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¿Con qué vara se mide la belleza?


Todos los domingos voy a la casa de mi vieja a “tomar la teta”. El último domingo que estuve por allí, me dedique a leer una revista del corazón de la monarquía europea y las estrellas de Hollywood, que mi madre celosamente atesora. Porque aunque mi vieja se haga la culta, y no se dedique a chusmear la vida de Wanda Nara, Cinthia Fernández o Mariana de Mello, se dedica a inmiscuirse en los sinsabores sentimentales de la gente con glamour, todo esto porque ella sostiene que la cigüeña se equivocó y la tendría que haber dejado en Buckingham y no en Villa Ascazubi.
El asunto es que la revista contaba que la Jolie y Brad Pitt estaban atravesando una crisis porque ella no se quería casar con él. Esta tragedia, más que hacerme reflexionar sobre la crisis que están atravesando los fundamentos de la institución matrimonial, derivó en una serie de reflexiones mucho más banales.
Primero: ¿Por qué las minas no se quieren comprometer con Brad? La Paltrow le colgó la galleta, la Aniston se casó con él pero no quiso darle descendencia y ahora la Jolie le dio hijos pero no se quiere casar.
Yo le firmaría cualquier cosa a este señor.
Segundo: ¿Tendrá algo que ver lo lindo qué es? Porque si lo miramos desde ese punto, quizás pueda comprender a esas damas.
Digo, a mí me daría pánico tener un marido así de lindo, primero porque los celos me volverían loca, lo tendría atado a la pata de la cama para que no asome la nariz a la calle, o me dedicaría a perseguirlo día y noche, perdiendo la dignidad, el trabajo y mis amistades. Y segundo porque no me bancaría que dedique más tiempo que yo a arreglarse. Más porque le doy poca bola al arreglo que por otra cosa. De pedo que, además de bañarme y depilarme, me peino, porque tengo una tremenda melena rizada, y me da pudor andar por la vida mutada en Leono de los Thondercats (no se hagan las jóvenes, que bien que lo conocen).
La Vale, que destila glamour, se dedica largas horas a convencerme sobre la importancia del cuidado de mi belleza personal. El argumento más sólido que esgrime es que si una sale hecha una bruja a la calle, nos podemos cruzar a la vuelta de la esquina con el amor de nuestras vidas y lo perderemos sino estamos adecuadamente vestidas. Yo me defiendo diciéndole que si es el amor de mi vida, me va a querer aunque los colores de mis ropas no estén en composé, porque aunque a veces mi vestimenta no combine, siempre está limpita y sana. Pero ella argumenta que el señor puede ser el amor de mi vida, pero yo no ser el suyo, entonces es necesario conquistarlo y con esa traza lo más seguro es que el tipo se cruce la calle al verme. Y ahí la discusión da un giro interesante, le digo que yo ya he sufrido bastante como para ponerme a conquistar a un tipo que no me va a querer nunca, que para eso me dedico a otra cosa, que ya estoy mayorcita para perder el tiempo, entonces ella comienza con toda su filosofía sobre la importancia del amor, las ilusiones y la mar en coche. En fin, es una discusión de nunca acabar, que empieza con el asunto de que tengo que andar hecha una gatúbela las 24 horas del día y termina en que soy una desalmada que no cree en el amor.
La Noe, en cambio, que también es muy “top” a la hora de vestirse, es mucho más sutil. Se dedica a refregarme en la cara, lo arregladas que estaban las minas que me chorearon a mis novios, aunque yo era mucho más linda, más buena, más alegre y más inteligente que ellas. La muy turra me hace la psicológica. Termino absolutamente convencida que con un poquito de rimmel hubiera salvado mi noviazgo. Aunque nunca se lo reconozco, es la única estrategia válida para que me preocupe por mi traza. Y por un tiempo le doy bola al arreglo personal. Durante esta etapa (que no es muy larga porque me canso rápido de todo) me corto o me tiño el pelo, me compro ropa nueva, me pinto las uñas y adquiero zapatos muy incómodos pero con mucho estilo. Artículos que después me quedan y que inevitablemente termino vistiendo, porque es lo único que tengo para ponerme, pero ya no los luzco con la misma elegancia que cuando los compré.
Con toda esta perorata intenté explicarles porque no podría soportar a un metro sexual a mi lado. De pedo que me pongo crema en las piernas después de pasarme la depiladora, y me aliso el flequillo porque el rulo tupido en la frente me queda como el culo (también a mi sola se me ocurre cortarme flequillo con estos rulos, no se imaginan lo que parezco cuando hay humedad, no hay invisible que alcance).
Yo jamás podría asesorarlos en que es lo más conveniente que deben vestir para determinada ocasión (por ejemplo: no tengo idea que significa “elegante sport” ¿?), no me aguantaría que estén 3 horas en el baño parándose el jopo, que se acuesten a dormir con una mascarilla de baba de caracol (¡qué asco! Jamás me pondría en la cara ninguna secreción de ese bicho, ni de otro), que se decoloren los pelos y que se ocupen ¾ del placard con sus trajes, ordenados por color, textura y estación.
A mi me gusta el hombre natural, peludo, áspero. Me gustan más los tipos que se dedican a cultivar su intelecto, que a embellecer su exterior. Prefiero un señor con el que pueda charlar de algo interesante, a que tenga las manos suavecitas y las cejas depiladas.
Está bien, reconozco que tampoco me gusta el mugriento. Mi abuela sabiamente decía que la pobreza es de Dios, pero la mugre no.
Así que lo único que quiero es un muchacho limpito e interesante, nada más, no quiero lujos ni belleza. ¿Es mucho pedir? Yo creo no y que a medida que pasan los años más que conformarme con poco (como me dicen las malvadas de mis amigas), sé exactamente lo que quiero.

Comentarios

  1. Ayer hablaba con una amiga y me decia al relacionado a la belleza, le conte que me gustaba un muchacho y le dije en comentario personal que creia que el muchacho no me iba a dar bola. Y ella me dijo "que se cree, brad pitt", y yo le dije: "no me importa si es brad pitt o el de la esquina , quiero que me deslumbre que me ilumine la vida y los sueño".
    Y pienso tiene que ser lindo con Brad pitt para ignorarme, no!, puede ser feisimo y asi mismo no saber ver esta escultura perfectamente diseñada por nuestro señor. Pero tampoco podria estar con Brad Pitt, no es mi tipo, prefriero uno bien pachamama. Un beso Gaby.

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  2. Sigo insistiendo, a Bradd Pitt le firmo cualquier cosa....

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