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De los celos y otros demonios


Existen quienes dicen que los celos son el condimento fundamental del amor. Que si uno cela a su pareja es porque realmente la ama y teme perderla. Y puede ser que tengan razón...Siempre y cuando los celos sean medidos y no se vuelvan enfermizos, porque si no se convierten en un arma de doble filo, y no solo corremos el riesgo de perder a nuestra pareja, si no que pueden derivar en un serio trastorno psicológico.
Por mi parte me autodefino una persona carente de ese sentimiento y no porque sea una mujer segura de mi misma, sino porque desde que me inicie en los enredos amorosos he sido victima de ese moustro llamado infidelidad. No es algo de lo cual me enorgullezca y aún sigo en tratamiento para averiguar porque tropiezo siempre con la misma piedra, porque es de una brutal evidencia que elijo mal a mis parejas, pero eso lo dejamos para más adelante.
A partir del primer hombre de mi vida, todos, absolutamente todos, me han sido infieles. Entonces he naturalizado la situación y si debo serles sincera, no me parece lo más saludable, y aunque piensen que quiero disculparme, tengo que decirles que cuando alguien se acostumbra a una situación la vive como algo completamente natural. Es más, creo que no sabría para donde disparar si no me fueran infiel.
Se que hasta ahora da la impresión de que tengo el asunto totalmente superado, pero no les voy a mentir...Me revienta que me pongan los cuernos!!!. De todos modos es algo que yo no puedo evitar y como no pienso sicotizarme persiguiendo día tras día, sin parar, a mi bien amado, he diseñado un mecanismo de defensa que hasta ahora me ha dado buenos resultados: No me preocupo por lo que hace mi hombre con los demás, bueno, con las demás en este caso. Me preocupo por lo que él hace conmigo; porque si además de meterme las guampas no me atiende como corresponde, entonces no vale la pena perder tiempo, morirse de hambre y torturarse con la cera depilatoria, para que mi hombre todos los días eleve una plegaria al cielo en agradecimiento por haberme encontrado en su camino.
Les cuento que es una buena forma de no volverse loca, obviamente que esto va sumado al hecho de mi acostumbramiento al tema del gorreo. Así que, mujer, si no estas acostumbrada, si sos una de las pocas privilegiadas que vive en la dulce ignorancia, este consejo no es para vos, es solo para las que estamos unidas por la misma injusticia de la que hemos sido victimas (Y victimarias, porque no nos vengamos a hacer las mosquitas muertas, porque todas sabemos que esas son las peores).
Según mi humilde opinión, son muchas cosas las que entran en juego cuando hablamos de los celos: la seguridad y el respeto por una misma, la confianza, las infidelidades anteriores, la posesión. En fin varios demonios que rondan por nuestra cabecita de novia cada vez que nos enamoramos.
Para empezar es fundamental ser una persona segura de si misma, para no convertirse en una neurótica de los celos, si vas por la vida demostrando lo “buena, inteligente y linda” que sos, ¿Quién se atrevería, quien osaría serte infiel? Nadie, obvio...Segundo: si tu amado es una persona honesta y leal ¿Porque desconfiar de él si vuelve con el cuello de la camisa llena de lápiz labial, sin calzones y con la boleta de un telo en el bolsillo del pantalón sucio con champán? Siempre hay que preguntar antes de sacar conclusiones que pueden destruir nuestra pareja, quien sabe lo que le pudo pasar al pobre que llego un martes a las cinco de la mañana en semejante estado! Tercero: si nunca nadie te ha sido infiel (O si nunca te has enterado que viene siendo lo mismo y que es lo más seguro) ¿Por qué este hombre tiene que serte infiel? Si es un dulce: te regala flores, bombones, ositos sin ningún motivo, te llama cada dos horas para preguntarte a donde estas y si tenes pensado ir a verlo, si cada vez que llegas por sorpresa sale presuroso a recibirte y te lleva a tomar un helado sin siquiera dejarte entrar a la casa, y encima dejando la puerta sin llave...
Amiga estate atenta, si eso pasa seguro te mete las guampas.
Para terminar, hay que tener bien presente que nadie le pertenece a nadie, que nada te asegura que alguien te va a amar el resto de tus días. ¿O es que acaso pensas que porque alguien firmo una libretita con vos al frente de un empleado del Registro Civil, se vistió de esmoquin y gasto una cuantiosa suma de vil metal en una fiesta, esa persona dejo de carecer de todas las pulsiones humanas, que su libido solo se despierta cuando llega a casa y te ve con los ruleros puestos, los labios llenos de cera y con el más roñoso de los batones de tu mamá? Mmm amiga: tengo la obligación de decirte que a los hombres siempre les gustan los modelos nuevos, cromados, de un rodado menor, con airbag incluido, así que trata de hacerte un alineado y balanceado por lo menos una vez al año, porque si no vas a ir a parar al desguase.
Ponete vos en su lugar: llegas a tu casa, fusilada de trabajar como una esclava todo el santo día, con la imagen de jóvenes musculosos clavadas en tus pupilas, esos que circundan tu lugar de trabajo, y te encontras con tu bien amado: despatarrado al frente del tele, erutando cerveza y con la camiseta grisácea de mugre decorada con un lindo agujero en el prominente abdomen que ha cultivado gracias al asado y al vino que ingiere con la barra de lascivos, que él se empeña en llamar “los chicos”...No, no es tan sexy verdad? No ves la hora de acariciar los tríceps de los muchachotes que observas cuando vas a trabajar. Pero vos sos una mujer decente ¿? Y no le vas a ser infiel a tu hombre. Ahora... ¿Vos pensas que él es tan decente como vos? Fijate y después me contas...

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