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La culpa la tienen los padres (en este caso, sobre todo, mi madre)

Se dirimen muchas teorías en mi círculo íntimo acerca del desencadenante de mi desequilibrada personalidad.
Son teorías bastantes disparatadas, pero sin ninguna duda, las de mi vieja son las que se llevan el premio mayor.
Primero que nada quiero aclarar que mi señora madre es psicóloga, lo cuál agrava sobre manera las teorías que ha desarrollado para explicar que no es la crianza que ella y mi padre me han dado, lo que ha desencadeno que me convierta en este extraño moustrito que soy. Según ella, todas las peleas que se han desatado en mi “hogar dulce hogar” (las cuales no se han privado de ataques de nervios, tirada de la valija de mi viejo por la ventana de la pieza a la calle, hasta amenazas de homicidio agravado por el vínculo) no han sido lo suficientemente traumáticas como para dejar secuelas en mi psiquis.
Si no que es algo mucho más sobrenatural y metafísico, y que por supuesto, no es culpa de ella. Igual a mi me importa un carajo todas las horas que invierte en el desarrollo de sus teorías y los fundamentos que las sostienen y cuando se desata la “tole tole” le digo a los gritos que “¡Toda la culpa es de los padres, así que asumí tu responsabilidad en todo esto y no te quejes!”
La primera de sus teorías, y la que solo ha generado nada más que risas (Aunque juro que ella no lo dice en broma) es que el astigmatismo me está dejando ciega de un ojo porque hay algo que no quiero ver. Entonces, inevitablemente soy una ciega negadora, tesis que explica muchos de mis comportamientos obstinados y obsesivos. Como no poder dormirme sin fumarme un pucho, sostener noviazgos inconvenientes, etc, etc.
La otra es que si mi señor padre le hubiera hecho caso cuando lo mandó a anotarme al Registro Civil bajo el nombre de Matilde, mi vida sería distinta (Por suerte mi viejo cuando levanta el culo del frente de la caja boba y delega el manejo del control remoto, se ilumina y no comete los disparates que le manda a hacer mi señora madre). Ella sostiene que todas las Lauras que conoce son bastante inestables, ciclotímicas e indecisas. Es como una especie de karma que sufren todas las mujeres bautizadas bajo este nombre. Las que tienen la suerte de llamarse Matilde tienen una templanza que las caracteriza sobre manera y que las envuelve en un halo de coherencia y certeza. Ósea si yo me llamara Matilde seguro que no abandonaría a la mitad las cosas que comienzo, habría terminado la bendita tesis de Comunicación, no me darían ganas de ir al baño cuando estoy secando los platos, etc, etc.
La tercera es que soy la hija del medio, malcriada por mi abuela, lo cual hace que llame constantemente la atención de todos los que me rodean. Esta teoría sirve para explicar el porqué de mis caprichos o mi extremo egocentrismo. Me parece que es la que más fundamento psicológico tiene.
Después viene una seguidilla de cosas más disparatadas aún, que me grita en la cara cada vez que nos peleamos.
Dice que de tanto plancharme el pelo se me han ido achicharrando las ideas. O que soy inmadura porque me pase la mitad de mi vida durmiendo (soy de buen dormir, mínimo 8 horas para estar decentemente despierta) o que perdí los mejores años de mi vida adorando el equipo de música.
La verdad es que a mí me dan mucha gracia y más de una vez me hago la exótica a propósito, para seguir fomentando las fantasías que mi vieja se hace conmigo, es que es muy gracioso verla refunfuñar intentado encontrar una explicación coherente y convincente para mis acciones.
Eso sí, siempre se le llenan los ojos de juguetitos cuando dice orgullosa: “La Laura es la más parecida a mí”. Yo no se, entonces, porque me hace renegar tanto con eso de que en vez de ir al oculista, tengo que ir a un psicólogo urgente para que me trate del astigmatismo o de que me tendría que haber llamado Matilde para ser una chica perseverante y centrada, y con el título de Licenciada en Comunicación colgado en la pared del living.
Y, como me gustan mucho los dichos populares, pienso cerrar este relato con una solo frase: “Lo que se hereda, no se hurta”

Comentarios

  1. mi madre no tenia tantas teoria, directamente te surtia una cachetada constructiva y santo remedio... no se que es mas terapeutico, me hubiese gustado mas algun dicho...
    fabuloso amiga... gaby

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  2. Ojo, porque a mi vieja le gustaban las terapias alternativas, así que, de vez en cuando, usaba la misma que tu vieja, el cachetazo constructivo.
    Y mirá...No hubo remedio...

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  3. miren las dos, hoy son tan parecidas que da miedo, parecen mellizas criadas por años en el mismo cuarto con el mismo alimento y con el mismo nombre¡¡
    como madre pero mas como persona(humana casi)a esta altura de mi vida creo q nos debemos aceptar como somos, es la unica forma de querenos con el corazon, cada uno de nosotros es lo es, no lo que quieren los otros, ambas sean autenticas como lo son q eso las conducidara a la felicidad¡¡

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  4. Mami: Gracias, la verdad es que yo estoy segura que mi mami me acepta tal cual soy, pero me hincha lo mismo. Así son las mamas cuando quieren lo mejor para los hijos...

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  5. Leí esto recién ahora, cuando me choqué con este blog por los caminos misteriosos de la interné, y quedé asombrada sobremanera.

    Las similitudes son inquietantes, y si yo me dejara, sería tan supersticiosa que me asusto.
    He aquí otra Laura con todos esos rayes y una madre (sin título, pero bastante psicóloca también) que elabora teorías disparatadas y no tanto para explicar mi conducta y personalidad...

    ¿Viste la película Silvia Prietto?
    Quizás debieramos hacer un grupo de terapias para Lauras ciclotímicas, indecisas y con obsesivas conductas autodestructivas...

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