lunes, 28 de abril de 2008

Solterita y sin apuro

Resulta ser que desde que estoy solterita, he pasado por varios estadios. Se imaginan con la desequilibrada que soy ya de por si cuando estoy estabilizada emocionalmente, cuando me ocurre algo que no tenía planificado, entro en shock y comienzo a desvariar.
Así que paso a contarles cuales han sido mis estados anímicos de los últimos meses:
El primero fue de desazón. No me reconocía a mi misma. Me miraba al espejo y tenía la sensación de estar mirando a una completa extraña. Más de una vez, en algún local de ropa con paredes espejadas, me he quedado sorprendida porque he creído que la mujer que me miraba detrás del mostrador con cara de “Yo te conozco de algún lado” era una ex compañera de la Escuela, sin percatarme que era yo misma.
Después empecé a estar desesperada por encontrar un señor que quisiera hacer uso de mis instalaciones físicas. Cada espécimen masculino catalogaba de “apetecible” y andaba por la vida provocando descaradamente, sin importarme mi dignidad ni mi salud.
Luego comencé a sentirme desganada, aburrida y hasta un poquitín resentida hacia todo el sexo masculino. No quería que se me acercara un tipo ni a 20 cuadras a la redonda. Todos, pero absolutamente todos, eran egoístas, injustos, irresponsables, inmaduros y demás adjetivos que calificaban a mi ex. Ósea no podía discernir, metía todo en la misma bolsa, así que no quería a nadie que viniera a perturbar mi preciosa soledad.
Pero como a mi nada me dura demasiado, y menos los estados anímicos, empecé a sentirme frustrada y fracasada. Me sentía el bicho canasto más horrible de este cosmos. Nadie nunca me iba a querer, no me merecía ni el amor ni la pasión de ningún señor que pisara el planeta tierra. Me iba a morir seca y sola como la mismísima Zoraide de la novela El Clon.
Sin embargo este estado se me pasó, y ahora estoy atravesando una etapa, que definiría como “intelectual”. Me he dedicado a hacer un estudio socio-antropológico de la soltería. Ósea la he tomado como objeto de estudio para elaborar una tesis que me permita descubrir unos tips para vivirla de la manera menos traumática posible para los seres que deben compartir mi cotidianeidad y soportarme los ataques de soltera desesperada a la que el reloj biológico, aturdiéndola, le marca el paso del tiempo.
Yo no se si me servirá de algo, pero por lo menos, al estar ocupada en mi nueva investigación, no torturo a mi amistades con el asuntito de que me voy a morir soltera, no ando acosando hombres, y no sufro delirios persecutorios. Digamos que mi nuevo proyecto me tiene tan entretenida, y quien te dice que capaz que no se me note tanto que necesito un tipo, y me cruzo con alguno que se piensa que soy toda una intelectual, superada y segura de si misma y…¡¡¡Se me da!!!

martes, 22 de abril de 2008

Año Nuevo, Crisis Nueva

No estamos ni a mitad de año, pero como era de esperarse, ya entre en crisis otra vez.

A saber:

1- Me quiero teñir el pelo de rubio, a pesar que lo intente 3 veces, y siempre me quedo anaranjado, no me rindo.
Si Natalia Oreiro puede ser rubia ¡¡¡¡Porque yo no!!!!

2- Ya empecé a somatizar. Me agarré una gripe que me tiró tres días en cama, a pesar que me tomé dos tiras de Qura Plus.
Y no me vengan con que los antigripales no sirven, si cada vez que vas al médico, el tipo te dice que es virósico y no te quiere dar antibióticos hasta que no levantás 38 y medio de fiebre.

3- Me siento identificada con el personaje de Nancy Duplaá en Socias.
Me encantaría tener el marido que tiene ella en la vida real, y sé que es envidia lo que tengo. Pero de la sana, claro está.

4- No me enganché con la novela de Facundo Arana.
Si, la Antonopulos no me gusta.

5- Ya empezó Bailando por un sueño, y todavía no sé quienes son las “estrellas” que acompañan a los soñadores.
Sé que está la Cicciolina, y Marianela de Gran Hermano, entre las dos, adivinen ¿cuál prefiero que gane?

6- Me niego rotundamente a asistir a eventos de distinta índole donde tenga que pagar entrada.
No comment. No hay nada que pueda decir a mi favor, es simplemente un berretín que me agarró.

7- El tarot y el i ching ya no me satisfacen.
Si mis amigas no me regalan las runas para mi cumpleaños, deberé hacer yo esa inversión.

8- Intenté, por tercera vez, ver la primera temporada de Lost, pero me dormí a los 20 minutos del segundo capitulo.
Estoy perdiendo parte de mi circulo social, me estoy quedando fuera de las charlas.

¡Por Dios que largo que se va a hacer el 2008!

jueves, 17 de abril de 2008

¿Mas vale pájaro en mano…?

Yo no he sido jamás mujer de realizar el acto venéreo con un señor desconocido. Conozco muchas señoritas que salen a algún bolichongo, habiendo ingerido ya varias copas de algún brebaje afrodisíaco, conocen un tipo, y se lo llevan a su casa, o a un telo, o van a la casa del señor en cuestión. No digo que esté mal, simplemente que a mi no me sale.
Reconozco que es buena forma de darle vida al cuerpo, pero yo no la práctico porque para mí lo mejor del sexo viene cuando se tiene cierta confianza con la persona con la que se está compartiendo el lecho. No digo que para que el sexo sea bueno hay que estar en pareja y enamorado, simplemente mi punto es que uno hace ciertas cosas, cuando hay un poco de confianza con el otro. Principalmente porque te soltás más, ósea no te agarra la timidez ni la verguenza.
Y otro temita fundamental, es que anda dando vueltas tanto loquito por ahí, que una no sabe si es un asesino serial (violador no va a ser, porque si nos vamos con él es porque nos vamos a dejar) Capaz que mi problema esté en que veo mucho noticiero y que valoro mucho mi vida para andar arriesgando mi cogote al primer gil que se me cruza, con tal de mover un poco el estofado.
El tema es que no da para pedirle un ADN, certificado de buena conducta y carnet de socio del video club que acredite que está al día con las entregas. Yo lo haría de mil amores, pero temo que ellos lo tomen a mal, que piensen que más que preocuparme por mi continuidad en el planeta tierra, infieran que pretendo dejar descendencia uniéndome carnalmente a ellos.
Igualmente, luego de escuchar las aventuras de mis amistades y compañeras de trabajo y estudio, he hecho la prueba, pero he entrado en un terrible conflicto existencial.
Es consabido que de histérica no tengo un pelo, así que cuando me he estado besuqueando con un señor, e insinuándole que el próximo paso a seguir era la removida de guiso correspondiente, en los escasos momentos de lucidez me ha entrado el cagazo de que el quía sea un homicida en serie, y me imagino en una bolsa de consorcio debajo de las vías del ferrocarril, mientras la ciudad está empapelada con mi cara, ya que mi circulo intimo sospecha que me han raptado los de la trata de blancas.
Entonces comienzo a dar excusas más que pelotudas, para no irme con el tipo. La más usada es el “Hoy no puedo, me vino Andrés”. Si el tipo con eso no se acobarda, le tiro un: “Lo que pasa es que vine con una amiga que está muy borracha y no la puedo dejar sola” Ya a esta altura, el potencial homicida se está dando cuenta que me cagué, pero no se da por vencido y me dice: “Bueno, la llevamos hasta la casa y de ahí nos vamos”
¿Y hay forma de salir de está situación de una manera elegante y sin que el tipo piense que soy una histérica? Yo por lo menos no la he encontrado. He ensayado varias, pero todas tuvieron el mismo desenlace, el tipo tachándome de histérica y cagona lisa y llanamente, dejándome sola y sin una mísera cita para el sábado que viene en el mismo lugar, y ni hablar de pedirme el número telefónico.
Entonces ¿que hacen las pavotas como yo? Recurrimos a la lista negra de ex (Necrofílicas diría Maitena) o a algún amigo bien gauchito, siempre predispuesto a favorecernos, porque nos pensamos que es más conveniente el “Mas vale malo conocido que malo por conocer”.
Ahora yo me pregunto, no dicen que ¿El que no arriesga no gana?

domingo, 13 de abril de 2008

Y si no me tienen fe


Soy una señorita de 28 años, soltera, con un lindo trabajo (¡bah! Por lo menos a mi me gusta muchísimo y me hace feliz, cosa fundamental si las hay), vivo sola, tengo unas amigas geniales, una familia símil “Los Locos Adams”, que por suerte cuanta con dos sobrinos maravillosos. No derrocho virtuosismo, pero solo he cometido pecados capitales, por lo tanto aún no me han excomulgado de la Iglesia. No seré Angelina Jolie, pero después del segundo ferné de mi interlocutor, o para los niños menores de 6 años tengo un aire a Pamela David (¿?)
Pero tengo un terrible problema, elijo mal a mis parejas. Ya se que esto para mi círculo íntimo es de una brutal evidencia, pero les juró que por más que le doy vueltas al asunto, para encontrar que es lo que hago mal, no le encuentro ninguna explicación, ni motivos que lo justifiquen.
Igualmente, estos últimos días he tenido muchas charlas con mis amigas solteras, y he llegado a una conclusión fundamental para empezar a resolver mi problemita.
Resulta que yo pensaba que lo mío era mala suerte, porque no podía ser que todos los tipos que se me acercarán solo quisieran una relación circunstancial, ósea ponerla cuando tuvieran ganas y luego “tasa, tasa, cada cual a su casa”. Y eso que cuando apenas conozco un tipo, jamás utilizo en una misma frase: matrimonio, perro labrador blanco y sapito de la manguera. Pero igual se rajan al primer indicio de estabilidad que vislumbran por mi parte.
Una amiga mía dice que nunca hay que mencionar que queremos una relación seria, aunque sea eso finalmente lo que andamos buscando. Pero yo creo que el problema radica en que una se equivoca desde el vamos con los hombres. No se porqué las mujeres nos empeñamos en tenerle la vela a tipos que no quieren compromisos y no solo te lo demuestran, te lo dicen explícitamente. Y miren que yo soy tan creyente, que a algunos, hasta les he organizado una procesión. Pero les pongo un ejemplo bien clarito:
Una conoce un señor, sale dos o tres veces a tomar algo, charla cosas que a ninguno de los dos les importa demasiado, porque ambos están esperando el momento de la copulación. Cuando este llega de una buena vez, las salidas se centran básicamente en la realización de la misma. Al principio una está tan caliente que lo único que quiere es estar abotonada, así que cuando te encontrás con él, y te vas a tomar algo, lo único que pensás es: “Por dios, ¿Cuánto tiempo más vamos a estar?”
El problema viene cuando pasan los meses, y todas las salidas son iguales. Ósea el tipo no quiere ir al cine, ni ferias, paseos o eventos artísticos, ni hablar de ir al cumpleaños de algún amigo. Así las cosas, una empieza a preguntarle que le pasa con una y él te lanza respuestas evasivas, pero que esconden una gran verdad, te dice cosas como: “Yo la paso muy bien, así, con vos”, “Recién te estoy conociendo”, y todas frases similares que en el fondo te gritan: “No quiero más compromiso, me gusta encamarme con vos, y no me pidas más”.
Y nos sinceremos, una entiende muy bien lo que el tipo te esta diciendo. Entonces me pregunto: ¿Por qué nos empeñamos en tenerle la vela a un tipo, que sabemos que no nos va a dar lo que queremos?
Además él nunca nos prometió nada, siempre nos fue de frente y nos dijo lo que le pasaba, o más bien, lo que no le pasaba. Entonces no le echemos la culpa a él. No es que a nosotras solamente se nos acercan tipos que no quieren compromisos, nosotras somos las que elegimos seguir con ellos. Porque tranquilamente le podríamos decir: “Mirá querido. Todo muy lindo, la pasé muy bien, pero yo ahora quiero otra cosa para mi, que vos no estás dispuesto a darme, así que muchas gracias por todo. Adiós”. Pero no.
¿Qué hacemos nosotras? Seguimos con él, esperando que algún día quiera tener una relación más estable y con un futuro promisorio.
Pero el tiempo sigue pasando y ni vistas de compromiso alguno.
Y ahí es cuando el baldazo de agua fría nos despierta de nuestro sueño de la Cenicienta. Y él pasa de ser el príncipe valiente que nos salva de la soledad, a ser el dragón que cuida de nuestro cautiverio, llamado soltería, en la torre más alta del castillo.
Le echamos la culpa de que nos hizo perder el tiempo generándonos falsas expectativas, pero, en el fondo y aunque jamás lo reconozcamos, todas sabemos que fue nuestra cabecita de novia la que se las generó solita.
Yo creo que la clave está en que no le tenemos que pedir a alguien algo que no nos quiere dar. Una debe saber retirarse a tiempo, con la frente en alto, y partir en busca de alguien que ofrezca lo que queremos recibir.

martes, 8 de abril de 2008

Más vale solo

Ser soltero llegando a los 30 o pasandolos no es fácil. Sobretodo por los comentarios maliciosos de la gente, que te dice cosas como: “¿Por qué estas sola/o? Porque no me vas a venir a decir que alguien como vos no tiene candidatos”… O si no tenés a algún familiar que te mete presión diciéndote: “Ya estás grande y todavía con el pescado sin vender”, y otros dichos similares que te indican que ellos están convencidísimos que estamos solos porque somos unos jodidos, sea por exigentes, o por mañosos, o por ambos.
Y uno se gasta 3 horas de nuestro preciado tiempo explicándoles que no nos vamos a enganchar con el/la primer/a gil/la que se nos cruce solamente para estar acompañada/o, que ya estamos grandes, que sabemos lo que queremos o lo que no (que es casi lo mismo), pero que nos encantaría encontrar a alguien con quien compartir la vida.
Pero no, ¡no te escuchan! Siguen empecinados en que uno está solo porque quiere.
Y encima si sos hombre tenés que escuchar como la gente susurra a tus espaldas: “Este debe ser un mañoso bárbaro, porque seguro que tuvo una relación conflictiva con la madre y por eso le huye al compromiso” y varias cosas más con tinte homofóbico y prejuicioso que no pienso reproducir porque me da vergüenza ajena.
El tema es que estar solteros llegando a los 30 no es fácil, más que nada porque hay varias cosas que tenés que tener en cuenta a la hora de buscar una pareja.
A saber:

- El paso del tiempo ya se está haciendo notar en tu cuerpo, y no solo ha comprometido tu belleza, sino también tu estado físico. Así que además de tener las cachas caídas, canas, arrugas, celulitis, estrías, poco pelo, etc., etc., te agitás, te duelen los huesos y los músculos, sufrís de acidez y demás achaques que te aparecen con la edad. Por lo tanto no solo gastas un platal en productos y tratamientos de belleza, ahora se suma la cuenta del médico y la farmacia, con el solo objetivo de parecer vitales.

- Y como el cuerpo ya no te ayuda como debería, necesariamente tenés que cultivarte y mantenerte informado, porque es la mejor arma de seducción con la que, uno de 30 para arriba, cuenta. Imagináte, que ahora que la primera impresión no nos juega a favor, si o si, tenemos que aprovechar los minutitos que nos concedan para demostrarles que por lo menos estamos instruidos en algunas cosas y hasta podemos hacerlos reír.

- Bajás los niveles de exigencias a la hora de buscar pareja. Más que nada porque ya sabés que no existe nadie perfecto, y que vas a tener que hacer concesiones a la hora de llevar adelante una pareja lo más armónica posible. Uno ya está viejo y mañoso, y sabe que si busca a alguien de su edad seguro tendrá sus pequeñas miserias, así que contamos hasta 45, cerramos los ojos, cortamos el canal de comunicación y le damos para adelante.

- Tenés que tener en cuenta cosas en las que antes no te fijabas, como su trabajo y las expectativas profesionales o laborales, porque ya estás curado de espanto y no ignorás que el “contigo pan y cebolla” solo sirve cuando sos adolescente y todavía tus viejos te financian las salidas.

Y aunque haya muchos que se jacten de no necesitar a nadie, a esta altura del partido, todos tenemos en claro que eso es una gran hipocresía, que nadie quiere estar solo, que todos buscamos alguien que nos acompañe, que nos emocione, que nos conmueva, que nos haga reír, que nos llene de placer. Y no da quedarse encasillado en una relación mediocre que está predestinada al fracaso, únicamente para no estar solos, ni para que los demás no piensen que somos unos solterones mañosos y fracasados.

viernes, 4 de abril de 2008

El hábito no hace al monje


Yo ya de por si soy una mina jodida. Primero que nada soy mujer, por lo tanto insatisfecha por naturaleza, y además, geminiana, léase: clicotímica.
Pero no solo esto, por las mañanas tengo un humor de perro buldog que me lleva en andas, los médicos recomiendan que se me hable luego de una hora de despierta si no estás vacunado contra la rabia. Y ni hablar de cuando estoy indispuesta, imagínense que ya de por si soy recontra susceptible, así que cuando estoy en “esos días” si me miraste fuerte seguro que me largue a llorar porque me maltrataste, para colmo de males me resfrío. Si señores, no tiene nada que ver la temperatura ambiente, cuando me indispongo me resfrío, es simple, no me pregunten causas porque clínicamente no las hay, pero a la señorita que suscribe las hormonas se le disparan para cualquier lado.
Hecha esta pequeña introducción, paso a contarles que recientemente me han ascendido a Directora Ejecutiva del lugar donde trabajo.
El equipo que dirijo es pequeño, son 15 personas, de distintas franjas etarias y estratos socio-culturales. Sin mencionar que durante 5 largos años fueron mis compañeros, por lo tanto no vamos a decir que me ven como una gran figura de autoridad.
Pero ahora soy la señora directora y se la tienen que mamar, sobre todo porque la decisión fue consensuada entre todos, los ingenuos piensan que yo tengo el perfil, y no los pienso avivar, que se vayan dando cuenta solitos su alma del error que cometieron.
Así las cosas, esta semana tuve mi primer problema con el equipo a mi cargo.
Vinieron a reclamarme que se había acabado el gas y que la persona que lo tenía que comprar los venía bicicleteando, por lo tanto no había forma de preparar el desayuno para los chicos, y seguro se iba a armar quilombo. Yo ya lo sé, estas son las cosas de las que me tengo que hacer cargo, no solo tengo que gestionar fondos, traccionar y supervisar las actividades de cada uno, también tengo que oficiar de arbitro en las pequeñas disputas internas. Pero yo recién llegaba, ergo hacía media hora que me despertaba, y para colmo estaba en “esos días”, se imaginaran que ante el planteo solo se me ocurrió decir: “¿Y porque no van a comprar gas? En vez de venir a acusarla a la otra, explicáme lo que está pasando, y te autorizo el gasto, y después hablo con ella” Obviamente se lo dije con una cara de bragueta que me llevaba en andas, casi susurrando y mirándolo por encima de los anteojos. Pero no solo esto, cuando se estaba yendo, refunfuñando por lo bajo, le dije: “Cuando ya haya gas, traéme un café caliente, y cuando salgas cerrá la puerta y no me molesten por favor”. Y ahí mismo se armó la batahola, el tipo (un señor de 50 años) se dio media vuelta y me soltó (como si yo no fuera la señora directora): “¿Qué te pasa? ¿Hoy te viniste en princesa?” Y yo, que de la indignación no podía gesticular palabra, solo pensaba: “… ¿Porque nadie me entiende?… Yo no estoy para resolver estas boludeces, tengo problemas mucho más graves… ¿Porque no me respetan? soy la autoridad máxima… ¡Quién me manda a mi a aceptar estas cosas!…”
Pero como soy una lady, desorbite los ojos, fruncí el ceño y solo le dije: “Por favor retirate, no quiero discutir con vos”. Y cuando el tipo dió un portazo le grite: “Y no te olvides del café”, que obviamente no me trajo. Cuando más o menos calculé que estaría en el Comedor, me paré, cerré la puerta de mi oficina con llave y me largué a llorar como una tonta.
¿A ustedes les parece venir a tratarme de princesa a mi? Que siempre estoy presta a hacer los favores necesarios para que todos puedan hacer su trabajo sin inconvenientes, que soy la que dá la cara por todos, y que encima soy mujer y estoy sensible. ¡Son unos desagradecidos, esto es una injusticia!. Y lo peor de todo es que saben que a la hora se me pasa, y que jamás tomaré una represalia contra nadie.
Además, soy la señora directora ¡caramba! Pero ya nadie tiene respeto hacia las investiduras, las instituciones están siendo socavadas, y a mi: ¡me duelen los ovarios!