Ir al contenido principal

La culpa es de mi mamá

Tienen razón los hombres cuando dicen que las mujeres somos unos bichos raros. Se quejan de que no nos entienden y buscan formulas mágicas que les permitan conocer la enredada psiquis femenina, pero saben a ciencia cierta que jamás podrán descubrir que bicho nos pica cuando decidimos amarlos, desamarlos, dejarlos y hasta adoptarlos.
Y es en este último punto en donde me quiero detener. Existen muchísimas mujeres que nos embarcamos en la loca empresa de ser la madre sustituta de nuestra pareja. Los lavamos, los planchamos, les hacemos los rulos y hasta nos enganchamos en sus rayes hipocondríacos, nos convertimos en su “mamá”. La que nunca tuvieron o la que extrañan tanto. Los creemos indefensos, y nos enamoramos de ese gigante desamparado, con más pelo en el pecho que en la cabeza.
Y de pronto nos encontramos a nosotras mismas, mujeres independientes, pendientes de si nuestro hombre no llegó tarde al trabajo, si tomó el remedio a las nueve o si tiene la camisa planchada para salir con sus amigotes a reventar la noche. Nos esmeramos en que se sienten comprendidos, acompañados, contenidos, y amados incondicionalmente. Y lo peor es que ellos sienten nuestro incondicional amor maternal, comienzan a salir a cualquier hora, no nos dicen a donde van, ni con quien y se ofenden si una pregunta a donde aposento su maravillosa estructura ósea y muscular toda la jornada. Se sienten perseguidos y asfixiados, nos llenan de reproches y hasta nos acusan de mentirosas, porque el que ama incondicionalmente lo hace sin importar las conveniencias ni los inconvenientes, sin preguntar porque, ni como, ni cuando, ni donde, y mucho menos… con quien!.
Y nosotras nos enredamos en la telaraña que tejimos para enganchar a nuestro amado desvalido, nosotras mismas nos metimos en este brete, y nos tenemos que comer los codos antes de comenzar el interrogatorio cuando llegan de trabajar a las cinco de la mañana borrachos. Y viste como es una, acumula y acumula hasta que no aguanta más y un buen día explota la tercera guerra mundial, y no aguantamos ni siquiera que pidan a los gritos el toallon desde el baño, o que se acuesten con los pies sucios en las sabanas que acabamos de cambiar, en fin ninguna de esas minucias que los hacían maravillosamente queribles. Por todo armamos una pelotera bárbara, hasta que un día, por unos calzoncillos sucios escondidos atrás del inodoro los echamos a la calle en una fría noche de lluvia. Y ahí nos convertimos en las brujas, y comienzan a surgir teorías en la barra de un tugurio lleno de hombres despechados sobre porque somos tan locas, nunca reflexionan sobre la posibilidad de que somos seres humanos con limites y dignidad, sino que nos tildan directamente de brujas.
Saben una cosa amigas mías, la culpa es nuestra. Cría cuervos y te sacaran los ojos.
Y para colmo, la que tiene esa alma maternal empedernida no cambia. Va por la vida adoptando hombres cual si fueran huérfanos de Somalia.
Según mi exigua experiencia personal, estos hombres no dejaron nunca de ser unos niños, no es que aún conservan su niño interior, sino que siguen siendo ese niño, y no es por nada, pero a veces los niños suelen ser muy crueles, te hacen un berrinche en el medio de la calle, hacen una travesura y lo niegan con su mejor cara de “yo no fui”, y te tienen tomado el tiempo.
Pero sigo insistiendo en que la culpa es nuestra, nos transformamos en Yocasta (por si no saben quién fue esta señora, les cuento que fue la mamá de Edipo), pero ninguna se percata que esa historia termina mal, que ella se inmola y él se autoflagela dejándose ciego, y cometemos el mismo error. Pero la vida real no es “tan” así, es peor: una termina deprimida con veinte kilos de más ganados a puro chocolate, preocupadas porque a él seguro lo enredo alguna víbora que le sacará las pocas monedas que conserva gracias a nuestra intervención. Sentimos culpa por nuestra condición de abandónicas. Pensamos que se va a morir de frío, de cólera, de hepatitis, de inanición o de cualquier virus que ande suelto. En fin, nuestro sufrimiento de madre nunca termina.
Es cierto que nadie nunca podrá entendernos, pero porque nosotras jamás nos entenderemos. Nos encontramos con este maravilloso ser e ingenuamente creemos que podremos “salvarlo” y cuando nos damos cuenta que más por casualidad que por capacidad, podemos con nosotras mismas, lo abandonamos a su suerte, lo echamos al mundo. Y seguramente, el muy desagradecido, cuando este con otra en el momento post-coito y cigarrillo mediante, nos endilgará sus traumas de complejo de Edipo mal resuelto, su miedo al compromiso, y su delirio persecutorio. Pero una no aprende más, y seguirá buscando incansablemente algún desvalido que necesite los cuidados de nuestra tierna almita maternal.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Torta Borracha

INGREDIENTES: -          Vainillas 24 -          Crema 500 cc. -          Azúcar cantidad necesaria -          Chocolate cobertura 150 gs. -          Dulce de leche 1 cda. -          Manteca 25 gs. -          Moscato cantidad necesaria (se puede reemplazar por algún licor, ron, whisky, etc.)
PREPARACIÓN:
Para comenzar con la preparación de este postre es necesario sacarme la máscara de entrada y confesarles que no soy muy amiga de la cocina por eso las recetas que les traigo son muy simples.  Hechas las aclaraciones pertinentes del caso, cual Maru Botana y su prole numerosa cocinando en su casa del country, empezamos  con nuestra receta. Derretimos el chocolate cobertura a baño maría junto con la manteca y el dulce de leche. Mientras que por otro lado batimos la crema con el azúcar a punto chantilly. Luego mojamos las vainillas con el moscato y procedemos al armado.
¡Ojo! Que no se les vaya la mano con la cantidad de vino para mojar las vainillas. No vaya a ser que les pase lo que le ocurrió a m…

¿Qué tiene que ver el amor con el ojo del hacha?

Al que le gusta el durazno...

Mucho se ha escrito en esta página sobre el amor, y aunque si bien el tema que nos convoca poco tiene que ver con el amor, no hay forma de bancarse estas pequeñas delicias de la vida conyugal si no existe amor verdadero… Y aunque muchos digan que no hay nada mas pavo que un ser humano enamorado, discúlpenme que los contradiga, pero existe alguien aún peor: la que se cree que casándose la vida les va a mejorar sustancialmente. A ver chicas, entiendan de una vez por todas que un marido es alguien que:
-          -     Cree a pie juntillas que la cubetera de hielo se llena de agua, sola, en el freezer.
-No encuentra ninguna cosa (literalmente ninguna) en ningún armario, ni siquiera aunque se le caiga en la cara.
-Se niega rotundamente a subirse al auto cuando manejas vos, salvo que se haya alzado un pedo morboso en algún evento y tema que lo agarre un control de alcoholemia.
-No solo no pregunta donde estamos si está perdido, sino que ni siquiera le hace caso al GPS. Y si se llega a perder, …