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Sana competencia


Como muchos de ustedes ya saben, trabajo como editora de una revista, entre mis tareas está producir las notas que se publicarán, por lo tanto mi trabajo, principalmente, consiste en conseguir y mantener contactos. Hace unos días estaba revisando una vieja agenda, buscando el número de una compañera de la facultad, que trabaja para un personaje que queríamos entrevistar. Revolviendo la agenda encontré varias anotaciones de fechas claves sobre momentos sublimes vividos con un novio que tenía hace más de 7 años. Lo primero que pensé es: “¡La mierda, que vieja que estoy!” Y continué con un pensamiento mucho más profundo y sentido aún: “¡Qué pelotuda!”
El asunto es que esas anotaciones me remontaron a esa ingrata y psicópata época de mi vida.
Hoy que han pasado varios años, coincido con aquellos que piensan que el mejor amor es el no correspondido. Porque nos deja un recuerdo más intenso sobre nuestros sentimientos. Ese que provoca tanta desolación y desengaño que hace que salgamos fortalecidos, porque solo cuando uno toca fondo puede recién tomar impulso para salir a la superficie.
Pero aunque fue una de las peores etapas de mi vida, no recuerdo una depresión más divertida y disparatada que la que viví en esos años.
Estaba mal, muy mal. Absolutamente desequilibrada...
Él era menor que yo, nos pusimos de novios porque él sentía una rara admiración hacía mi. Él (equivocadamente) me imaginaba madura y experimentada, y sentía un gran orgullo cuando nos paseábamos de la mano por la vida, cual los amantes de Verona. Yo siempre fui cabeza dura, pero jamás una negadora. Así que era conciente que lo que él sentía por mí, no era amor, y que cuando empezará a conocerme iba a comenzar a desilusionarse. Entonces me encapriché con que tenía que aprovechar los primeros momentos de romance, para lograr que se enamorara de mí. Como ya se habrán dado cuenta, yo estaba hasta las tuercas y deliraba con eso de que el amor llegaría con el tiempo. El asunto es que jamás paso o mejor dicho, jamás vino.
Como último recurso pensé que tenía que hacerlo sentir inferior a mi, para conservar la admiración y para que sintiera que nunca iba a tener una novia mejor que yo.
Pero no conseguí el efecto deseado, sino que él comenzó a tenerme miedo.
Como será que estaba de loca, que no tengo un recuerdo claro de lo desmanes que cometía en esa época.
Recuerdo los escándalos que le armaba en cualquier lado, los 35 llamados diarios para que me diera parte de lo que estaba haciendo cuando no estaba conmigo, el permiso vedado para que se juntara con sus amigos y las investigaciones que realizaba para descubrir si me engañaba.
Lo psicopatié tanto que terminó compartiendo “nuestro amor” con otra señorita. O sea, la pareja era de 3.
Como en esos años me había convertido en discípula del investigador Gagget, terminé descubriendo el triangulo amoroso.
Ni se imaginan la pelotera que se armó. Cuando él se entero que yo había descubierto su treta, se andaba escondiendo en los pisos de los vehículos de sus amigos, por miedo a que le pegué.
Fue un papelón el fin de ese noviazgo.
Pero lo peor estaba por venir…
Nunca fui muy tajante en mis decisiones, y luego de unos meses de llorar día y noche, decidí que tenía que reconquistarlo. Así que me convertí en el ser más cándido y comprensivo que podría habitar la faz de la tierra. Les digo que me dio resultado, pero como el cambio no era genuino, me duro un par de semanas, la exótica sicopatología que sufría empezó a aflorar por los poros de mi piel. Lo que más me desequilibraba era que él seguía con las dos, con una impunidad desvergonzada que me ponía los pelos de punta.
Pero como yo experimentaba ese amor empecinado, no lo iba a largar.
Sin embargo mi objetivo había cambiado. Ya no esperaba que él se enamore de mí, sino que lo único que deseaba era arrebatárselo a la ordinaria socia que tenía en esta empresa, que era pendeja pero no boluda. Además era una contrincante con agallas y me daba batalla la muy turra.
Hoy que lo pienso a la distancia, reconozco que el verdadero traidor era él. La señorita no me debía fidelidad ni me había dado su palabra jurándome respeto. Era él el que me estaba cagando. ¿Porque será que todos los seres humanos nos la agarramos con el “otro” y no con quién realmente nos está engañando?
La batalla fue durísima, nos provocábamos todo el tiempo. Había insultos desagradables, gestos grotescos, risas irónicas, amenazas en el baño de la casa de una amiga mía. Cada una tenía su barra brava, integrada por las amistades propias y los secuaces de “nuestro novio”, que tomaban partido de una manera más que escandalosa, y aprovechándose de la situación se ofrecían “gentilmente” para hacernos el favor de oficiar de amantes para darle celos a él y que se decidiera por alguna de las dos…Ambas utilizamos esta estrategia sin ninguna suerte.
El novio de América había pasado a un segundo plano y lo único que nos importaba era ver cuál de nosotras se quedaba con el trofeo, que en este caso era un lindo muchachito con blondos rizos, piel dorada y sonrisa ingenua (Era lindo el guacho!).
Estoy segura que él disfrutaba con la situación, y de paso cañazo…¡Nos engañaba con otras!…
Pero así y todo, era divertido. Me pasé dos años larguisímos entre risas y llantos diseñando tácticas de guerra. Era casi tan buen estratega como Napoleón o por lo menos eso creía yo.
No obstante, nada es para siempre, y mi divertida depresión fue mutando hacía un aburrimiento atroz. Él no se decidía y se me habían agotado las ideas. Ya no sentía la adrenalina del peligro latente y la “sana competencia” que existía con mi socia. Y como soldado que huye, sirve para otra batalla, me declaré desertora y le espeté en la cara: “Me harté, te lo regalo con moño y todo. ¡Yo no lo quiero más!” A lo cual mi enemiga, muy suelta de cuerpo respondió: “¡Yo tampoco sabes!”.
Así que el rubio quedó, lisa y llanamente, de la noche a la mañana, abandonado a su suerte y buscando nuevas socias para su empresa.
A ella no la vi nunca más.
A él con el correr de los años me lo crucé una noche en un bolichongo de mala muerte, donde lo primero que me dijo fue: “¡Qué loca que estabas!” Ante lo cual lo único que pude hacer fue asentir con la cabeza, reír a carcajadas y pedir perdón. No di explicaciones porque ya me había olvidado del asunto y no sabía que decir. Nos pusimos al tanto del giro que habían dado nuestras vidas y nos despedimos para siempre. Hoy vive en el sur y esta casado. Y yo…soy editora de una revista y tengo un blog donde escribo huevadas…
¿Qué habrá sido de la vida de la Dana? Les confieso que a ella la recuerdo con más nostalgia que a él.

Comentarios

  1. mira laurita, parte de la vida es asi, nosotros buscando donde no hay nada y otros tratando de encontrar donde ya todo se ha ido, caso contrario la vida seria un aburrido discurrir por este mundo que nos conduce a todos al mismo sitio¡muy buena la descripción.bs. la mami de tu amiga

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  2. no es bueno q debas aprobar todos los comentarios, sino todos creeriamos q somos bellos, flacos y altos(parece q ese es el ideal????)

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  3. Yo tuve un socia, ella creo que lo sabia, eramos chicos, teniamos 15 años él tenia 17 años, yo estaba tan enamorada que no me daba cuenta de las tonteras que hacia, pero confieso que yo odiaba a la Pato, no por ella, si no por que lo compratia a él. Y él feliz, obvio, sobrevaloramos su imagen por años, cone se enamoramiento estupido que le teniamos la s dos, ahora se que le hicimos prensa de super macho al pedo. Peru bue... un beso amigo. te quiero.

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  4. Mami hola! Un placer tenerla por acá... Espero que pase seguido.
    Muchas gracias por los comentarios. Coincido totalmente...
    Y lo de la aprobación son locuras, nada personal...
    Un beso grande y nuevamente, BIENVENIDA

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  5. mi madre por aqui.. viste que ella es fiel seguidora tuya tambien.. si yo no mienot,. el I ching ya esta listo. Besos Gaby

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  6. Yo estoi viviendo un triangulo, la verdad qe no se como puedo aguantar estra asi, esqe me siento tan bien cn el qe no lo qiero soltar, yo se qe el esta cn alguien xqe soi yo la sengunda en su vida, el habia terminado cn la qe x desgracia ahora es su novia de nuevo y en ese tiempo qe el se dejo se puso denovio conmigo, pero ahora volvio con ella, el no m qiere dejar xqe no m qiere lastimar, y esta enamorado de mi, pero tmb de la otra cn la qe tiene una relacion de mas de 5 años y conmigo va recien 2 meses y ya se enamoro, se siente mejor qe con nadie se sintio en su voda, qe le gusta como soi, mi madurez, en fin no se qe mieeerrr... hacer con este triangulo si dejarlo o seguir pero yo lo qiero me gusta estra cn el nos llevamso de lo mejor ya vivimos muchisimas cosas juntos como si fueramos novio x asi decirlo desdee hace muchisimos años..,... la verdad necesito una opinion a cerca de qe debo hacer si dejarlo oooh seguir con esta relacion......

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