Ir al contenido principal

Como chico con juguete nuevo


El otro día estaba en mi casa muy campante, mirando la tele. Antes de continuar es necesario aclarar que no tengo cable, así que estoy sujeta a la escasa programación de los canales de aire locales. Eran las 8 de la noche y una blonda señora, sesentona ella, estaba en un impoluto living blanco, con 3 “amigas” y una señorita que le enseñaba juguetes sexuales. Estaban maravilladas las chicas….
Todavía recuerdo la primera vez que fui a un sex shop como si fuera ayer.
Cuando algo me da vergüenza me pongo colorada al instante, y con la cara redonda que tengo, imagínense en el cachazo de tomate en el que se convierte mi rostro.
Mutada en un tomate inmenso con cara de circunstancia, haciéndome la superada, hice mi entrada triunfal al local. Como si el supremo me hiciera un guiño, no había nadie, solo el vendedor, un simpático señor cincuentón que me contaba que su hija acababa de recibirse de abogada, mientras me ponía en la mano un vibrador para que yo testeara la intensidad del mismo. Obviamente que hice uso del archiconocido argumento del regalo para una despedida de soltera. Calculo que el cincuentón no me creyó nada, pero tuvo el buen tino de seguirme la corriente. Es que el hombre, como todo comerciante, quería asegurarse la venta. Me mostró todos los modelos, las texturas, los sabores y olores de cada falo de plástico que adornaban las paredes del comercio. Al fin me decidí por uno, y partí a mi casa, feliz, con mi flamante consolador en la cartera. No se cuanto tiempo habré estado en el local, solo recuerdo que esa visita marcó el fin de una etapa y el comienzo de una nueva era que se abría ante mis ojos, como si la caja de Pandora se abriera, y el universo se pusiera patas para arriba, introduciéndome en un mágico mundo. Me sentía Alicia en el país de las maravillas.
Otra cosa que siempre me intereso es la literatura erótica. Mi ex tenía grandes cantidades de bibliografía al respecto. Luego del coito, él se dormía a mi lado, roncando cual búfalo y yo me dedicaba a instruirme sexualmente. Por ejemplo descubrí que era la bendita “lluvia dorada”, la cuál, para mi gusto, es demasiado escatológica para ser sensual. También me enteré de algunos métodos masoquistas bastante interesantes. Ya que estamos en tren de confesiones acepto que, siempre y cuando no esté en juego la perdida de alguna extremidad, órgano, hueso o músculo, no me desagrada para nada algunos juegos de esa práctica sexual.
Ya se sabe que los largos años de noviazgo requieren que la pareja se reinvente de manera constante para que la rutina no apague la pasión. Y yo estaba muy enamorada como para arriesgarme a que mi bien amado me cambié por un modelo más nuevo.
Nuestra vida sexual era bastante intensa. Al comienzo éramos tan fogosos y ardientes, que todos los días, estábamos déle que déle.
Después que llegamos a conocernos profundamente, logrando la tan ansiada coordinación del ritmo, intensidad y tiempo de duración del acto amatorio, se nos ocurrió probar con posiciones exóticas, aggiornando el kamasutra a nuestra destreza física. Más de una vez tuvimos que parar porque los calambres tiraban al tacho la lujuria.
Luego pasamos a probar en lugares extraños, llenos de gente por lo general. Se nos dio por el exhibicionismo. Llegó una época en el que no nos permitían la entrada en ningún pub de la ciudad y más de una vez, la luz de un patrullero nos cegó en varias plazas tranquilas de barrio. En esta etapa descubrí que es un mito eso que dicen por ahí del fiat 600, es un auto cómodo para practicar el arte del sexo, el secreto está en saber acomodar los asientos y encontrar la posición adecuada para evitar los calambres.
Superada esta época, probamos con los disfraces y la lencería erótica. Al comienzo el vestuario era casero, el guardapolvo de maestra jardinera de mi hermana, el delantal de cocina de mi abuela, la capa y el antifaz del disfraz de batman de su hermano, la pollera escocesa de mi viejo uniforme de la Escuela. Nos disfrazábamos con lo que teníamos a mano. Luego empezamos a comprar algunos accesorios, coronitas, alas de ángel, narices de payaso, varitas mágicas y bonetes. Al último ya invertíamos grandes dinerales en ropas que nos pondríamos a lo sumo 3 veces.
Cuando la imaginación empezó a escasear, se me ocurrió la feliz idea de comprar juguetes sexuales. Así fue que llegué hasta el edénico local. Descubrí accesorios maravillosos, que despertaron sensaciones interesantes e inquietantes. Y si bien esto avivó bastante la pasión, él comenzó a sentir que tenía competencia.
Mira si serán pelotudos los hombres, que llegan a sentir celos de un vibrador!.
Pero la pasión irremediablemente desapareció y entonces mi noviazgo se fue al diablo y entre llantos, gritos y promesas de homicidio, decidimos separarnos.
En un principio temí que ya no podría prescindir de mis juguetes, preocupada pensé: “No puedo pelar el consolador la primera vez que esté con alguien que recién me conoce. Se va a asustar”. Pero la divina providencia estuvo de mi parte y no necesite hacer uso de mis accesorios amatorios. Hasta ahora me han tocado muchachos bastante gauchitos, que se las rebuscan bastante bien sin necesidad de complementos.
Así que todavía descansa (bien a mano por las dudas) mi primer consolador, en el cajón de la ropa, perdido entre las medias y los corpiños. Uno nunca sabe cuando va a tener que echar mano a la autogestión…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Torta Borracha

INGREDIENTES: -          Vainillas 24 -          Crema 500 cc. -          Azúcar cantidad necesaria -          Chocolate cobertura 150 gs. -          Dulce de leche 1 cda. -          Manteca 25 gs. -          Moscato cantidad necesaria (se puede reemplazar por algún licor, ron, whisky, etc.)
PREPARACIÓN:
Para comenzar con la preparación de este postre es necesario sacarme la máscara de entrada y confesarles que no soy muy amiga de la cocina por eso las recetas que les traigo son muy simples.  Hechas las aclaraciones pertinentes del caso, cual Maru Botana y su prole numerosa cocinando en su casa del country, empezamos  con nuestra receta. Derretimos el chocolate cobertura a baño maría junto con la manteca y el dulce de leche. Mientras que por otro lado batimos la crema con el azúcar a punto chantilly. Luego mojamos las vainillas con el moscato y procedemos al armado.
¡Ojo! Que no se les vaya la mano con la cantidad de vino para mojar las vainillas. No vaya a ser que les pase lo que le ocurrió a m…

¿Qué tiene que ver el amor con el ojo del hacha?

Al que le gusta el durazno...

Mucho se ha escrito en esta página sobre el amor, y aunque si bien el tema que nos convoca poco tiene que ver con el amor, no hay forma de bancarse estas pequeñas delicias de la vida conyugal si no existe amor verdadero… Y aunque muchos digan que no hay nada mas pavo que un ser humano enamorado, discúlpenme que los contradiga, pero existe alguien aún peor: la que se cree que casándose la vida les va a mejorar sustancialmente. A ver chicas, entiendan de una vez por todas que un marido es alguien que:
-          -     Cree a pie juntillas que la cubetera de hielo se llena de agua, sola, en el freezer.
-No encuentra ninguna cosa (literalmente ninguna) en ningún armario, ni siquiera aunque se le caiga en la cara.
-Se niega rotundamente a subirse al auto cuando manejas vos, salvo que se haya alzado un pedo morboso en algún evento y tema que lo agarre un control de alcoholemia.
-No solo no pregunta donde estamos si está perdido, sino que ni siquiera le hace caso al GPS. Y si se llega a perder, …