantar sus mañas, sus empecinamientos, sus susceptibilidades, sus rabietas y todas esas cosas que vuelven humano a cualquier hijo de vecino.
Yo me confieso como una gran amante de esta clase de amor.
Creo que es lo que más aproxima a lo que los poetas describen como el verdadero amor. ¿Como podemos amar sino admiramos? Y la admiración es la madre del amor platónico.
Digo, uno comienza admirando (el sentido del humor, la inteligencia, el culo, el auto o lo que sea) y termina convirtiéndose en el más fiel de los devotos de un simple ser humano que de divino tiene lo mismo que una de religiosa.
Pero a la vez reconozco que esta clase de amor, quizás, sea cobarde. Porque estoy convencida que el verdadero amor es para los valientes, para los que arriesgan, para los que luchan, para los que saben perder, para los que pueden salir fortalecidos de las situaciones dolorosas.
Mi amiga la rubia siempre dice que lo que no te mata, te hace más fuerte (Una filosofa la guacha).
Mi amiga la casada, sostiene que solo aquellos que pueden amar son capaces de las mayores destrezas artísticas (Esto se lo debe haber choreado a alguien).
Y la petiza argumenta que el amor es como la locura. No se vuelve loco el que quiere, sino el que puede. (¿Y para esto estuvo 3 años en la facultad de psicología?)
Pero dejémonos de los teoremas filosóficos de mis amigas acerca del amor y volvamos a lo que nos convoca: el amor platónico.
Confieso que he tenido varios y que lo he sido para algunos (Uno no elige de quién se enamora). Así que si sos una soñadora que anda en busca de un amor platónico me siento en condiciones de pasarte algunos tips:
Lo primero de todo es detectar a alguien que nos guste muchísimo. Porque aunque no coincido con eso de que el amor entra por los ojos, confesemos que no vamos a idealizar a alguien que no nos atrae ni una pizca. No es necesario que el pibe sea un Adonis, con que tenga unos lindos hoyitos en las mejillas, o una sonrisa llena de dientes blancos, alcanza y sobra.
Después es necesario que se mantenga una distancia cercana. Se que este concepto es un poco enroscado, pero es muy certero. Con esto quiero decir que el amor platónico no es aquél que se siente por los galanes de televisión, los cantantes o modelos, eso se llama fanatismo. El verdadero amor platónico se siente por aquellas personas a las que uno ve cada tanto, a los que le puede sentir el perfume o descubrir qué canción tararea. Pero es fundamental que no se descubra nada más. Porque ahí nuestro objeto de adoración empieza a tener características humanas y pierde ese carácter celestial que lo convierte en el Dios a idolatrar.
Paso seguido es importante que empecemos a descubrir algún lugar o instancia donde poder compartir un momento con él. Podemos averiguar que colectivo se toma y en los horarios que lo hace, y tomarnos el mismo bondi, solo para viajar un par de cuadras bien pegadas a ese culo que nos desvela. O sino podemos investigar cuales son los lugares que le gusta frecuentar, y una vez hecha esta averiguación, escondernos detrás de un árbol, columna o lo que esté a mano y espiarlo solo para descubrir cada uno de esos gestos que lo harán más divino. Es fundamental no pasarse largas horas espiándolo, porque no vaya a ser que una los descubra escupiendo, escarbándose la nariz o eructando, porque ahí si que no hay tu tía y a la mierda toda la divinidad de nuestro amado.
Y por último, pero no menos importante, es saber cuando ha llegado el momento de emprender la retirada. Porque si nos seguimos acercando y el tipo se percata de nuestra admiración, hay dos caminos posibles, o que te meta una denuncia por hostigamiento y acoso sexual o lo que es peor, que quiera concretar.
Y esto último si que seria una tragedia, porqué es prioritario tener bien presente que el amor platónico pierde su encanto cuando uno intenta concretarlo. Así que la distancia es fundamental porque es, justamente, su carácter intangible lo que lo vuelve mágico.
Porque amigas mías, concretar un amor platónico es casi tan traumático como descubrir que los Reyes Magos son los padres.

lunes, 22 de octubre de 2007

Como por arte de magia


Vamos amigas, no se hagan las superadas y confiesen. Todas, alguna vez fantaseamos con ir a una bruja, gurú, chamán o lo que fuere, para que nos dé la receta mágica para conquistar a nuestro amado. Y como este sea constituido en un espacio para la confesión, seré sincera y reconoceré que soy de aquellas ingenuas que ha ido en busca del elixir del amor eterno. Y si bien pecaré de adelantarles el final, y aunque es de una brutal evidencia esta confesión, no he tenido éxito.
Mi travesía comenzó a los 19 años, tenía un novio menor que yo, un muchacho muy lindo, muy cándido, muy alegre y muy codiciado por las señoritas de nuestro círculo. Como sería de divino, que nunca pude entender porque me dio bola, yo no me la hubiera dado, y miren que yo tengo un amor propio comparable al de Narcizo…
Una tibia tardecita de enero, una vecina iluminada llegó con una noticia que cambió mi vida para siempre, me abrió a ese mundo tan temido pero tan codiciado por mi. A pocas cuadras del hogar materno residía una señora, que mediante plegarias, te ayudaba a mantener o a hacer retornar a tu amado. Lo mejor era que esta señora no cobraba una tasa fija por su servicio, es decir una le pagaba con lo que tenía si es que tenía. Ese fue el empujón necesario para que asistiera con mis 4 compañeras de aventuras de esa época. Imagínense, yo era una joven estudiante de Comunicación Social, mantenida por sus padres, que salía viernes, sábados y domingos, porque no podía arriesgarme a dejar a mi noviecito solo, miren si conocía a una quinceañera y se avivaba y se piantaba con otra…Así que: “A donde estés, estaré” era mi lema en esa época…
Nos dividimos en 2 grupos. Las 2 más valientes entraron juntas en el primer turno, debían entregar una foto del hombre codiciado y comunicarle su nombre completo. Con solo estos 2 datitos, la señora te aseguraba el amor eterno, la pasión desmedida, la añorada fidelidad y todo lo que se te cantara.
Siempre pensé que si solo esto es necesario para engualichar a alguien, el cosmos entero está complotado para que todos seamos victimas de algún encantamiento.
Aguantando la tentación salieron de la habitación. Era nuestro turno. Inflando el plexo de valor entramos al cuartito. Me imaginaba que me iba a encontrar con una especie de santuario, con velas encendidas a dioses negros con cabeza de elefante, o figuras en color rojo de mujeres exuberantes, con mucho humo de sahumerio, y la vieja con un tremendo turbante multicolor en la cabeza.
Pero no.
La señora tenía un batoncito parecido al que usaba mi abuela, el cuarto seguramente era el comedor familiar, el adorno más imponente de la habitación era la heladera atiborrada de imanes de roticerías, fabricas de pastas y veterinarias. Pero si había muchas estampitas de vírgenes y santos, con una vela solita que le rendía culto a todos por igual, el aroma no era a sándalo sino a fritanga…
La señora nos fue pidiendo de a una las fotos, le decíamos el nombre y la señora comenzaba a rezar mascullando, mientras golpeaba la foto con el puño cerrado. Una de las chicas no se aguanto más y le pregunto porque hacía eso. La doña muy campante respondió que era para “ablandarlos”, entonces mi amiga la casada, que por aquellos años era soltera, muy preocupada preguntó: ¿Y les duele? A lo que la señora contestó que si, “un poquito”. Luego de que nos atendió a las 3 y prometiendo volver pronto, le dejamos el pago por su servicio, $1 entre todas. Crease o no, la vieja me vaticinó que me cuidara de una rubia que se ataba el pelo con una colita en la nuca, porque nos quería separar. Como siempre fui la más boluda del barrio, me pensé que era la hermana que no me quería, pero no, el muy guacho de mi novio tenía otra mina de similares características a la que me mencionó la bruja. Igualmente volví un par de veces más, pero como aquel infeliz seguía empecinado en noviar con las dos, me desanimé y por un tiempo me alejé de la alquimia amorosa.
Pero, como es tan cierto eso de que el ser humano tropieza 2 veces con la misma piedra, y se ve que yo me lo he tomado muy a pecho, me enamoré de otro muchacho que parecía ser discípulo del cantautor Alejandro Sanz, en esa teoría de que “a veces soy tuyo y a veces del aire”. Esa raza de hombres me rompe soberanamente las pelotas.
Luego de un par de años de tratar, por todos los medios posibles y echando mano a cuanta estrategia de manipulación encontré, que el niño dejara de “ser del aire”, tomé coraje, agarré los clasificados del diario y me fui a una bruja que me tiré las cartas.
Contando ya con experiencia, no esperé encontrarme con una pitonisa como las de las películas, así que cuando llegué y me atendió una señora que me hizo pasar a la cocina de la casa, donde se encontraba el tele encendido en el talk show de Moría Casan, y me ofreció mate con cáscara de naranja, mientras esperaba mi turno, no me sorprendió. Estaba ansiosa, así que cuando entré a la habitación donde me esperaba mi nueva gurú, sentí una emoción inexplicable, como si estuviera por perder la virginidad con un profesional del sexo. La tipa era joven, la alianza en el dedo anular confesaba que estaba casada, lo cuál me hizo suponer que los dos nenes chiquitos que jugaban en el patio de la casa, eran sus hijos. Calculé que tendría unos 10 años más que yo. Había mucho olor a sahumerio de maderas del oriente y varias figuras de Santos y Ángeles, cada uno con su respectiva vela. Me tiró las cartas, le pegó en todo lo que me dijo, lo describió a ÉL tal cuál era, y por último me ofreció hacerme unas velitas para que nuestro amor se afiance por la módica suma de cincuenta pesitos. Como siempre fui media reacia a largar un mango en algo que no sea tangible, le dije que lo pensaría y partí muy contenta al hogar de mi amado.
Reconozco que siguiendo los consejos de mi pitonisa, las cosas estuvieron bien un tiempo, pero él seguía empecinado con esa ya trillada y antes mencionada filosofía de vida. Así que me cansé de los castillos en el aire y lo mandé a volar…
El asunto es que este guacho siempre me pudo. Así que después de varios meses volví con él. Mi corazoncito albergaba la ilusión de que él, esta vez, quisiera pisar tierra firme, pero el muy turro no cambia más y seguía con ese asunto del “toco el aire, no te toco” Y como vivo tropezando con la misma piedra, que a esta altura se ha convertido en adoquín, agarré de vuelta los clasificados y me dispuse a encontrar a mi gurú.
No tuve suerte. Pero como además de boluda, soy cabeza dura, no me di por vencida, y me puse a buscar un nuevo chamán.
Este era más “top”. Tenía una oficina en pleno centro, con una salita de espera que asfixiaba de olor a sahumerio, fuentes de agua, música clásica y vasitos de jugo exprimido para beber durante la espera. Cuando me llegó el turno, el señor que me atendió era un tipo grande, con un chaleco multicolor bastante ridículo, que tomaba un te verde en una taza que decía: “Para el mejor papá del mundo”. El hombre me tiró las cartas y fiel a su estilo “naturista”, me dijo cualquier verdura. Me mandó a que prendiera un montón de velas, porque según él, mi amado y yo estábamos engualichados, que guarde los restos y se los lleve así los leía y me daba el hechizo necesario para contrarrestar la maldición. Salí de allí con una gran sonrisa, prometiendo volver, cosa que jamás hice, porque este buen hombre tenía más pinta de chanta que de chamán.
No contenta con toda esta seguidilla de malas y extrañas experiencias, decidí que me dedicaría a cultivar mi sexto sentido. Más que para andar engualichando gente, para descifrar las señales que se me presentan y confiar más en mi instinto. Siempre creí en lo sobrenatural y en el poder de la mente, pero soy muy cagona para andar haciendo cosas raras. Todavía falta que se me meta un espíritu en mi diminuta casa de 2 x 2, donde solo quepo yo y mis 4 trapos locos, uno de los dos se va a tener que rajar, y no se porqué, pero sospecho que seré yo. Igual tomé valor y cuál aprendiz de Harry Potter, me compré un mazo de cartas de tarot y dos libros para interpretarlas. Exploré varias páginas de internet y me suscribí a algunas. Le tire las cartas a mis amigas y más de una vez acerté en mis vaticinios, mas por suerte que por otra cosa.
Por lo pronto y no solo porque me reconozco como una gran cagona, no andaría convocando a espíritus para ofrecerles mi alma a cambio del amor de un hombre. Todavía quiero vivir la emoción del romance, el conquistarnos, el seducirnos. Y tampoco quiero ahorrarme la desdicha del desengaño y del olvido. Pienso que la vida es un camino de enseñanza y que cada persona con la que nos cruzamos debe enseñarnos algo. Y se ve que soy bastante burra, porque salto de hombre en hombre, y no siento que haya aprendido un carajo.

jueves, 18 de octubre de 2007

Maldita Cenicienta


Las mujeres somos una isla de sufrimiento a causa del amor. Sufrimos por todo, en todos los contextos. Sufrimos cuando amamos y no nos aman. Sufrimos cuando nos aman y no amamos. Sufrimos estando solteras y sufrimos cuando nos casamos. Parece que toda nuestra vida es un eterno sufrimiento, una lenta agonía. Siempre nos sentimos insatisfechas, todo es poco o mediocre. Y no me parece una desgracia que no nos conformemos tan fácilmente, al contrario, me parece que es el comienzo al camino de la superación personal. Que si sentimos que merecemos más, es porque estamos capacitadas para obtenerlo.
Sin embargo, a veces somos tan sufridas, que ya ni los amigos nos aguantan. Es que resulta un poco imbancable estar con una persona que para todo tiene un lamento, o un reproche.
Según mi humilde opinión, los responsables de que nuestra vida amorosa sea un eterno desengaño, son los autores de los cuentos infantiles y las telenovelas de la siesta, que parecen estar en complicidad con nuestras madres y abuelas.
Todas las mujeres crecimos escuchando el cuento de la Cenicienta, Blancanieves y La Bella Durmiente. Desde los tres o cuatro años, nuestras madres y abuelas, nos sumergieron en un mundo de fantasía en donde la joven buena, bella y educada (y encima Princesa) era salvada por un Príncipe valiente, que para colmo, además de tener sangre azul, se enamoraba de ella a primera vista y viceversa. A los pocos días se casaban y comían perdices para siempre. Siempre me pregunte porque los cuentos no continuaban relatando las pequeñas minucias conyugales, como iban conociendo sus olores, sus sabores (los desagradables, no los eróticos). En fin, como limaban las asperezas, porque no nos olvidemos que ellos se casaban a los tres días de conocerse.
Hoy más de un noviazgo de cuatro o cinco años se termina, sin siquiera haberse planteado la posibilidad concreta de una boda. Y están los que llegan al casamiento y siguen pensando que fue demasiado pronto, que necesitaban más tiempo para conocerse mejor, sino no hubieran cometido semejante error (según palabras de ellos). De todos modos, quiero alegar en defensa de la pobre Cenicienta, que uno puede pasarse toda una vida con alguien, puede morirse a su lado, y no llegar nunca a conocerlo totalmente, es más una a veces no termina nunca de conocerse a si misma.
Pero continuemos con nuestro relato. Luego, ya entrando en la tierna adolescencia, las mujeres descubrimos el maravilloso mundo de las “telenovelas”. Lloramos, suspiramos y reímos con la heroína, también joven, bella y buena (que no es Princesa porque hoy la Monarquía esta en decadencia, pero si heredera de una cuantiosa fortuna). Y “él” bello, bueno, sufrido, ermitaño y mujeriego. Vive huyendo del amor, hasta que la conoce a “ella” y se enamora a primera vista para siempre. Les pasa de todo, superan toda clase de intentos de homicidio, secuestro, extorsión, en algunas oportunidades vuelven de la muerte, y en todas las tramas siempre aparece un hijo inexistente que esta a punto de separarlos. Vicisitudes más, vicisitudes menos, luego de año larguísimo, la pareja protagónica se reencuentra y se casa. Al igual que en los cuentos, me pregunto como se habrán llevado después de diez años de matrimonio, díganme si no les intriga enterarse si ella a engordado treinta kilos, o si él sigue siendo tan sexy sin un pelo en la cabeza, díganme si no les intriga saber si ellos no se plantean que tanto sufrimiento pasado fue al vicio.
Ahora entienden porque responsabilizo a los escritores y a las madres y abuelas de todo el mundo? Crecemos con esa imagen equivocada del amor. Primero: ningún hombre está capacitado para salvar a nadie, imaginate que no pueden con ellos mismos. Segundo: el amor a primera vista no existe, lo que puede existir es la calentura (diría sabiamente un amigo mío), pero eso no perdura más allá de la tercera cita, después todo se enfría y el supuesto amor eterno se va al diablo. Tercero: Hoy la gente casi no se casa, a lo sumo comienza a vivir en concubinato. Cuarto: No existe ser humano sobre la tierra que pueda aguantar todo lo que tienen que sufrir estos pobrecitos, ni hablar de que después de un tiempo de tantas mentiras ya no se quieren ver más, hoy en día es muy común dejar de querer al amor de nuestras vidas...Y por último, los hombres que huyen del amor, nunca dejan de huir, es una mentira total eso de que son mujeriegos y se enamoran de una y se vuelven honestos y fieles de la noche a la mañana, el que es mentiroso, infiel y estafador lo va a seguir siendo, por lo menos mientras no lo descubran.
Y así, queridas mías, crecemos engañadas, deseando un amor y una relación de pareja que no existe. Y como solo a los golpes se aprende, la vida cruel se encarga de desbaratarnos los sueños, y chocarnos de narices con la realidad: el Príncipe Azul no existe y nosotras no somos Cenicienta, aunque calcemos 36 y vivamos fregando pisos.

domingo, 14 de octubre de 2007

La culpa es de mi mamá

Tienen razón los hombres cuando dicen que las mujeres somos unos bichos raros. Se quejan de que no nos entienden y buscan formulas mágicas que les permitan conocer la enredada psiquis femenina, pero saben a ciencia cierta que jamás podrán descubrir que bicho nos pica cuando decidimos amarlos, desamarlos, dejarlos y hasta adoptarlos.
Y es en este último punto en donde me quiero detener. Existen muchísimas mujeres que nos embarcamos en la loca empresa de ser la madre sustituta de nuestra pareja. Los lavamos, los planchamos, les hacemos los rulos y hasta nos enganchamos en sus rayes hipocondríacos, nos convertimos en su “mamá”. La que nunca tuvieron o la que extrañan tanto. Los creemos indefensos, y nos enamoramos de ese gigante desamparado, con más pelo en el pecho que en la cabeza.
Y de pronto nos encontramos a nosotras mismas, mujeres independientes, pendientes de si nuestro hombre no llegó tarde al trabajo, si tomó el remedio a las nueve o si tiene la camisa planchada para salir con sus amigotes a reventar la noche. Nos esmeramos en que se sienten comprendidos, acompañados, contenidos, y amados incondicionalmente. Y lo peor es que ellos sienten nuestro incondicional amor maternal, comienzan a salir a cualquier hora, no nos dicen a donde van, ni con quien y se ofenden si una pregunta a donde aposento su maravillosa estructura ósea y muscular toda la jornada. Se sienten perseguidos y asfixiados, nos llenan de reproches y hasta nos acusan de mentirosas, porque el que ama incondicionalmente lo hace sin importar las conveniencias ni los inconvenientes, sin preguntar porque, ni como, ni cuando, ni donde, y mucho menos… con quien!.
Y nosotras nos enredamos en la telaraña que tejimos para enganchar a nuestro amado desvalido, nosotras mismas nos metimos en este brete, y nos tenemos que comer los codos antes de comenzar el interrogatorio cuando llegan de trabajar a las cinco de la mañana borrachos. Y viste como es una, acumula y acumula hasta que no aguanta más y un buen día explota la tercera guerra mundial, y no aguantamos ni siquiera que pidan a los gritos el toallon desde el baño, o que se acuesten con los pies sucios en las sabanas que acabamos de cambiar, en fin ninguna de esas minucias que los hacían maravillosamente queribles. Por todo armamos una pelotera bárbara, hasta que un día, por unos calzoncillos sucios escondidos atrás del inodoro los echamos a la calle en una fría noche de lluvia. Y ahí nos convertimos en las brujas, y comienzan a surgir teorías en la barra de un tugurio lleno de hombres despechados sobre porque somos tan locas, nunca reflexionan sobre la posibilidad de que somos seres humanos con limites y dignidad, sino que nos tildan directamente de brujas.
Saben una cosa amigas mías, la culpa es nuestra. Cría cuervos y te sacaran los ojos.
Y para colmo, la que tiene esa alma maternal empedernida no cambia. Va por la vida adoptando hombres cual si fueran huérfanos de Somalia.
Según mi exigua experiencia personal, estos hombres no dejaron nunca de ser unos niños, no es que aún conservan su niño interior, sino que siguen siendo ese niño, y no es por nada, pero a veces los niños suelen ser muy crueles, te hacen un berrinche en el medio de la calle, hacen una travesura y lo niegan con su mejor cara de “yo no fui”, y te tienen tomado el tiempo.
Pero sigo insistiendo en que la culpa es nuestra, nos transformamos en Yocasta (por si no saben quién fue esta señora, les cuento que fue la mamá de Edipo), pero ninguna se percata que esa historia termina mal, que ella se inmola y él se autoflagela dejándose ciego, y cometemos el mismo error. Pero la vida real no es “tan” así, es peor: una termina deprimida con veinte kilos de más ganados a puro chocolate, preocupadas porque a él seguro lo enredo alguna víbora que le sacará las pocas monedas que conserva gracias a nuestra intervención. Sentimos culpa por nuestra condición de abandónicas. Pensamos que se va a morir de frío, de cólera, de hepatitis, de inanición o de cualquier virus que ande suelto. En fin, nuestro sufrimiento de madre nunca termina.
Es cierto que nadie nunca podrá entendernos, pero porque nosotras jamás nos entenderemos. Nos encontramos con este maravilloso ser e ingenuamente creemos que podremos “salvarlo” y cuando nos damos cuenta que más por casualidad que por capacidad, podemos con nosotras mismas, lo abandonamos a su suerte, lo echamos al mundo. Y seguramente, el muy desagradecido, cuando este con otra en el momento post-coito y cigarrillo mediante, nos endilgará sus traumas de complejo de Edipo mal resuelto, su miedo al compromiso, y su delirio persecutorio. Pero una no aprende más, y seguirá buscando incansablemente algún desvalido que necesite los cuidados de nuestra tierna almita maternal.

jueves, 11 de octubre de 2007

Como chico con juguete nuevo


El otro día estaba en mi casa muy campante, mirando la tele. Antes de continuar es necesario aclarar que no tengo cable, así que estoy sujeta a la escasa programación de los canales de aire locales. Eran las 8 de la noche y una blonda señora, sesentona ella, estaba en un impoluto living blanco, con 3 “amigas” y una señorita que le enseñaba juguetes sexuales. Estaban maravilladas las chicas….
Todavía recuerdo la primera vez que fui a un sex shop como si fuera ayer.
Cuando algo me da vergüenza me pongo colorada al instante, y con la cara redonda que tengo, imagínense en el cachazo de tomate en el que se convierte mi rostro.
Mutada en un tomate inmenso con cara de circunstancia, haciéndome la superada, hice mi entrada triunfal al local. Como si el supremo me hiciera un guiño, no había nadie, solo el vendedor, un simpático señor cincuentón que me contaba que su hija acababa de recibirse de abogada, mientras me ponía en la mano un vibrador para que yo testeara la intensidad del mismo. Obviamente que hice uso del archiconocido argumento del regalo para una despedida de soltera. Calculo que el cincuentón no me creyó nada, pero tuvo el buen tino de seguirme la corriente. Es que el hombre, como todo comerciante, quería asegurarse la venta. Me mostró todos los modelos, las texturas, los sabores y olores de cada falo de plástico que adornaban las paredes del comercio. Al fin me decidí por uno, y partí a mi casa, feliz, con mi flamante consolador en la cartera. No se cuanto tiempo habré estado en el local, solo recuerdo que esa visita marcó el fin de una etapa y el comienzo de una nueva era que se abría ante mis ojos, como si la caja de Pandora se abriera, y el universo se pusiera patas para arriba, introduciéndome en un mágico mundo. Me sentía Alicia en el país de las maravillas.
Otra cosa que siempre me intereso es la literatura erótica. Mi ex tenía grandes cantidades de bibliografía al respecto. Luego del coito, él se dormía a mi lado, roncando cual búfalo y yo me dedicaba a instruirme sexualmente. Por ejemplo descubrí que era la bendita “lluvia dorada”, la cuál, para mi gusto, es demasiado escatológica para ser sensual. También me enteré de algunos métodos masoquistas bastante interesantes. Ya que estamos en tren de confesiones acepto que, siempre y cuando no esté en juego la perdida de alguna extremidad, órgano, hueso o músculo, no me desagrada para nada algunos juegos de esa práctica sexual.
Ya se sabe que los largos años de noviazgo requieren que la pareja se reinvente de manera constante para que la rutina no apague la pasión. Y yo estaba muy enamorada como para arriesgarme a que mi bien amado me cambié por un modelo más nuevo.
Nuestra vida sexual era bastante intensa. Al comienzo éramos tan fogosos y ardientes, que todos los días, estábamos déle que déle.
Después que llegamos a conocernos profundamente, logrando la tan ansiada coordinación del ritmo, intensidad y tiempo de duración del acto amatorio, se nos ocurrió probar con posiciones exóticas, aggiornando el kamasutra a nuestra destreza física. Más de una vez tuvimos que parar porque los calambres tiraban al tacho la lujuria.
Luego pasamos a probar en lugares extraños, llenos de gente por lo general. Se nos dio por el exhibicionismo. Llegó una época en el que no nos permitían la entrada en ningún pub de la ciudad y más de una vez, la luz de un patrullero nos cegó en varias plazas tranquilas de barrio. En esta etapa descubrí que es un mito eso que dicen por ahí del fiat 600, es un auto cómodo para practicar el arte del sexo, el secreto está en saber acomodar los asientos y encontrar la posición adecuada para evitar los calambres.
Superada esta época, probamos con los disfraces y la lencería erótica. Al comienzo el vestuario era casero, el guardapolvo de maestra jardinera de mi hermana, el delantal de cocina de mi abuela, la capa y el antifaz del disfraz de batman de su hermano, la pollera escocesa de mi viejo uniforme de la Escuela. Nos disfrazábamos con lo que teníamos a mano. Luego empezamos a comprar algunos accesorios, coronitas, alas de ángel, narices de payaso, varitas mágicas y bonetes. Al último ya invertíamos grandes dinerales en ropas que nos pondríamos a lo sumo 3 veces.
Cuando la imaginación empezó a escasear, se me ocurrió la feliz idea de comprar juguetes sexuales. Así fue que llegué hasta el edénico local. Descubrí accesorios maravillosos, que despertaron sensaciones interesantes e inquietantes. Y si bien esto avivó bastante la pasión, él comenzó a sentir que tenía competencia.
Mira si serán pelotudos los hombres, que llegan a sentir celos de un vibrador!.
Pero la pasión irremediablemente desapareció y entonces mi noviazgo se fue al diablo y entre llantos, gritos y promesas de homicidio, decidimos separarnos.
En un principio temí que ya no podría prescindir de mis juguetes, preocupada pensé: “No puedo pelar el consolador la primera vez que esté con alguien que recién me conoce. Se va a asustar”. Pero la divina providencia estuvo de mi parte y no necesite hacer uso de mis accesorios amatorios. Hasta ahora me han tocado muchachos bastante gauchitos, que se las rebuscan bastante bien sin necesidad de complementos.
Así que todavía descansa (bien a mano por las dudas) mi primer consolador, en el cajón de la ropa, perdido entre las medias y los corpiños. Uno nunca sabe cuando va a tener que echar mano a la autogestión…

domingo, 7 de octubre de 2007

De los celos y otros demonios


Existen quienes dicen que los celos son el condimento fundamental del amor. Que si uno cela a su pareja es porque realmente la ama y teme perderla. Y puede ser que tengan razón...Siempre y cuando los celos sean medidos y no se vuelvan enfermizos, porque si no se convierten en un arma de doble filo, y no solo corremos el riesgo de perder a nuestra pareja, si no que pueden derivar en un serio trastorno psicológico.
Por mi parte me autodefino una persona carente de ese sentimiento y no porque sea una mujer segura de mi misma, sino porque desde que me inicie en los enredos amorosos he sido victima de ese moustro llamado infidelidad. No es algo de lo cual me enorgullezca y aún sigo en tratamiento para averiguar porque tropiezo siempre con la misma piedra, porque es de una brutal evidencia que elijo mal a mis parejas, pero eso lo dejamos para más adelante.
A partir del primer hombre de mi vida, todos, absolutamente todos, me han sido infieles. Entonces he naturalizado la situación y si debo serles sincera, no me parece lo más saludable, y aunque piensen que quiero disculparme, tengo que decirles que cuando alguien se acostumbra a una situación la vive como algo completamente natural. Es más, creo que no sabría para donde disparar si no me fueran infiel.
Se que hasta ahora da la impresión de que tengo el asunto totalmente superado, pero no les voy a mentir...Me revienta que me pongan los cuernos!!!. De todos modos es algo que yo no puedo evitar y como no pienso sicotizarme persiguiendo día tras día, sin parar, a mi bien amado, he diseñado un mecanismo de defensa que hasta ahora me ha dado buenos resultados: No me preocupo por lo que hace mi hombre con los demás, bueno, con las demás en este caso. Me preocupo por lo que él hace conmigo; porque si además de meterme las guampas no me atiende como corresponde, entonces no vale la pena perder tiempo, morirse de hambre y torturarse con la cera depilatoria, para que mi hombre todos los días eleve una plegaria al cielo en agradecimiento por haberme encontrado en su camino.
Les cuento que es una buena forma de no volverse loca, obviamente que esto va sumado al hecho de mi acostumbramiento al tema del gorreo. Así que, mujer, si no estas acostumbrada, si sos una de las pocas privilegiadas que vive en la dulce ignorancia, este consejo no es para vos, es solo para las que estamos unidas por la misma injusticia de la que hemos sido victimas (Y victimarias, porque no nos vengamos a hacer las mosquitas muertas, porque todas sabemos que esas son las peores).
Según mi humilde opinión, son muchas cosas las que entran en juego cuando hablamos de los celos: la seguridad y el respeto por una misma, la confianza, las infidelidades anteriores, la posesión. En fin varios demonios que rondan por nuestra cabecita de novia cada vez que nos enamoramos.
Para empezar es fundamental ser una persona segura de si misma, para no convertirse en una neurótica de los celos, si vas por la vida demostrando lo “buena, inteligente y linda” que sos, ¿Quién se atrevería, quien osaría serte infiel? Nadie, obvio...Segundo: si tu amado es una persona honesta y leal ¿Porque desconfiar de él si vuelve con el cuello de la camisa llena de lápiz labial, sin calzones y con la boleta de un telo en el bolsillo del pantalón sucio con champán? Siempre hay que preguntar antes de sacar conclusiones que pueden destruir nuestra pareja, quien sabe lo que le pudo pasar al pobre que llego un martes a las cinco de la mañana en semejante estado! Tercero: si nunca nadie te ha sido infiel (O si nunca te has enterado que viene siendo lo mismo y que es lo más seguro) ¿Por qué este hombre tiene que serte infiel? Si es un dulce: te regala flores, bombones, ositos sin ningún motivo, te llama cada dos horas para preguntarte a donde estas y si tenes pensado ir a verlo, si cada vez que llegas por sorpresa sale presuroso a recibirte y te lleva a tomar un helado sin siquiera dejarte entrar a la casa, y encima dejando la puerta sin llave...
Amiga estate atenta, si eso pasa seguro te mete las guampas.
Para terminar, hay que tener bien presente que nadie le pertenece a nadie, que nada te asegura que alguien te va a amar el resto de tus días. ¿O es que acaso pensas que porque alguien firmo una libretita con vos al frente de un empleado del Registro Civil, se vistió de esmoquin y gasto una cuantiosa suma de vil metal en una fiesta, esa persona dejo de carecer de todas las pulsiones humanas, que su libido solo se despierta cuando llega a casa y te ve con los ruleros puestos, los labios llenos de cera y con el más roñoso de los batones de tu mamá? Mmm amiga: tengo la obligación de decirte que a los hombres siempre les gustan los modelos nuevos, cromados, de un rodado menor, con airbag incluido, así que trata de hacerte un alineado y balanceado por lo menos una vez al año, porque si no vas a ir a parar al desguase.
Ponete vos en su lugar: llegas a tu casa, fusilada de trabajar como una esclava todo el santo día, con la imagen de jóvenes musculosos clavadas en tus pupilas, esos que circundan tu lugar de trabajo, y te encontras con tu bien amado: despatarrado al frente del tele, erutando cerveza y con la camiseta grisácea de mugre decorada con un lindo agujero en el prominente abdomen que ha cultivado gracias al asado y al vino que ingiere con la barra de lascivos, que él se empeña en llamar “los chicos”...No, no es tan sexy verdad? No ves la hora de acariciar los tríceps de los muchachotes que observas cuando vas a trabajar. Pero vos sos una mujer decente ¿? Y no le vas a ser infiel a tu hombre. Ahora... ¿Vos pensas que él es tan decente como vos? Fijate y después me contas...

miércoles, 3 de octubre de 2007

El heredero de Borges


Tengo la sospecha de que si hiciera un casting, seguro no encontraría tipos más complicados que los que se enredan sentimentalmente conmigo.
¡Qué suerte impía la mía!
Se que todo esto es un derroche de lugares comunes, pero les juro que me siento como si estuviera meada por una manada de 200 elefantes con cistitis y engualichados.
La cosa es más o menos así. Resulta ser que un día me canse de lidiar con hombres cómodos, de esos que se conforman con cobrar su magro sueldito a fin de mes, el cuál se despilfarran en cabarulos de mala muerte con rubias oxigenadas o morochas leoninas. Así que me propuse posar los ojos en algún muchacho que no solo sea trabajador, sino que además tuviera ganas de progresar, se proyectara en un futuro, organizara y gestionara sus planes, y todas esas cosas que buscamos las mujeres cuando queremos que un hombre nos de “Seguridad”…En fin, la muy ilusa de mi, quería un tipo que ni con una mamúa galopante se fijaría en una mina como yo. Porque vaya uno a saber porqué, pero a esta clase de tipos les gustan las histéricas y superficiales…
Y yo amigas, seré lo que seré, pero de histérica no tengo ni una uña.
Como aún no me había percatado de este detalle, tal vez porque jamás me crucé con alguien así que me llamara la atención, decidí que tenía que relajarme, seguro que alguien iba a aparecer tarde o temprano, pensé de manera acertada.
El asunto fue que después de varias semanas, ocurrió un suceso bastante extraño…No daré nombres, porque no voy a someter a semejante escarnio a nadie. Pero un joven con estas características se cruzó en mi vida. La verdad es que me sorprendí bastante, sobre todo porque ya lo conocía, y si había alguien que no me llamaba la atención, era él, aunque es necesario que les confiese que siempre lo admire muchísimo. Pero bue…el asunto es que entre charla y charla, terminamos en mi casa. No ahondaré en detalles, porque ninguna de ustedes es tan ingenua como para pensar que estuvimos horneando galletitas.
Bien dice un roquero melenudo y bastante buen mozo, que: “No hay besos campeones en el primer round”. Frase que me parece bastante pertinente para graficarles la noche de lujuria arrebatadora que pasamos. Pero sería injusta si desmerezco al hombre, así que reconoceré que su desempeño fue adecuado para la ocasión.
Dejamos todo bastante claro, esto quedaba ahí, teniendo en cuenta que íbamos a seguir en contacto pensé que, mientras tanto, podíamos conocernos más.
Me parece que ahí estuvo el error. Empezamos de atrás para adelante.
¡¿Decime, como es eso de conocer a alguien que ya viste en bolas?! Preguntó horrorizada mi amiga la rubia. Y si bien suena bastante lógico el planteo que hizo. Estaba absolutamente equivocada.
Efectivamente, empezamos a conocernos…
Creo que ahora comprendo porqué a esta clase de hombres le gustan las mujeres histéricas, ¡Porqué ellos son peores! Ósea, para que les quede claro, el tipo es un obsesivo del laburo, es perfeccionista, quisquilloso y susceptible.
¡Eso dejamelo a mí para cuando estoy indispuesta, caramba!
Imagínense las ganas de mandarlo a las entrañas de su bendita madre que me dan.
Mi amiga la petiza me dijo sabiamente: “Este debe tener algo… Por algo está solo…” A lo cuál objete indignada: “¡No seas tan prejuiciosa!” Demás está decirles que el comentario de mi amiga era acertado.
Qué cosa conmigo che…Salto de complicado en complicado, sin hacer escala ni pagar peaje. Como será que he llagado a sospechar que la del problema soy yo. Ya sé, seguramente estarán pensando: “A esta altura era hora que se avivara”, pero les juro que no se que tengo que los atraigo. ¿Tendré cara de contenedora y comprensiva?
Pues bien, es hora que se enteren: NO LO SOY! Soy más quisquillosa y susceptible que cualquiera de estos señores…
Necesito que me expliquen las cosas de manera tal que no las sienta como una agresión, pero sin caer en la subestimación. Ósea, soy una soberana hincha pelotas…
Saben que es lo peor de todo?! Que todo el tiempo estoy sintiendo que estorbo, presiono o lo que fuera que el joven intelectual sienta.
Como si el señorito fuera Borges…
Y me jode tanto que ya ni siquiera me dan ganas de mandarlo a freír buñuelos, me da bronca conmigo misma… Y ya que estamos en tren de confesiones, les abro mi corazón para contarles que el principal obstáculo que encuentro es que no se como tratarlo. Imagínense, acostumbrada a las discusiones con mi ex, él cual se enredaba a la quinta palabra difícil que le decía y terminaba dándome la razón, me vengo a fijar en uno que no solo domina bien el castellano, sino que el muy guanaco es bilingüe!
Acá me ven muchachas, convertida en una extraña mezcla de quinceañera con gruppie, sufriendo los avatares del amor platónico. Diría sabiamente mi abuela: “A la vejez, viruela”