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El heredero de Borges


Tengo la sospecha de que si hiciera un casting, seguro no encontraría tipos más complicados que los que se enredan sentimentalmente conmigo.
¡Qué suerte impía la mía!
Se que todo esto es un derroche de lugares comunes, pero les juro que me siento como si estuviera meada por una manada de 200 elefantes con cistitis y engualichados.
La cosa es más o menos así. Resulta ser que un día me canse de lidiar con hombres cómodos, de esos que se conforman con cobrar su magro sueldito a fin de mes, el cuál se despilfarran en cabarulos de mala muerte con rubias oxigenadas o morochas leoninas. Así que me propuse posar los ojos en algún muchacho que no solo sea trabajador, sino que además tuviera ganas de progresar, se proyectara en un futuro, organizara y gestionara sus planes, y todas esas cosas que buscamos las mujeres cuando queremos que un hombre nos de “Seguridad”…En fin, la muy ilusa de mi, quería un tipo que ni con una mamúa galopante se fijaría en una mina como yo. Porque vaya uno a saber porqué, pero a esta clase de tipos les gustan las histéricas y superficiales…
Y yo amigas, seré lo que seré, pero de histérica no tengo ni una uña.
Como aún no me había percatado de este detalle, tal vez porque jamás me crucé con alguien así que me llamara la atención, decidí que tenía que relajarme, seguro que alguien iba a aparecer tarde o temprano, pensé de manera acertada.
El asunto fue que después de varias semanas, ocurrió un suceso bastante extraño…No daré nombres, porque no voy a someter a semejante escarnio a nadie. Pero un joven con estas características se cruzó en mi vida. La verdad es que me sorprendí bastante, sobre todo porque ya lo conocía, y si había alguien que no me llamaba la atención, era él, aunque es necesario que les confiese que siempre lo admire muchísimo. Pero bue…el asunto es que entre charla y charla, terminamos en mi casa. No ahondaré en detalles, porque ninguna de ustedes es tan ingenua como para pensar que estuvimos horneando galletitas.
Bien dice un roquero melenudo y bastante buen mozo, que: “No hay besos campeones en el primer round”. Frase que me parece bastante pertinente para graficarles la noche de lujuria arrebatadora que pasamos. Pero sería injusta si desmerezco al hombre, así que reconoceré que su desempeño fue adecuado para la ocasión.
Dejamos todo bastante claro, esto quedaba ahí, teniendo en cuenta que íbamos a seguir en contacto pensé que, mientras tanto, podíamos conocernos más.
Me parece que ahí estuvo el error. Empezamos de atrás para adelante.
¡¿Decime, como es eso de conocer a alguien que ya viste en bolas?! Preguntó horrorizada mi amiga la rubia. Y si bien suena bastante lógico el planteo que hizo. Estaba absolutamente equivocada.
Efectivamente, empezamos a conocernos…
Creo que ahora comprendo porqué a esta clase de hombres le gustan las mujeres histéricas, ¡Porqué ellos son peores! Ósea, para que les quede claro, el tipo es un obsesivo del laburo, es perfeccionista, quisquilloso y susceptible.
¡Eso dejamelo a mí para cuando estoy indispuesta, caramba!
Imagínense las ganas de mandarlo a las entrañas de su bendita madre que me dan.
Mi amiga la petiza me dijo sabiamente: “Este debe tener algo… Por algo está solo…” A lo cuál objete indignada: “¡No seas tan prejuiciosa!” Demás está decirles que el comentario de mi amiga era acertado.
Qué cosa conmigo che…Salto de complicado en complicado, sin hacer escala ni pagar peaje. Como será que he llagado a sospechar que la del problema soy yo. Ya sé, seguramente estarán pensando: “A esta altura era hora que se avivara”, pero les juro que no se que tengo que los atraigo. ¿Tendré cara de contenedora y comprensiva?
Pues bien, es hora que se enteren: NO LO SOY! Soy más quisquillosa y susceptible que cualquiera de estos señores…
Necesito que me expliquen las cosas de manera tal que no las sienta como una agresión, pero sin caer en la subestimación. Ósea, soy una soberana hincha pelotas…
Saben que es lo peor de todo?! Que todo el tiempo estoy sintiendo que estorbo, presiono o lo que fuera que el joven intelectual sienta.
Como si el señorito fuera Borges…
Y me jode tanto que ya ni siquiera me dan ganas de mandarlo a freír buñuelos, me da bronca conmigo misma… Y ya que estamos en tren de confesiones, les abro mi corazón para contarles que el principal obstáculo que encuentro es que no se como tratarlo. Imagínense, acostumbrada a las discusiones con mi ex, él cual se enredaba a la quinta palabra difícil que le decía y terminaba dándome la razón, me vengo a fijar en uno que no solo domina bien el castellano, sino que el muy guanaco es bilingüe!
Acá me ven muchachas, convertida en una extraña mezcla de quinceañera con gruppie, sufriendo los avatares del amor platónico. Diría sabiamente mi abuela: “A la vejez, viruela”

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