lunes, 31 de diciembre de 2007

Una Coca bien gauchita


Si no fuera porque esta señora aún sigue viva (O no? Capaz que feneció y no me enteré, avisen, así le organizo un tributo), pensaría que en mi vida pasada yo he sido la “Coca” Sarli.
Es una maestra esa señora, una gauchita con todas las letras.
Esa imagen de ella agarrándose esas colosales tetas, diciendo con cara de gata en celo: ¿¡Qué pretende usted de mi?! Es genial. No me digan que no. Y lo mejor de todo es que esas tetas no eran de siliconas, hoy que pulula tanto plástico en la tele argentina…
Yo tendría que haber sido la Coca Sarli.
Pero no tengo el carisma de ella. Y mirá que yo una vez rodé por la arena en bolas, cuál alfajor de maizena pasando por el coco rayado, pero no hubo caso, no apareció ningún muchacho formido dispuesto a amarme.
Solo un perro que empezó a olfatearme y a ladrar como si hubiera visto a una ballena encallada en la costa. Para colmo, se me llenó el traste y la espalda de aguas vivas, y estuve varios días con unas ronchas poco “glamorosas”.
Esto a la Coca no le pasaba. Siempre aparecía Bó, detrás de un árbol, montando un tiburón, o bajando de un helicóptero y la hacía suya inmediatamente entre los yuyos, en una choza de junco o sobre la arena.
Ahora, ¡Qué “open mind” el marido de esta señora! Mis novios jamás se hubieran predispuesto a facilitarme a algún familiar para que cumpla con los requerimientos de los que ellos no se querían hacer cargo.
Con razón esta mujer era una maestra, con un marido así quién no se agarra las tetas y anda provocando por ahí a ver si te sale un tipo debajo de una piedra y te hace bramar de placer en el yuyal más próximo.
Una vez, un ex compañero de trabajo me dijo: “¡Vos sos la Coca Sarli de acá!” No se si me lo decía por las tetas, (porque yo también soy pechugona) o por que me consideraba un icono sexual. Pero considerando el rumbo que tomaron las cosas, supongo que por las tetas. Se imaginan que con semejante piropo, el tipo lo que quería era bajarme la caña, cosa que le permití porque no me pude resistir a su halago… Siempre fui tan accesible…además de gauchita.
Bueno, pero ya me fui por las ramas, porque ese no era el punto.
El punto es que la Coca Sarli fue mi mentora en el arte de la provocación, esa que se ejerce con cara de boluda, como esquivando al bulto, pero bien predispuesta a lo que el señor provocado quiera hacerle a una, que no se tira encima del tipo porque todavía le queda un poco de decoro.
Así que les propongo a mis amigos-lectores, a aquellos que sean fanas de la Coca, que nos organicemos y le armemos un homenaje, porque fue una gran ratoneadora, porque esas tetas no son de silicona, y porque era la más gauchita de todas…

jueves, 27 de diciembre de 2007

Abstinencia


Nunca pensé que llegaría hasta estas circunstancias, pero estoy tocando fondo.
Cual drogadicto en proceso de recuperación, estoy con un claro ataque de abstinencia.
Cada ser masculino que se cruza en mi camino me resulta inquietantemente sexi. Y eso que yo nunca fui exquisita para los hombres, es más ni siquiera tengo un claro patrón de belleza para mi gusto masculino.
Siempre fui bastante dispar a la hora de encariñarme con un muchacho.
He tenido amores rubios, morochos, de pelo largo, pelados, muy flacos, muy gordos, altos, bajos, con cara de nerd, rolingos, hipies y hasta menores de edad…En fin, de todo un poco…porqué en la variedad está el gusto.
Pero últimamente ya me he transformado en un serio peligro para el género masculino en su totalidad.
Sea quien sea, donde y como sea, intento llamar la atención de cada varón que se me cruza.
El menor roce de piel despierta una calentura poco manejable, que termina desencadenando una serie de situaciones bochornosas que me tienen como protagonista y que más que redundar en una cita, desembocan en una extraña mirada, mezcla de pánico y lastima.
Necesito hacer algo con extrema urgencia, porque en cualquier momento pierdo la dignidad, la salud y la libertad.
He intentado levantarme al carnicero del frente de mi casa delante de su esposa, sus 2 hijos y la vieja del 2º.
Al oriental que recibe las bolsas en el super coreano de la vuelta de mi edificio, balbuceando boludeces sin sentido y bien fuerte para que me entienda (¿porque cuando alguien habla otro idioma, uno le habla fuerte y lento? Pregunta trillada si las hay, pero sin respuesta)
Al ferretero, hasta que me dijo el precio de las tabletas para los mosquitos.
A todos los taxistas, vendedores ambulantes, cajeros de banco y tantos otros más
Cualquier ocasión es buena para salir con un escote pronunciado, que más que sugestivo es revelador.
Me paseo descaradamente por las obras en construcción, solo para escuchar los piropos de los obreros.
He llegado al extremo de atender, un domingo a las 10 de la mañana, a un testigo de Jehová o ¿era evangelista? Bueno lo que sea, no le presté atención a nada de lo que dijo sobre la Salvación y el Apocalipsis.
Lo peor de todo sucede cuando vuelvo a mi hogar y me doy cuenta de que estoy dando vergüenza por ahí, y que si alguno de estos señores me diera bola, a la mañana siguiente desearé mudarme al medio de la selva misionera, y vivir de lo que me dé la tierra hasta que la deforestación me alcance y no me quedé otra que rajar al centro urbano más próximo, donde seguro volveré a cometer los mismos excesos, sin poder evitar el ridículo.
Por suerte todavía no toqué fondo, quiero decir que no intenté levantarme a los maridos, novios, padres y hermanos de mis amigas, ni a mis compañeros de trabajo. Es que aún conservo alguno de mis principios. El problema es hasta cuando…
Por dios, necesito un novio, amigo intimo o amante, antes que termine en Tribunales con una orden de restricción o ajusticiada por una mujer celosa
Si conocen algún grupo de ayuda, un 0800, o tienen un tipo para presentarme, comuníquense a la dirección de mail que aparece en la página.
Se gratificará el gesto.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Somatizando

Como buena hija de psicóloga, y como en casa de herrero cuchillo de palo, la señorita que suscribe es una experta en el arte de somatizar.
Todo comenzó a los 15 años, como no podía ser de otra manera, tenía problemas sentimentales, le robé el novio a mi mejor amiga, y como consecuencia del mal trago emocional, me salió un lindo, rosado y persistente sarpullido en la cara.
No era acné juvenil, nunca lo sufrí. Mis granos siempre fueron producto de mi inestabilidad psíquica-emocional.
Superado el mal trance, previo paso por la dermatóloga (porque aunque a mi madre le de por automedicarse, con sus niñas siempre fue muy responsable y nos llevaba a profesionales de la salud). Mi vida entró en un páramo emocional.
Pero no todo mal dura cien años. Este me duro 4.
Así que a los 19 comencé a sufrir unos extraños estados febriles, que me tiraban en la cama con 39 grados de temperatura corporal y sin ningún otro síntoma de enfermedad alguna, más que los cuernos que me ponía mi novio de turno.
Otra vez el desequilibrio.
Con 19 añitos y un novio que tenía otra mina, según los señores médicos, tenía stress. Así que aproveché la “bolada” y me dí la gran vida por un añito, más o menos. Aproveché para perseguir y volver loco a mi noviecito a mis anchas…
Pero…Lo bueno se acaba y volvió el páramo o mejor dicho me enamoré como una tonta, y así mi vida entró en un equilibrio emocional, que no duro mucho, como todo en mi vida.
Cuando las cosas empezaron a andar mal con mi amorcito, esta vez era una clara incompatibilidad de caracteres, empecé a sufrir de una persistente y poco cómoda gastroenteritis aguda.
De vuelta los médicos con su famoso stress. Pero mi señora madre insistió hasta el hartazgo que fuera a un gastroenterólogo, cosa a la que no le dí bola porque sabía que mi cuerpo me estaba pasando factura, reclamando que abandone a mi amado.
Cosa que no hice, de pura empecinada que soy.
Es que me empeñé en que el corazón mandá sobre la cabeza y esta sobre el cuerpo, entonces no iba a dejarlo, aunque el cuerpo me lo pidiera a gritos. Además bien turrito el cuerpo, porqué cuando lo dejaba (fueron 5 veces en 6 años) también me reclamaba su ausencia.
En fin, como siempre, una gata flora elevada a su máxima potencia.
El asunto es que superada la gastroenteritis y separada para siempre de mi príncipe encantado, en los últimos años comencé a padecer de gastritis.
Cosa un poco más jodida, porque si bien su causa es afectiva, mi vieja haciendo uso de su patria potestad, me llevó de los pelos al gastroenterólogo, aduciendo que no iba a permitir que me agarrara una úlcera.
El tipo me médico con Ranitidina y me ordenó comer sano, y abandonar mis preciados vicios: el fernet, el pucho y el mate. Aditivos fundamentales para sentirme equilibrada emocionalmente.
Ahora que ya estoy bastante mayor y el cuerpo me pasa factura de todos los excesos que cometo, me estoy planteando seriamente la necesidad de hacerme vegetariana. ¡Con lo que me gusta el chorizo colorado, que lo parió!

lunes, 17 de diciembre de 2007

Más claro, echale agua

Un grupo de amigas encabezado por quién les habla e integrado por la Noe, la Gaby, la Flaca, Valle, la Wicha y la Romi, estamos organizando una cruzada solidaria en contra de los hombres histéricos.
El objetivo principal es avanzar sobre ellos, ponerlos contra la espada y la pared, y obligarlos a decidirse.
Como es eso de: “Si, pero no” “Puede ser, pero no estoy seguro” “No sos vos, soy yo” (excelente película, veanla) “Quiero estar con vos, pero no quiero abandonar mi libertad”
Estamos cansadas de esta clase de señores que se pasan la vida, pretendiendo nuestra exclusividad pero negándose a cumplir la normativa vigente para que esa exclusividad sea real, tangible y sobre todo de las dos partes involucradas.
Estamos cansadas del “Cuando pinté” Y una parada como una estúpida en la puerta de la Pinturería esperando que abra y mandando mensajitos de texto preguntando: ¿Qué color te gusta?
Este es un llamado a la solidaridad para todas las compañeras victimas del mismo flagelo. Unamos banderas chicas, salgamos a las calles, hagámonos oír, reclamemos por el cumplimiento de nuestros legítimos derechos.
Porque esto es simple: “O estás conmigo o te las tomás y no me jodas más”.
Nada de “Dame un tiempo, vamos viendo, dejemos que fluya.”
Porque cuando nos cansamos de esperar y nos rajamos con otro, la histérica es una.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Las máximas de la Reina Madre

Hace dos meses que despierto todas las mañanas con dolor de garganta, los ojos me arden, por la siesta estoy aturdida y más de una vez sudo frío.
Es que no hay caso, mi vieja es sabia.
Siempre me dijo que no tengo que dormir toda la noche con el ventilador prendido, detenido en mi cara, porque me voy a resfriar.
Y desde que vivo sola estoy descubriendo que todas esas máximas que tiene mi madre a la hora de enfrentar el mundo con salud, alegría y orden, son verdaderas enseñanzas de vida.
Por ejemplo, a las bolsas que se le pone al cesto de basura hay que hacerles la prueba hidráulica, es decir llenarlas de aire y fijarse que no estén pinchadas, porque después te manchan el piso con el líquido que chorrean y te llenan de olor a sucio el tachito, que para colmo de males siempre está en la cocina.
Otra máxima fundamental para el normal desarrollo de la vida de los seres humanos es no tomar yogurt por la mañana ya que te llena de gases. Hecho más que problemático cuando uno trabajo en una pequeña oficina sin ventanas.
No hay sahumerios que aguanten, ni nariz que se lo merezca.
Volviendo al asuntito de la basura, mi vieja ha desarrollado durante toda su vida una técnica para que los perros y los gatos no le rompan la bolsa cuando la saca a la vereda, desparramando todo lo que contiene. Hay que envolver la bolsa con papel de diario, así no sienten el olor de la comida.
Antes pensaba que mi señora madre compraba el diario para estar informada, hoy estoy segura que lo hace para que los gatos no le rompan la bolsa de basura.
Igual y para no ser injusta con mi madre, debo aclarar que le da varias utilidades al diario. Como felpudo para limpiarse los pies cuando uno llega de la calle y ha llovido, y para limpiar los vidrios. Según ella es mucho mejor que el papel tissue.
Cuando el jabón de tocador se acaba, y solo quedan esos pedacitos que no sirven ni para lavarse las manos, no se tira. Se guarda en un jarrito y una vez que se han juntado varios pedacitos de jabón, se utilizan para poner la ropa en remojo en un balde, antes de meterla en el lavarropas.
Decí que mi viejo le sacó la maña de secar la yerba usada al sol. Igual sigue guardando el pan viejo hasta que se seca bien y se endurece como para rayarlo y empanar las milanesas. Las maquinitas de afeitar sin filo tampoco se tiran, son ideales para sacarles las bolitas a los pulloveres. Lo mismo con cualquier frasco en desuso, nada se tira, uno nunca sabe cuando va a necesitar un pomo de dentífrico vacío (¿?)
Y es así muchachada, mi vieja nació en un pueblito que no tenía ni luz eléctrica, para luego pasar gran parte de su adolescencia en un internado de monjas. Ambos hechos que, según sus propias palabras, le han enseñado a optimizar al máximo los recursos y mantener una vida saludable.
Siempre nos dice: “Tengo 60 años, 2 nietos y ninguna arruga. A mi no me vengas con esas cosas modernas de la vida naturista”
Una sabia mi vieja, sin duda.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Año nuevo, vida nueva

Estoy superando la tremenda crisis que atravesaba hace unos meses.
Entre las causas del milagro, barajo varias hipótesis.
A saber:
- Me compré un lavarropas automático. Entre los preceptos feministas se debe incluir la brega por la adquisición de este tipo de electrodomésticos, es el componente principal para la tan ansiada liberación femenina.
- Me compré una depiladora eléctrica. La tortura de la cera la he erradicado de mi vida. El problema es que ahora estoy adquiriendo una relación simbiótica y enfermiza con la depiladora, como la que tengo desde hace 10 años con la planchita del pelo. Si, los pelos son un tema de psicoterapia.
- Terminaron Patinando por un sueño, y Gran Hermano. Puedo prender el tele y no llorar como una boluda, por esos discursos de mierda.
- Le doy bola al pie de la letra a lo que me pronostica el I Ching, mi nuevo oráculo. Es un poco confuso, pero más concreto que el tarot (qué tampoco abandoné, obvio)
- El yogurt Activia me regularizó el transito lento. Ahora me visto con colores pasteles.
- La pastillita que me recetó la endocrinóloga me normalizó la producción de hormonas. Ya sabemos lo que le hacen estas señoritas a las mujeres.
- Ando con el abanico de mi abuela en la cartera. Me sigo cagando de calor, pero por lo menos me hecho un poquito de viento en la cara.
- Me sale el solitario spider de cuatro palos. Con tesón me estoy superando día a día

martes, 4 de diciembre de 2007

¿Vale la pena, esta pena?


¿Qué le está pasando a la gente con el amor? Últimamente existen muchas parejas que se están separando. Me pregunto, ¿Es tan fácil dejar de querer al amor de nuestras vidas? ¿Por qué se abandona tan rápidamente, ante el menor inconveniente, lo que uno más ama?
Digo yo, ¿el verdadero amor no es para los valientes, para los que no piensan en las conveniencias ni a los inconvenientes?
Entonces, ¿es amor verdadero?
Y si no lo es, ¿Por qué entonces, uno sufre tanto cuando se separa?
Porque parece que se perdiera el alma, la esencia, la razón de ser, el lugar en el mundo, cuando uno se separa.
Será cierto nomás que la institución matrimonial esta sufriendo una de las peores crisis. Porque aunque uno no este atado a alguien por una libretita, a cierta edad y después de varios años, si vivís en pareja es como estar casado.
A mi no vengan con ese asunto de que “somos novios” Si uno decide mudarse al mismo hábitat de su bien amado es porque está convencido de que es su media naranja y quiere pasar el resto de su vida con él.
Porque, vamos no mientan, uno no se aguanta los olores, los berrinches, los amigotes, las manías y las obsesiones de alguien a quien tiene pensado abandonar a la primera de cambio. Uno no se pelea con alguien, hasta el cansancio, solo para ver si compramos el lavarropas o el aire acondicionado, entre los dos, ahorrando con sangre, sudor y lágrimas las pocas monedas que quedan del sueldo, si tiene pensado alzar sus petates y largarse a lo de su madre, a la primera discusión porque le pusiste mucha cebolla a la comida y a él le dio gases.
Vamos caramba, si uno hace todo el circo de alquilar un camión de mudanza, pintar juntos la casa y decorarla, comprar sábanas y ollas nuevas, hacer fiesta de inauguración, gastando un dineral para que los amigos vengan a emborracharse y vomitar las paredes que uno acaba de pintar, porque quiere compartir esa alegría con la gente que quiere. Si uno hace todo esto, no tiene pensado abandonar el barco en medio de la tormenta. Uno tiene que agarrar el timón, clavar el ancla, alzar las velas y pilotear la nave hasta que el cielo se despeje y podamos charlar tranquilos sobre lo que está desatando esta tormenta de reproches, celos y egoísmos que hacen temblar nuestro hogar dulce hogar.
Pero no, la mayoría de la gente que conozco leva anclas y se raja a lo de su madre, porque “Si él se va, yo no me puedo quedar en el departamento porque me hace mal. Además es él quien decidió separarse, yo no quería” ...Pero se lo dijiste… “Como se lo voy a decir. Si se lo tengo que decir no vale la pena”. ¡No por dios, con esa actitud no llegamos a ningún lado!.
Después de toda esta cantinela llega la depresión post separación.
Es un proceso largo, muy largo, una vez escuche que el duelo que hay que hacer es proporcional a la mitad de los años de relación, es decir si estuviste en pareja 6 años, tenés 3 de duelo. ¡Una vida! Encima una ya está mayor, y el reloj biológico hace “tic tac” y te aturde. Y te mirás al espejo y ves lo que te está haciendo la ley de la gravedad, se te está cayendo el traste, las tetas y los parpados. Peor, menos ganas te dan de salir en busca de otro capitán que quiera pilotear este barco con vos. Quién te va a dar bola, ojerosa, fláccida, mañosa y resentida con todo el género masculino. Y entonces que hace una… se tira a los chocolates, como si en la caja vacía estuviera la solución a tus problemas.
No chicas, se los digo por experiencia propia (de donde se creen que saqué semejante traste) en la caja de chocolates no hay ninguna receta mágica.
Encima una es re masoquista. Entonces se tira en la cama, apaga la luz, prendé el equipo de música, pone canciones de desamor, de engañados, de viudos, y la remata escuchando hasta el cansancio la canción de ambos, y llora, llora que te llora. Se arrastra por las paredes, llorando, llenándolas de moco, desparramadas por la alfombra porque de tanto llorar no tenemos fuerzas ni para caminar.
Después requisa la casa para encontrar algún objeto o prenda del ser amado. Si lo encuentra, lo toma como objeto de transición (así lo definiría mi vieja, que es psicóloga) y duerme, caga, se baña, y se emborracha abrazada al trocito que nos quedó de nuestro amado. Lo único tangible que ese desalmado nos dejó. Pero si no lo encuentra, se aferra a notitas que dejó indicando lo que hacía falta en la heladera o cualquier cosa que se le parezca y que alguna vez haya pasado por sus manos.
No contentas con esto, una va a la perfumería y compra el perfume que usaba el abandonador para rociarlo por la almohada, porque ya no sabemos que hacer para contrarrestar las noches de insomnio provocadas por su ausencia. Nos abrazamos a la almohada con su olor y fantaseamos con que él está durmiendo a nuestro lado, y así logramos dormir algunas horas.
Una pretende convencer a todo el mundo que se va a morir de pena, y como le da miedo quedarse sola, comienza a ver sombras en la casa. Tiene a todos culo al norte. Padres, hermanos y amigos están pendientes de si una solloza por la noche, porque es el signo vital que indica que aún estamos en el mundo de los vivos. Nos obligan a comer, y se enojan si nos agarran ataques de angustia oral y desvalijamos la heladera por la noche. Nos obligan a ir a trabajar, pero nuestro jefe nos manda de vuelta a casa porque no damos pie con bola. Nos retan si lloramos, pero nos dicen que la única forma de superar todo esto es llorando. En fin, nadie sabe que mierda hacer con la depresión que nos lleva en andas
Pero todo lo bueno se acaba un día y ahí saltamos a la segunda etapa, la de la negación. Queremos convencernos de que él ya va a volver, que estaba confundido, engualichado o encajetado con alguna loca, que seguro los amigos le llenaron la cabeza, porque él nos ama, lo que pasa es que no se da cuenta. Entonces cuando alguien nos pregunta por nuestro amado, una contesta muy suelta de cuerpo: “Estamos atravesando una crisis, así que nos tomamos un tiempo para pensar” Tiempo que ya lleva meses y él está aprovechando para pensar en la cama de quién va a dormir el próximo fin de semana o en que tugurio va a despilfarrar sus escasas monedas. Pero está etapa no se extiende demasiado, porque siempre aparece algún pesimista que te hace ver que él no está en crisis y que no se está replanteando un carajo.
Así que ahí es cuando una salta derechito a la siguiente etapa. La bronca. Una comienza a odiarlo por todo. Era malo, nos psicopateaba, no nos tenía en cuenta, no nos dejaba crecer. Era poco inteligente, inútil, inmaduro, cruel y traidor. Era la peor lacra de este mundo. “No entiendo como fue que me enamore de él. ¿Me podés decir que le vi?” Es la frase que sintetiza esta etapa, que tampoco dura mucho, porque de noche, cuando una se queda sola con su corazoncito destrozado sabe muy bien porque se enamoró de él. Y llora, llora mucho siempre.
Entonces aparece algún amigo que se da cuenta y empieza a decirte que fue lo que le viste. No lo hace para regodearse de nuestro dolor, sino porque sabe que esta es solo una etapa más que una tiene que atravesar en el proceso de la separación. Lo único que hace es ayudarnos a superar el mal trago y prepararnos para pasar al siguiente estadío.
Igual como una está bastante desequilibrada, porque con él, entre otras cosas, se nos fue también el eje, empezamos a hacernos las superadas. Nos compramos corpiños push up, remeras escotadas, medias reductoras (de esas que te levantan el culo y te aplastan la panza), y salimos de caza. El primer poste de luz que nos mira se convierte en ese clavo que saca el otro clavo. (La Vicky dice que para sacar un clavo se necesita un tornillo y no otro clavo. Demás está decir que coincido con ella). Organizamos festejos, redecoramos la casa, compramos sábanas nuevas, nos pintamos, y nos teñimos el pelo, porque indio que se pinta quiere guerra. Y así andamos por la vida. Refregándole en la cara lo felices que somos sin él, lo bien que nos hizo la separación, lo madura, lo esplendida que estamos solas. Porque una es una mujer independiente y liberada, conciente de sus carencias y dispuesta a solucionarlas.
Ja! Cuanta falsedad puede caber en una persona desengañada y resentida. En realidad lo único que queremos es que él se arrepienta y vuelva cuál perrito faldero arrepentido, con la cola entre las patas a implorarnos que le demos una segunda oportunidad. Y una ya tiene pensado hacerse rogar un tiempo, hacerlo sufrir un poco y después volver, siempre bajo nuestras condiciones. Pero el señor no se da por aludido, y el muy descarado se alegra que ya hayamos superado la depresión. Y en el mejor de los casos nos propone una tierna amistad, y en el peor de ellos se postula como nuevo amante. Y una no quiere ni una cosa ni la otra…
Así llegamos a la última etapa, la tan ansiada resignación. Ahora si que una no sabe que fue lo que la enamoró de él. El tipo se vuelve humano, ya no lo extrañamos, ya no lo comparamos, no lo buscamos en otro, no ideamos estrategias para que vuelva, no nos interesa vengarnos porque simplemente no nos importa ni su bienestar ni su malestar. Ya no recordamos esos detalles que tanto nos torturaban, cuando en la radio suena esa canción ni siquiera le prestamos atención, cuando alguien nos lo recuerda nos reímos avergonzadas de lo patética que éramos durante la etapa post separación. Y como broche final, una empieza a fijarse en tipos que no tienen nada que ver con nuestra antigua media naranja.
Y es ahí, amigas, cuando ya realizamos el duelo, enterramos el muerto y estamos listas para la nueva etapa que sigue. Volver a enamorarse, a creer, a admirar, a recobrar la alegría y los sueños.
Porque a pesar de tanto sufrimiento, siempre chicas y no se olviden nunca de esto, vale la pena, el esfuerzo y la lucha, amar.


Dedicado especialmente a la Flaca y la Gaby