lunes, 31 de marzo de 2008

Mentime que me gusta

Existen ocasiones en que las personas se sienten tan solas que se terminan enamorando de una ilusión, de alguien que les promete una vida mejor.
Conocen a alguien, les gusta lo que ven o lo que escuchan y se imaginan que esa persona es la que los va a completar. Pero no conocen nada de la otra persona y no saben si lo que dice es verdad, pero igual se enamoran, porque les dice justo lo que necesitaban escuchar.
En mi tierna adolescencia, cuando consumía de manera compulsiva novelitas de Corín Tellado, no se en donde leí que las mujeres sabemos que nadie nos va a bajar una estrella del cielo, pero queremos que nos prometan que nos van a bajar una, con la promesa nos alcanza y nos sobra. Con el correr de los años, y con una pizca de experiencia (porque no vamos a decir que yo la tengo clarísima) descubrí que:

- Primero que nada, esto no es exclusivo de género, hay muchos tipos, que quieren que le prometan que les van a bajar la vía láctea si es necesario.

- Y segundo, que esa promesa solo nos alcanza los primeros meses, después empezamos a hacer lugar en el ropero para guardar el firmamento prometido. Y si no llega, esa promesa incumplida nos llena de frustración, y por consiguiente de resentimiento.

Pero además creo que el que promete y no cumple también termina frustrado. Porque quiere creer que puede cumplir esas promesas, aunque sea por egocentrismo, soberbia y omnipotencia.
Sin embargo existen ocasiones en que el “mentime que me gusta” es necesario. Pero para que esto funcione es vital que no haya amor, porque sino el/la vendedor/a de buzones y el/la comprador/a compulsivo/a de buzones, pueden terminar lastimados. Uno nunca sabe hasta donde se va a involucrar, y por lo tanto victima y victimario pueden cambiar de rol. Pero tampoco se confundan, porque el quit de la cuestión no es dejar todo en claro desde el vamos, porque para ser claros hay que decir la verdad, por lo tanto el “mentime que me gusta” no tendría sentido. Yo me refiero a cuando uno dice cosas como:

- “Sos muy divertido/a, hace mucho que me reía tanto con alguien”

- “Que bien bailás o cantás o tocás tal o cual instrumento”

- “Hoy estás realmente lindo/a”

Y podría seguir incansablemente, pero lo que les quiero decir, es que uno tiene que decir cosas que no impliquen sentimientos reales, ni promesas concretas de amor eterno. Porque es ahí cuando uno se mete en camisa de once varas y se enreda en su propia vorágine de promesas incumplidas, y por ende los reproches empañan el comienzo de una relación y empiezan a marcar su final.
Yo soy una convencida, que al comienzo de la relación es absolutamente necesario este clase de “modus operandi”, se imaginan que no le voy a dejar hacer uso de este cuerpito a cualquier pelandrún que ni se digna a lanzarme un par de halagos, más que nada por vanidad y para que las viejas chusmas de mis vecinas no me tilden de casquivana.
Porque confesémoslo, al fin y al cabo todos los seres humanos queremos sentirnos parte de esa “normalidad” que dictan las reglas éticas y morales de nuestra sociedad, que te secan el bocho con la importancia de que pasando los 30 hay que tener una pareja estable y planificar un futuro. Entonces nos mentimos nosotros mismos, porque nos gusta sentirnos “normales”.
Ahora yo me pregunto: ¿A ustedes alguien les consultó sobre lo que consideraban normal y lo que no? A mi, nadie.

sábado, 29 de marzo de 2008

La culpa no la tiene el chancho…

La historia empezó por el año 2000. Cuando cortamos por primera vez, que fue la única vez que me dejó, yo no tendría que haber vuelto con él, porque fue justo ahí que comenzó el “cuento de la buena pipa” entre mi eterno ex y yo.
Era la primera vez que yo amaba realmente, y que me sentía amada por un hombre. Era dulce, me hacía reír, estaba pendiente de hacerme feliz, de incentivarme a crecer, me cuidaba, y me hacía el amor como los dioses. Todo era hermoso, no recuerdo haber sido tan feliz con nadie. Como será que ni siquiera me sentía merecedora de semejante amor.
Pero como todo lo bueno dura poco (por lo menos en mi vida) el señorito declaró que tenía muchos problemas, y que como me amaba más que a nadie en el mundo, no podía cargarme con ellos. Yo en un ataque de llanto descontrolado (primera y única vez, porque el que se quema con leche…) le dije que lo amaba y que estaba dispuesta a soportar el peso de esa carga. A lo que el muy zángano contestó que no, que no soportaría verme sufrir.
Yo lo tendría que haber visto venir, lo conocí en un antro llamado “Jamaica” ¡uno no puede conocer a un novio ahí!
Nunca sabré si era el verdadero motivo o no. El asunto es que luego de un tiempito apareció con novia nueva (cosa que hizo siempre que nos peleamos) y yo con mi corazoncito hecho añicos, decidí dar por terminada la historia.
Obviamente que el duelo fue inbancable para mi familia y amigas. Me pasé tres días enteros sin dormir ni comer, llorando todo el tiempo, y les juro que no exagero.
El asunto es que cuando estuve repuesta, asomé mi naricita a la calle y me decidí a vivir nuevamente, aunque me dolía como la gran siete. Todos los días visitaba a mi amiga la Noe, a la que le hablaba horas enteras sobre lo feliz que éramos juntos y lo inexplicable de nuestra separación. Pobre Noe, se ganó el cielo en esos meses.
Y cuando ya me estaba empezando a sentir mejor, había vuelto a sonreír y todo, comencé a salir con un chico divino, que también sufría una pena de amor (nos conocimos porque “hacíamos terapia” juntos, hasta que las lágrimas nos llevaron primero al cine y después a los besos). Pero el señorito apareció, con el rabo entre las patas diciéndome que nadie podía reemplazarme, que me amaba, que sabía que no me merecía, pero que quería cambiar e intentar hacerme feliz. Me hice rogar un poquito, no vaya a ser cosa que se arrepintiera, y volví con él.
Desde allí la seguidilla de rompimientos fue sistemática. Cualquier vuelo de paloma no previsto, era motivo para que lo abandonara sin vuelta atrás. La primera vez que lo hice él ensayo una disculpa, pero como yo lo perdoné al toque, él descubrió que decirme y cuanto tiempo esperar para hacer su aparición para ser perdonado. Todos sabemos que es más fácil pedir perdón que permiso, y él ya me había tomado el tiempo.
A todo esto nuestra relación no era nada fácil. Mi señora madre lo odiaba de manera descarnizada, así que todas las veces que él venía a visitarme o a buscarme lo echaba como a un perro pulgoso. Fue despiadada e hiriente con él, y me amenazó con rajarme de mi casa si seguía empeñada en sostener esa “relación inconveniente”. Pero como los años pasaban y las cosas no cambiaban (ya les dije que soy muy cabeza dura y me había condicionado el reflejo) mi mamita querida me dijo: “Mira Laura, me reservo el jodete. Si querés ver a ese tipo hacelo, yo no te digo más nada. Lo único que no quiero que venga a MI casa ni que te llame ACA” y chau pichu, tema cerrado, aunque jamás olvidado.
Así las cosas, solo podíamos vernos en su casa, me compré celular para que pueda llamarme y me pasaba a buscar por la esquina de mi hogar materno. En esos tiempos en mi casa se respiraba una paz enrarecida por el incumplimiento a las normativas maternas, pero cuando yo lo dejaba, y empezaba a salir con otro (cosa que hice siempre que lo dejé) en mi hogar se vivía un clima festivo, casi casi carnavalesco y circense. Pero cuando volvía con él, de nuevo la guerra fría, signada básicamente por las miradas de desaprobación.
Y así siguió la cosa por varios años, fue la historia del nunca acabar.
El asunto fue cuando yo decidí dejarlo definitivamente. ¡El quía no me cree!.
Su reacción fue la de siempre: “Esta bien, lo acepto aunque no estoy de acuerdo. Pero si es tu decisión está bien.” Luego dejó pasar el tiempo necesario hasta que a mi se me pasé el enojo (porque él está seguro que estoy enojada, aunque le he dicho de mil maneras distintas que NO lo amo más. Pero bueno, cada uno escucha lo que quiere escuchar, no?) Y apareció con la misma estrategia: “Estoy mal necesito hablar con alguien. ¿Podemos vernos?” a lo que le he dicho que no todas las veces.
Pero ayer a la tarde ya se fue al carajo…Me llamó y me dijo: “Yo sé que no me querés ver más, pero estoy con XXXX (amigo en común) y tenemos ganas de tomarnos un fernet con vos. No pienses mal de mi, es como amigos” ¿Pueden creer? A lo que yo muerta de risa le contesté: “A ver, ¿vos que entendés por no quiero verte más? Eso incluye a todas las circunstancias. No quiero verte ni como amigo ni como nada. ¿Vos no me escuchas cuando te hablo?” A lo que el señorito, mitad ofendido y mitad haciéndose la victima (papel que le encanta interpretar) me respondió: “Bueno, pero no me retés así, no soy estúpido. Chau” y cortó.
Me reí dos horas seguidas, ni enojarme pude, y ¿saben porque? ¡Porque la culpa es mía! Su estrategia le dio resultado siempre.
Hace 7 años y medio que me hace el mismo jueguito, y la boluda, que rebalsaba de amor, se lo seguía porque me pensaba que él un día iba a temer que mi abandono sería definitivo e iba a cumplir con todas sus promesas de cambio. Pero él prometía, no cambiaba, yo lo dejaba, él lo aceptaba, aparecía al mes con la excusa de aclarar cosas porque estaba mal, prometía y volvíamos. Y así sucesivamente.
Ya lo sé, la culpa no la tiene el chancho, sino el que le da de comer…El tema acá es ¿Cómo carajo hago para convencerlo de que no me joda más? ¿Le pongo una orden de restricción? ¿Le mando unos muchachos que le den una golpiza? ¿Le cuelgo un pasacalle? ¿Cómo hago?

martes, 25 de marzo de 2008

Seca y sola como Zoraide


Resulta ser que cuando yo estaba de novia, tenía el reflejo condicionado cual perro de Pavlov, es decir, apenas sonaba el portero eléctrico de mi depto, y escuchaba: “Soy yo negra, abrime”, comenzaba a segregar líquidos, y no precisamente baba.
Pensaran que exagero, pero ¡NO! El tipo era un obrero, un laburante eficiente, responsable y dedicado. No vamos a decir que venía todos los días a trabajar, pero cuando se presentaba, no era solo a marcar tarjeta, el quía hasta hacía horas extras y todo.
Pero cuando la catarata de amor empezó a mermar, y aún sin haber dado por terminado el vínculo, me dispuse a poner una estampita de San Antonio patas para arriba, para ir sumando, cual Disco Plus, puntos para un nuevo amor. Para mi que le erré de Santo, porque acá me ven, a varios meses de soltería, tan seca y sola como la mismísima Zoraide de la novela El Clon.
Y no es que yo me queje de llena, como algunas nuevas amistades me han dicho maliciosamente. No es que yo veo el vaso medio vacío. El recipiente no tiene agua directamente. Abro la canilla y no cae ni una mísera gotita. Nada de nada.
Un amigo, recientemente, me dijo que los tipos huelen la desesperación, porque uno libera no se que hormona, que nos hace despedir un olor a no se que, y los tipos lo sienten, entonces no se acercan o rajan. Así que yo ando por la vida mordiéndome la lengua (como me enseñó mi abuela para no liberar adrenalina cuando veía un perro grandote que me daba miedo, porque decía que si te mordés, el perro no huele nada y no te ataca). No se si sirve para que los tipos no sientan los olores que los alejan, pero como mujer precavida vale por dos, ando tomando toda la clase de recaudos que me dan, con el solo objetivo de encontrar un señor que me condicione los reflejos.
Ya está, es así de simple, aunque todo el mundo me diga que no sea pesimista, que si tengo buenos pensamientos me van a pasar cosas buenas, cada día estoy más seca y sola.
Yo antes buscaba un oasis, después bajé mis expectativas a catarata, después con un río con rápidos me conformaba. Pero el tiempo pasaba y la sequía ya empezaba a ser preocupante, entonces decidí buscarme aunque sea una laguna. ¡Pero ni así!
Y miren que ya me hice todos los rituales indígenas para llamar a la lluvia, y cada vez que aparece una nubecita, y yo me dispongo a salir sin paraguas, sopla viento sur y se lleva la tormenta.
¿Saben que es lo único que me consuela? Que dicen los que saben (ósea los que vieron El Clon) que en el penúltimo capítulo Zoraide se casa con el tío Alhí.
¿Cuánto duró El Clon? Digo, así más o menos calculo la espera.

jueves, 20 de marzo de 2008

A calzón quitado


A pesar que la sociedad ha evolucionado de una manera descarnizada y casi escandalosa, y que el sexo ha dejado de ser un tema tabú, (hoy es lo más común del mundo ver en la tele a Wanda Nara haciendo feliz a su noviecito de turno) existen mucho mitos que aún rodean el tema del sexo, y es justamente en ellos, en los que me quiero inmiscuir esta vez.
Así que como ando hecha una mal llevada bárbara, quiero desmitificar algunas cosillas.
He aquí la lista:

1- El tamaño del miembro masculino SI importa. A esto lo tiene que haber inventado un hombre. ¡Déjenme de joder! Todas, absolutamente todas las mujeres que conozco, lo primero que te cuentan cuando están con un tipo es como la tenía. Muchachos el tamaño es pechador, remonta cualquier cosa: el movimiento “morza constipada”, los “5 segundos de fama” (leasé un polvo cortito cortito), y el “uno y gracias”, y todos aquellos problemillas que puedan surgir, antes, durante y post, el acto amatorio (Menos la eyaculación precoz, si les pasa esto, vayan al Boston Medical Group y déjense de joder)
Eso sí, no se tiren al abandono porque la tengan grande, nunca olviden que las mujeres somos unas insatisfechas.

2- No necesariamente, las mujeres tenemos la “primera vez” con alguien que amamos. Sépanlo, las mujeres inventamos esto, porque somos unas manipuladoras bárbaras. Les hacemos creer al tipo que él es un privilegiado, que lo hemos elegido entre cientos, y que por eso si nos larga nos va a marcar para toda la vida, pero en realidad nosotras sabemos cuán egocéntricos son los hombres, y sabemos como utilizarlo para conseguir lo que queremos.


3- Los hombres que le sacan partido a SU punto “G” NO son putos. Esta lleno de señores que se las tiran de grandes disfrutadores del arte sexual, pero les acercas un dedín al camino de tierra y desorbitan los ojos, cual Linda Blair en el exorcista, y hasta te amagan con clavarte una piña, si no sacás de manera inmediata la manito de su traste.
Les propongo algo, averigüen donde tenemos el punto “G” las minas y donde lo tienen los tipos y lo charlamos. Les tiro una pista, las mujeres no tenemos próstata.

4- No necesariamente hay que bailar bien, para saber moverse. Yo he sabido de muchos muchachos que han tenido menos gracia que el Pirata Morgan para bailar, y sin embargo sabían, exactamente, como moverse arriba, abajo, de costado, y hasta haciendo la vertical, hasta encontrarte todo el alfabeto, no solo el, ya antes mencionado, punto “G”.
No vayan a inscribirse en Salsa muchachos, esa no es la solución.


5- La ley de la L es una gran mentira. Lo único que les voy a decir, es que siempre es proporcional al tamaño del cuerpo. Si el tipo es chiquitito, todo lo será, es así.
Pero petizos a no desesperarse, el ser chiquitín tiene sus beneficios, hay “cuevas” estrechas, en donde es más fácil el acceso si lo que se quiere meter es pequeño. Además recuerden que las mujeres, por definición, somos unas insatisfechas, por lo tanto ser de gran tamaño solamente, no es determinante.

6- Calidad Vs. Cantidad. Está bien, reconozco que la calidad es más importante que la cantidad, sobre todo cuando ya vamos llegando a cierta edad, y hemos adquirido un cachito de experiencia en el asunto y el cuerpo no nos da para tanto cachengue, pero nosotras queremos las dos. Ya se los dije, la insatisfacción que nos caracteriza como mujeres.
Así que muchachos, elonguen y coman bananas, porque dos es un buen número.


Y para terminar tengo una pequeña preguntilla:
¿Cuándo es el mejor momento para tener relaciones sexuales por primera vez con alguien nuevo? Es decir, ¿Cómo me doy cuenta con que tipo puedo acostarme en la primera cita y con cual me tengo que hacer rogar hasta la tercera o cuarta?
Porque yo siempre le erro, carezco del famoso sentido de la oportunidad.
Cada vez que salí con un tipo, y me revolqué con él en la primera cita, al otro día si te he visto no me acuerdo. Y cuando me hice rogar demasiado (bueh…demasiado, tercera cita y solo besos apasionados, pero no de alto voltaje erótico, porque no soy de las que calientan la pava y no ceban los mates) el tipo no me llamaba por histérica.
Entonces no es negocio.
Yo necesito que un alma caritativa me tire un par de líneas para semblantear a los tipos, y saber con cual me conviene encamarme en la primera cita y que eso no implique que el quía se borré porque piense que soy demasiado fácil. Y con cual me tengo que hacer esperar, para que no infiera que soy una casquivana que se anda revolcando con el primer poste de luz que le hace ojitos. Escucho consejos…

martes, 18 de marzo de 2008

¡Sos vos y soy yo!


No existe nada más disparatado que las excusas que te dan los tipos cuando te dejan. Sus motivos son dignos de cualquier Best Séller.
A lo largo de mi corta vida, he sufrido muchos desengaños amorosos. Me han abandonado y he sido la abandonadora. Pero en mi caso particular, cuando era yo la que dejaba de amar, siempre fui bien clarita y concreta. El asunto era simple: No te quiero más…y de ahí pasaba a enumerar las causas de des-querencia, de las cuales era responsable yo, de otras el recientemente abandonado, y otras de un tercero/a en discordia o mejor dicho, en concordancia.
Pero los tipos que a mi me han tocado, o en este caso, que me han dejado, han experimentado una suerte de iluminación artística-literaria a la hora de proceder a terminar el vínculo afectivo que nos unía.
Les paso una lista de los disparates de las que he sido destinataria:

- “Es mentira que estoy saliendo con (tal), a vos te están llenado la cabeza mis amigos porque me envidian. Y sin confianza no hay amor” (¡Hacía 2 meses que tenía otra mina!)

- “Yo soy un tipo complicado, tengo muchos problemas, y yo te quiero tanto que no te puedo cargar con ellos, porque soy yo el que los tengo que resolver.” (Seis veces volví con él y nunca solucionó nada, es más la lista de problemas crecía con el correr de los años)

- “Yo soy un alma libre, necesito alguien que pueda girar alrededor del mundo conmigo, no que haga que su mundo gire a mi alrededor” (A esta alma libre, una mina, con cara de mosquita muerta, le enganchó un hijo)

Yo me pregunto:
¿Por qué no son más concretos y veraces a la hora de cortarte el chorro?
¿No se dan cuenta que enroscan tanto la cosa, para no herirnos, que la dejan a una (que está enamorada hasta los tuétanos) expectante a que los planetas se alineen, y los obstáculos e impedimentos desaparezcan, que el cosmos entero complote a favor de poder concretar nuestro gran amor, digno de telenovela venezolana barata?
Digo yo:
¿Por qué no te dicen: “Mirá querida, yo te quise mucho, pero hoy estoy en otra. Todo fue muy lindo mientras duro”?
Está bien, yo sé que esto suena muy duro, y que nadie que quiso realmente a alguien le puede decir semejante cosa, que hay que tratar de ser más delicados, pero de ahí a que te salten con que ¡El cosmos está en contra de nuestro amor! Es demasiado para mi. Y miren que yo de tan optimista, rozo la pelotudez, pero hay buzones que no me compro.
Porque aceptémoslo, la culpa no es del cambio en la orbita de los planetas, acá se acabó lo que se daba, el amor se murió y fue por culpa de ambos. Porque al fin y al cabo las parejas son de a dos y cada uno aporta su granito de arena para construir este castillo en el aire que se termina desplomando y enterrándote.

viernes, 14 de marzo de 2008

La Leyenda de la hadita ligustrera y la brujita numerologa - Segunta Parte


Continúa…


…Y la brujita y la hadita enfilaron por ruta 20.

A esta altura, la brujita ya tenía todo chorreado con fernet el corset, es que la hadita había frenado estrepitosamente en todos los semáforos, intentando esquivar los controles de alcoholemia.

A la mitad de camino, les pintó el hambre y sin bajarse del auto le gritaron al choripanero: “Nardex papi, do completito y do sodeao pa cortalos”

En ruta 20 y Félix Paz, cuando estaban yendo a buscar a la ninfa más flaca del bosque, que era fernecera como ellas, se les pinchó una goma. Cuando se bajaron del auto para cambiarla, varios negros que estaban parados en la esquina se ofrecieron a hacer lo mismo con ellas. Y como no son ni lerdas ni perezosas, convinieron la repartija y los atendieron a todos, a saber: dos hombres, tres adolescentes, y un travesti.

Dos horas más tarde, llegaron al bulo de la ninfa, y al grito de: “¡Eu che flaca goloza! Subite qui llegamo tarde, lo chochamu no eperan!”

Llegaron a la fiesta en este estado: la hadita sin pollera porque uno de los guasos se la había llevado de souvenier. La brujita con los broches del corset reventados y tres chupones de distinta boca en el cogote. Y la ninfa puteandolas, porque culpa de ellas iban a llegar tarde y seguro que el gnomo con el que había hecho cita, ya se estaría revolcando con alguna otra mina.

- La brujita: “Hola muchacho, llegaron la chichise”

- Gnomo 1: “¿Shegaron bien? ¿No se perdieron?”

- La hadita: “Si papá, pero no demoramo porque pinchamo en el camino”

- Gnomo2: “¿Quieren ferneTTT?”

- La brujita: “Prepareme tre treinta setenta con tre hielo cada uno”

- La hadita: “No se dice ferneTTT, e ferné papá”

- Gnomo 2: “Essscuchate esssta. Essstasss sheguas no saben hablar, no saben”

- La ninfa: “Hola Papi. ¿Me etaba eperando?”

- Gnomo 2: “Si piba, tasssss linda ché. Vení que te shevo a recorrer la visha. Hay una vista por acá, hay”

Y arrancó el bailongo nomás.

En un momento de la noche y mitad porque había llegado sin pollera, el culo de la hadita estaba más tocado que revista de peluquería. A lo que paró la música y dijo: “Paren muchacho, organicemono. ¿De quien e eta mano? La veo seguido por acá. No toquen la mercadería que no van a ievá”

La brujita ya estaba enredada contra una pared con un elfo, que estaba más chupado que ella, y que mientras la apoyaba y toqueteaba, le masticaba el corset. Cuando la brujita pudo levantar la cabeza, porque estaba ocupada en otro menester, vio que la hadita trataba de separar al centauro, que la había ido a buscar, de un trol con el que había estado chapando hasta hace 5 segundos.

- La brujita (dirigiéndose al centauro): “Ey ortiba, qui sapia. ¿Qui haci moletando acá?”

En ese momento, los gnomos le metieron dos rescatate y se fue relinchando por lo bajo.

La fiesta ya estaba terminando, y todos se querían ir a dormir, algunos en compañía y otros a dormir la mona. Pero la hadita, la brujita y la ninfa, que estaban enfiestadazas, empezaron a agitarlos para irse a otro lado.

- La ninfa (tratando de desprenderle, nuevamente, el pantalón al gnomo 2): “De acá no no vamo nada”

- La hadita (parada en una silla, esquivando manos): “Recatensé y devuelvanme la tanga”

- La brujita: “Ejate e jode y recupera la tanga qui e la tercera qui perde eta semana. Che flaca, no te endulcé que mi echo un meo y no vamo”

- La hadita: “Tení razón, vamono a la Calera a comé un asadazo. ¿Quien maneja?”

Continuará…


domingo, 9 de marzo de 2008

El instinto de una madre


Ayer fue el Día Internacional de la Mujer, la verdad es que las únicas personas que me saludaron fueron otras compañeras de género. Y todas me hablaron de lo mismo, de cómo hemos avanzado en el camino a la liberación femenina, en lo que nos falta conquistar, etc., etc.
Todo esto, más que hacerme pensar, en cuan liberada soy o estoy, me sirvió para darme cuenta que durante mucho tiempo pensé que el temita del instinto maternal era un mito. El asunto es que no tengo ni un pelo de Susanita, pero siempre tuve muchos deseos de tener un hijo. Sin embargo, como nunca fui negadora, cada vez que pensé en traer un hijo al mundo, fue en las mejores condiciones posibles, y si puede ser con todo el paquete incluido mejor (es decir marido, trabajo, casa, auto y perro blanco)
Ósea, eso de tener un niño para retener un hombre a mi lado o para hacer que una relación funcione, nunca estuvo dentro de mis probabilidades y opciones a la hora de entrar en el mundo de la maternidad.
Pero estoy firmemente convencida que todavía no ha llegado mi momento.
Más por casualidad que por capacidad, puedo conmigo misma, ¿Se imaginan lo que podría ser de mi niño?
Cada vez que saldríamos me olvidaría los pañales, por la madrugada le daría la leche fría, siempre llegaríamos tarde a la guardería, a las campañas de vacunación, a los cumpleaños de los amiguitos. Y haría todas esas cosas que si te pasan de pequeño, te trauman, y de las cuales la culpa, indefectiblemente, siempre es de la madre.
No, todavía no es mi momento, ni mucho menos el de él.
Ya se lo del asuntito del reloj biológico llegando a los 30 (mis amigas madres me queman la cabeza con ese asunto), pero tampoco voy a traer un ser a este mundo, para que, además de traumado, entre otras cosas más graves, se tenga que hacer cargo de que a la madre no la pise un colectivo cuando le este enseñando a andar en bicicleta.
Pero si viene, será más que bienvenido. Y teniendo en cuenta esto, he diseñado un plan estratégico, en el caso de que el destino, me choque de narices con la maternidad. A saber:

1- Contrataré una vecina, una simpática pero callada señora, a la que le encantan los niños (ya la tengo vista, es más, cada vez que la cruzo en el ascensor o en la verdulería, le doy charla), para que le cambie los pañales cuando se haga caca. Les juro que no soporto el olor. Me dan ganas de vomitar. Y cuando el niño va teniendo 2 tiernos añitos, y ya come de todo, la caca no es de angelito (como dice mi hermana) es de cristiano hecho y derecho.

2- Tendrá una madrina con disponibilidad horaria y tolerancia a la lactosa. Alguien me va a tener que dar una manito.

3- Equiparé mi oficina con juegos infantiles. Porque aunque vaya a la guardería, no quiero que lo críe una maestra jardinera ni una niñera. Estará con esta madre que Dios le dio (Uno a los padres no los elige) la mayoría del tiempo posible, hasta que me cambie por alguna yegua, que seguro no le llegará ni a la punta de los talones, y que me odiará por su complejo de Edipo no resuelto.

4- Todos los eventos que se celebren en su honor se realizaran en salones de fiestas infantiles. No pienso cocinar para 60 viejos pavos, que traen a 20 nenes que solo comen chizitos (dato estadístico: 3 grandes por cada niño), y encima deslomarme para limpiar la mugre que te dejan (los adultos) cuando se van.

5- No me compraré ninguno de esos libros sobre como criar bebes (hacerlos dormir, que hacer cuando tienen gases o reflujo, preparar baños tranquilizantes, etc., etc.) Recurriré a las enseñanzas de mi santa abuela, que fue una sabia mujer. Cada vez que alguno de sus hijos o nietos entraba en crisis, se sacaba la chancleta, y ese solo gesto: santo remedio. Nunca le pegó a nadie, solo desenfundaba su chancleta y cada uno corría a su aguantadero.

6- No lo pondré al frente de la tele para que no hinche. Lo haré escuchar mucha música y le compraré libros para pintar. Aunque destruya sillones y colchones, bailando sobre ellos, o raye todas las paredes de nuestra morada. A pesar de que desarrolle una preferencia hacía las artes, que con el devenir de los años vaya mutando en comentarios del estilo: “Tu hijo es un bohemio, un artista” (Traducción: “Es puto”) O si es una niña me dirán: “Es igualita a vos” (Traducción: “Es una ninfóma”)

7- Por suerte se va acostumbrar a comer de todo. Se imaginan con lo bestia que es la madre para la cocina, no va a salir exquisito para la comida. Todo queda bien con mayonesa, así tenga dos semanas en la heladera, y las milanesas con puré será considerada comida gourmet.

8- Cuando se enferme nada mejor que darle un antibiótico por si las moscas. Mucho protector solar y off en el verano, y vahos con eucaliptus y varios polares en el invierno. Seré una madre precavida.

Mis más allegadas (Por lo tanto las más confianzudas y por ende maliciosas) desean que tenga hijas mujeres, ya que son más independientes así que seré menos metida como suegra y abuela. Si tengo varones, los haré “mameros” y me pelearé con mis nueras por la crianza de los nietos.
Yo no se si seré o no una buena madre. Mientras pueda ser con mi niño, como fue mi señora madre conmigo, puedo darme por satisfecha y hasta sentirme realizada. Porque mi vieja será lo que será, pero como madre creo que no me podría haber tocado una mejor.

jueves, 6 de marzo de 2008

Judas un poroto


Me pregunto porqué todas las mujeres a cierta edad, negamos cual Judas a Cristo (y no exagero con la comparación) a Luis Miguel, Ricky Martín, Chayanne, Cristian Castro o demás cantantes por el estilo.
Por ejemplo yo ahora estoy dándome maza con “Que tu te vas” de Luis Miguel, hecho que jamás realizaría en público, ni confesaría aunque me torturaran.
Lujo que solo me doy con mis amigas más intimas, diciendo con los ojos entornados: “Cucha, cucha que temazo…”.
Es que, aunque una tenga su corazoncito, también tiene una imagen que cuidar.
Si me quiero dar aires de mina intelectual y madura, no puedo reconocer públicamente que más de un tema de Luismi me conmueve hasta la piel de pollo.
Así que cada vez que me quiero hacer la profunda, musicalizo los momentos con Silvio Rodríguez, Serrat, Chico Cesar o cosas así. Que me gustan, me encantan, pero Luismi o Ale Sanz también.
Y cada vez que escucho “Como yo te ame” se me erizan los pelos de la nuca.
Vuelvo a las épocas felices de mi tierna adolescencia, donde creía en el amor eterno, donde esperaba al príncipe azul.
Eran tiempos de esperanza, de fe, de optimismo y, como no podía ser de otra manera, coronados por los “Romances” de Luismi.
Pero la vida cruel se empeña en hacer bosta las ilusiones de las jovencitas cursis como yo. Y un día, además de descubrir que tenés las tetas caídas, te das cuenta que el amor eterno dura tres polvos, y no hay príncipe, ni azul ni verde ni violeta, niente, nothing.
Y así pensamos que la culpa la tienen estos señores que escriben canciones de amor cursi, como si ellos tuvieran algo que ver con nuestros continuos fracasos amorosos, el miedo al compromiso, la rutina, los delirios de grandeza, la falta de amor propio y los celos.
Estos señores nos venden lo que queremos comprar. Y todas queremos sentir esas cursilerias que cantan estos tipos, queremos inspirar canciones de esa clase, así que compramos. La culpa es nuestra, aceptémoslo. Estos pobres hombres lo único que hacen es vendernos un show que queremos comprar de puro masoquistas que somos y llenarse los bolsillos de platita con nuestra estupidez.

domingo, 2 de marzo de 2008

Una mujer inteligente - Segunda parte

Amigos les acerco la segunda parte del revelador mail que me envió la Gaby. Esto es para seguir confirmando lo boluda que soy. Espero sus observaciones al respecto

TODA MUJER DEBE SABER

- Cómo enamorarse sin dejar de ser ella misma.
Yo siempre le hice caso a mi vieja, que sabiamente, dice que uno se mimetiza con sus parejas, qué después de muchos años de relación, uno empieza a absorber rasgos de la personalidad de su compañero. Y porque la convivencia te lleva a ceder ciertas cosas y aceptar otras. Y a mi la vida me enseño que después de varios años juntos, es necesario reinventarse, porque si no la relación se va al tacho, cosa que no queremos si es que estamos enamoradas.

- Cómo renunciar a un trabajo, terminar con un novio y confrontar a un amigo sin arruinar una amistad.
Primero que nada la amistad es una relación reciproca y de horizontalidad. Así que convengamos que uno con su jefe no es amigo, es el empleado, hay una relación subalterna ahí. Con los ex no se puede ser amigo, podés tener una excelente relación, pero amigo lo que se dice amigo, jamás. Vamos, no nos mintamos en esto Y si uno es realmente amigo, no tenés porque arruinar una amistad si le decís al otro algo que te molesta. Digo, los amigos se aceptan tal cual son…

- Cuándo intentarlo todo... y cuándo alejarse.
Pero ¿cuál es el punto exacto en que una está pasando de ser perseverante a ser acosadora? Esto es algo que nunca tuve en claro, porque con eso de que “El que persevera, triunfa” he conocido a más de un/a acosador/a que no se daba por vencido ni aún con una orden de restricción.

- Cómo pasarla de maravilla en una fiesta a la que no deseaba asistir.
Discúlpenme, pero si yo no quiero ir a un lado, no voy y listo. Yo soy una señorita sociable y fiestera, y a las fiestas que no quiero ir son en las que realmente me sentiré incomoda. No hay forma que la pase bien en el bautismo del hijo del ex al que sigo amando. ¡No me jodan!

- Cómo pedir algo que realmente desee de manera que casi seguramente lo consiga.
¡Ah no! ¡Qué viva! ¡Que de la clave! Miren que yo pido y pido, y nunca me dan lo que quiero. Ahora necesito saber que estoy haciendo mal.

- Tiene que entender que no puede modificar el ancho de sus muslos ó sus caderas, ó la forma de ser de sus padres.
Si a los 28 años no acepté mi traste estoy frita, lo voy a seguir teniendo el resto de mi vida, así que más vale que hagamos las pases, lo mire con cariño y se porte bien cuando lo necesito. Lo mismo me pasa con mis señores padres.

- Que su niñez pudo no será perfecta... pero ya terminó.
Mi niñez fue buena. La que me cagó la vida fue la adolescencia, signada por Corín Tellado, Andrea del Boca en Celeste, la alergia al chocolate y la profe de Lengua y Literatura.

- Como vivir sola... aun si le desagrada.
A ver si nos ponemos de acuerdo en algo. Para convivir con alguien, primero es necesario llevarse bien con uno mismo. A mi particularmente me cuesta vivir conmigo por la mañana temprano o cuando estoy a dieta. Sino aprendo a controlar mis instintos homicidas de esos momentos… ¡Pobre el hombre que tenga que despertarse conmigo cada día de su vida!