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Dime con quién andas y te diré cuán guacha eres


Qué ejemplar raro que somos las mujeres…Esto que digo no es nada nuevo. Nadie ignora que somos unas insatisfechas, ciclotímicas y demás adjetivos calificativos que denotan que una es como la “gata flora”.
Yo me reconozco como una jodida con todas las letras. Tengo la capacidad de sacar a cualquiera (sobretodo a mis parejas) de sus cabales.
Pero mis amigas tampoco se salvan.
Entre uno de mis tantos pruritos, todas conocen a la perfección que perderán mi amistad si las llegó a enganchar con alguno de mis ex, ni hablar si las cazo con el novio de turno.
Otelo un poroto al lado mío…
Bajo amenaza de muerte están mis amigas.
Con mis ex no puedo usar esta técnica, porque no hemos terminado con una sana relación, por decirlo de alguna manera, para no ahondar en detalles escabrosos y bochornosos que no vienen al caso y que por decoro no mencionaré.
Sin embargo, es necesario recordarles que no soy celosa, sino más bien egoísta. Hay ciertas cosas que no me gusta compartir. Hay algunos secretillos que prefiero guardar. Además ¿Con quién voy a reírme de los defectos de mis antiguos amores, si mis amigas se los agencian? Una necesita cuerearlos y echarles la culpa de lo que pasó, dejó de pasar o nunca pasó, y quién mejor que las compinches para prestar la oreja y afilar la lengua en estas ocasiones.
Así que no acepto, de ninguna manera y bajo ningún concepto, que una amiga mía se enganche con uno de mis ex.
Pero como ya les confesé que soy bastante jodida, debo admitir que yo he perpetrado este delito que no perdonaré jamás.
Mi primer novio se lo birlé a mi mejor amiga.
Se que no hay justificativo para semejante atrocidad, pero juro ante la Biblia, el Corán, la Torá, y todas las sagradas escrituras que existan, que no fue a propósito.
El asunto fue, más o menos, así. Resulta que mi amiga conoció al muchacho en cuestión en una fiesta, bailaron toda la noche y hasta se besaron. En esa época, hace 15 años, no existían los celulares y como no todos tenían teléfono fijo, el susodicho le dio su número, a lo que ella prometió llamarlo al día siguiente.
Éramos unas nenas, y ella se moría de vergüenza y como yo siempre fui muy cara dura y solidaria, me ofrecí a llamarlo en su nombre.
Al comienzo, le pasaba sus mensajes, le hablaba de lo maravillosa que era mi amiga y él me insistía que quería volver a verla o aunque sea, escuchar su voz. A lo cuál la tonta se negaba, por pura vanidad y no ya por vergüenza.
Los primeros 2 meses transcurrieron así, pero luego el niño empezó a llamarme cuando ella no estaba, acción que yo imitaba. Se que no tengo justificación, porque debí haberlo frenado. Pero en esa época era casi tan ingenua como ahora, y creí que estaba naciendo una tierna amistad.
Hasta que comenzó a llamarme 2 veces al día y solo hablábamos de las ganas que tenía de conocerme. Y ahí me avivé, pero ya me había enganchado en el jueguito. Siempre me costó salir airosa de situaciones semejantes.
Por esos años, mi madre me compraba toneladas de libritos de Corín Tellado, los cuáles me devoraba y ante esta situación, me sentía como la heroína de una de esas patéticas e inverosímiles “novelitas”, así que esta clandestina historia de amor platónico me hacía vibrar más que Andrea Del Boca y Grecia Colmenares. No podía decirle que no me llame más, ni mucho menos confesarle la traición a mi amiga.
Y como tanto va el cántaro a la fuente que se termina por romper, la muchachita que suscribe, se decidió a concretar este “amor”.
Siempre fui muy concreta y práctica, que tanto “gre gre” para decir Gregorio!. Accedí a juntarme con él un viernes a las 5 de la tarde en la Plaza más cercana a mi hogar materno. No ahondaré en detalles, porque ya saben como termina la historia…
En mi defensa solo aduciré que en esos años no sabía exactamente el significado de la amistad, leía muchos Corín Tellado y mi amiga se hacía rogar mucho.
Obviamente que luego de 3 meses de noviazgo clandestino, nuestro “amor” fue descubierto, y estalló una guerra civil entre el grupo de amigos.
Yo alegué que estaba enamorada y que no quería lastimarla.
La barra de amigos se dividió entre los soñadores que creían en el amor y entre los leales que apostaban a la amistad. Los primeros se pusieron de mi lado. Los segundos se fueron al bando contrario. Embanderada bajo el lema del amor que profetizaban Andrea y Grecia, me defendí con uñas y dientes, juré y perjuré que era el amor de mi vida y pedí clemencia.
No me dieron bola. Mi mejor amiga me propinó insultos intraducibles y me retiró el saludo hasta el día de la fecha.
Imagínense que con este panorama, no podía confesar que cuando cumplimos 6 meses de noviazgo, me había dado cuenta que lo único que sentía por mi primer amor, era solo la tierna amistad del comienzo. Y él se sentía tan culpable que, aunque sintiera lo mismo que yo, no podía dejarme. Me había peleado con la mitad de mis amigos por el y en una ocasión hasta tuvo que intervenir la policía y el juzgado de menores, por daños perpetrados contra la propiedad. Así que seguimos 2 meses más. Hasta que un día lo planté en la plaza y cuando él me llamó para saber que me había pasado me hice negar, a lo que mi primer amor, no volvió a llamarme nunca más.
Y así, sin más para contar, sufrí mi primer desengaño amoroso.
Supongo que será por esto que jamás perdonaré a mis amigas que se entonguen con mis ex, porque nunca me lo pude perdonar.
¡Qué complicada que es la mente femenina! Sabemos que las amigas son las únicas que pueden consolarnos y contenernos cuando un amor se acaba, pero si nos encontramos ante una situación similar a esta, no perdonamos la traición y la debilidad y somos capaces de hacer correr sangre para limpiar nuestro honor.
Que honor ni la mar en coche, mera vanidad y competencia amigas mías, solo eso.

Comentarios

  1. yo casi mato una una vez pero esta se lo chapo en mi cara y era todo mia todavia..teiamos 15 años, que buena edad para la traicion veo.. per ya fue, ahora si me lo cruzo me dan gans de llorar porq ue no lo deje irse con ella y me cago la vida a mi por 6 años... Gracias flaco!!! gaby.

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  2. Jajaja! Suele pasar. Por suerte yo huí a tiempo. Más tarde hablamos.
    Te quiero.....

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  3. No pude haber encontrado frase más adecuada en éstos momentos que la que orgullosa me recibió en tu blog...

    Sabes?, no entiendo a las mujeres... pero qué diablos.. si tampoco me entiendo a mí mismo, sin embrgo, trato de amalgamar la mayor cantidad de argumentos que me permitan huir de manera decorosa y evitar aún mas daño en mi persona...

    La lucidéz llega por momentos, pero son fugaces y esporádicos, siempre terminados, siempre aplastados por parvadas de lepidòpteras que revolotean en mi estómago...

    Estoy harto... cerraré ésta ventana y subiré al top de ésta página... dejaré que Napoleón me insulfe valor...

    Mu padre tu blog...

    ResponderEliminar

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