domingo, 28 de septiembre de 2008

La que nos faltaba

Pelotudez que anda dando vuelta sobre el amor, pelotudez que leo, antes me contentaba con poemas o novelitas de Corín Tellado, a medida que fui creciendo se me dio por las grandes novelas de amor, onda: “Cumbres Borrascosas” o “El amor en los tiempos de cólera”. Actualmente, mitad vicio de profesión, mitad que los años no vienen solos, se me ha dado por leer informes periodísticos sobre investigaciones científicas. Pero lo último que leí, me enajenó de la indignación, que quieren que les diga.
Escúchense esta, ahora parece ser que la culpa de la infidelidad de los hombres la va a tener un gen, el alelo 334 (Y que otro nombre le iban a poner), que gestiona la vasopresina, una hormona que se reproduce naturalmente con los orgasmos, según un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo (Esto si que es el colmo) Discúlpenme, pero es inevitable hacer esta clase de chistes estúpidos, al leer semejantes barrabasadas.
De ahí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable.
El análisis se llevó a cabo durante al menos cinco años con parejas heterosexuales -más de 1.000, de las cuales 550 eran gemelos- que confesaron en test psicológicos si se sentían felices, cómo era su convivencia, si se reían o besaban mucho y sobre el futuro de su relación.
Imaginate esta situación: llegás a tu casa, cansadísima después de haber laburado todo el día como una mula de carga, pensando en que tenés que ir a cocinar, limpiar la casa, poner el lavarropas, bañarte y producirte cual gatúbela para que tu bienamado no busque fuera de casa lo que no encuentra dentro de ella. Y te lo encontrás a él, revolcándose lujuriosamente con un “gatopardo” en TU lecho nupcial. Mitad paralizada por la sorpresa, mitad porque estas tan cansada que no tenés fuerza para agarrar el perchero y partirselo en el lomo, y él muy suelto de cuerpo te escupe un: “No lo pude evitar mi amor, es que tengo el alelo 334. No es que no te quiera o no sea feliz con vos”. Yo ahí mismo saco fuerzas de donde no tengo, y después de cagarlos a percherazos a los dos, los echo a la cochina calle, en pelotas, y les revoleo la ropa por el balcón (Siempre quise hacer eso, necesito casa o depto de dos pisos con balcón a la calle), gritándole: “Hijo de una manada de p…, que alelo ni que ocho cuartos. Explica eso en el Juzgado la recon…. de tu santa madre, esa vieja arpía que en esto no tiene nada que ver, pero siempre te lo quise decir. Y más vale que ni se te ocurra caer con un estudio genético, porque te juro que te cocino en puchero. Así que raja inmediatamente porque no quiero que las viejas chusmas de las vecinas hablen una semana seguida de mi, en la verdulería” Y luego de semejante monologo reparador, cierro el balcón triunfante.
Obvio que después me revuelco en el piso (porque en la cama ni en pedo) a llorar cual magdalena por la traición de este sátrapa, luego me agarrará la angustia oral consecuente y así, pero bueno esa es otra historia.
Lo bueno fue que en el resultado de la investigación, las esposas de los hombres con el alelo 334, reconocieron que se sentían menos satisfechas con sus cónyuges que las que se casaron con hombres sin esta variante genética. Ósea que son más mujeriegos, pero menos cumplidores. Así que no sé hasta que punto los señores con un ego colosal se van a animar a esgrimir como defensa a su infidelidad la existencia del alelo 334 en su organismo, ya que eso implicaría reconocer que son malos amantes.
¿Vieron? Dios aprieta pero no ahorca.


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Fuente

lunes, 22 de septiembre de 2008

Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires

Vaya a saber porqué, pero todas las parejas que conozco entre oriundos de Buenos Aires y de Córdoba, están formadas así: ella cordobesa, él porteño.
¿Será que a las mujeres porteñas no le gustan los hombres cordobeses, o a estos últimos las porteñas?
¿Será que las cordobesas nos cansamos de nuestros compatriotas y los porteños de las suyas?
Pero siendo así:
¿Porqué no con hombres oriundos de otras provincias, como San Luis, Santa Fe o Salta "la linda"? pongamoslé
Nadie desconoce que somos una sociedad machista en donde la mujer sigue siendo el sexo débil (le guste o no a las feministas), y esto se repite tanto en las relaciones de pareja como en cualquier orden de la vida, aunque bien se sabe que: “El hombre propone y la mujer dispone” aunque todos prefiramos pensar que es él el que tiene el poder y el control de la relación.
Ellos por puro ego machista, nosotras para engancharlos.
Y si relacionamos esto último con nuestra realidad socio-histórica-económica como argentinos, me surgió otra inquietud, aunque no pienso ponerme a criticar a los porteños, e incurrir en ese concepto (prejuicioso en la mayoría de los casos) de que los porteños se creen el ombligo del mundo argentino.
Entonces:
¿Será que nos gustan los porteños, porque somos las más seducidas por el brillo de la big city y en el fondo solo buscamos que alguien nos lleve a triunfar allá?
O ¿Será que les gustamos a ellos porque somos las menos chuncanas, pero todavía nos embobamos por las luces de la gran ciudad?

martes, 16 de septiembre de 2008

¿Cada uno en su casa, y Dios en la de todos….?


Hace días me ronda una duda casi existencial me arriesgaría a decir:
¿Funcionan los amores a la distancia?
Confieso que conozco casos en los que si, como también confieso que sostuve dos, pero ninguno prosperó más allá de un par de meses.
El primero de ellos fue con un lindo muchachito mendocino que conocí en unas “vacaciones” allá por el año 1997. Fueron los mejores 10 días que pasé en mi vida, y una de las relaciones más sanas que había sostenido hasta ese momento. Y como era una cursi y novelera muchachita, me enamoré hasta la médula y creo que él también.
El tema es que luego cada uno debió volver a su lugar de origen, y a pesar que nos escribimos cartas cargadas de amor meloso y nos llamamos varias veces (yo más que él, para serles sincera), nuestro encuentro en las vacaciones de invierno finalmente no se pudo dar, lo que irremediablemente hizo que la relación se enfriara, al punto de que decantara en un desinterés de ambas partes.
Debo confesar que a pesar que sufrí muchísimo la distancia física con mi amado de turno, la finalización del romance no fue para nada dolorosa.
Luego llegaron otros hombres, y me fui olvidando de él lentamente, como todas las cosas tristes de mi vida.
Allá por el 2001, luego de la primera separación con el innombrable, conocí a un chico muy simpático, dulce y también con el corazón hecho añicos, que había venido desde Rafaela (pueblo santafesino para aquellos que no saben) para olvidar a su eterna novia que le había colgado la galleta pocos meses antes de casarse.
Al principio y como él era amigo de un noviecito de mi hermana menor, nos hicimos “compinches”. Nos contentaba poder regodearnos de nuestras desgracias, pero consuelo, consuelo viene, no pudimos evitar sentir una extraña atracción que desencadenó en unas tremendas noches de lujuria (eran maravillosas las cosas que me hacía este muchacho, una pena sin duda cuando se cortó el chorro)
Pasado varios meses y luego de gastarse todos sus ahorros, recurrir a un crédito paterno, y vivir de los amigos algunas semanas más, como no encontraba trabajo se tuvo que marchar a su Rafaela natal. Nos llamamos, escribimos y prometimos visitarnos muy seguido hasta que él pudiera volver. Pero las conversaciones telefónicas se hicieron más esporádicas, las cartas menos pasionales y un buen día, yo reincidí con el innombrable, y él con su ex, y no volví a saber nada del que considero fue el único novio como la gente que tuve.
Ambas experiencias me dejaron la convicción de que los noviazgos a la distancia no prosperan, pero últimamente estoy observando las experiencias sentimentales de algunas de las mujeres de mi entorno, una colega, una de mis mejores amigas y mis hermanas.
Mi colega, que debe hacer larguísimos viajes ya que su novio reside en Bariloche, ha encontrado un método más que conveniente. Viajan fin de semana de por medio, una vez cada uno.
En el caso de mi amiga, que tienen muchas menos horas de viaje ya que su amorcito habita en Santa Fe, se trasladan todos los fines de semana, una vez cada uno.
Además mis dos hermanas, casadas ellas, tienen maridos que trabajan viajando y a los que solo ven los fines de semana. Llegan los viernes a la noche y se van los lunes tempranísimo, y dentro de todo tienen un matrimonio bastante normal.
Muchos objetaran que al verse solos los fines de semana, es más facil llevar la relación de manera armoniosa. Pero no se crean, ya que cuando se ven se pasan las 24 horas del día juntos. Comen, se bañan, duermen, y hasta cagan juntos, y no es nada facil cuando uno está acostumbrado a estar solo y tiene sus rituales y mañas.
Es así que esto me llevó a pensar que capaz que en el momento en que se dieron las mías, como yo era chica y vivía con mi padres, dependía totalmente de ellos para cualquier actividad, y ellos no es que fueran castradores, pero no me iban a dar permiso ni plata para viajar, ni con 18 la primera vez, ni con 22 años la segunda, a otras provincias para ver a mis noviecitos y hospedarme en sus hogares, ni hablar de recibirlos a ellos en mi casa materna.
Supongo que si ahora me tocara sería distinto. No vamos a decir que gano un platal en mi trabajo, pero si podría darme el lujo de hacer un par de viajecitos y como vivo solita mi alma, ya no les tengo que pedir permiso ni dar demasiadas explicaciones de mis actos a mis señores padres.
Además no solo lo digo, sino que lo recontra afirmo: el amor es una de esas pocas cosas por las que vale la pena, el esfuerzo y el sacrificio, luchar.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Cuestión de piel


¿Qué una mujer vaya caminando por la calle y todos los obreros de la construcción que se cruce en su camino, la piropeen, es señal suficiente de que la mina esta realmente buena?
Lo pregunto porque hace unos días me paso eso, es más hasta uno de ellos me siguió como 3 metros, explayándose sobre cada parte del cuerpo que tenía planeando lamerme si es que yo aceptaba su propuesta.
Obviamente, como soy una dama, ni gesticule, mirada al frente, sorteé estoicamente los escombros que descansaban en la vereda camino a mi lugar de trabajo. Estando ya unos metros más lejos de mis “admiradores” me sonreí, y no pude evitar sentirme la mismísima Afrodita, y en un terrible acto de egolatría me dije: “¡Estás buena Laura!”
Confieso que esa situación me mantuvo la sonrisa buena parte de la mañana, pero con el correr de la tarde, mi reciente vanidad fue decantando en la pregunta que formule al comienzo de este post.
Yo sé que la belleza es algo totalmente subjetivo, y que no alcanza solo con el atractivo físico, sino que los gestos, los ademanes corporales, la ropa, el peinado, y la elegancia y sensualidad con que una mujer se maneja, también hacen su aporte para que la mina en cuestión sea considerada bonita. Ósea que para algunos, una puede ser una verdadera belleza, y para otros ser una más del montón. Y con los caballeros pasa algo más o menos parecido.
Pero si nos ponemos a filosofar sobre la atracción que existe entre dos personas, no podemos olvidarnos de la famosa y nunca bien ponderada “piel”, esa si que no entiende de belleza, ni subjetiva ni objetivamente hablando.
Hay personas que te ponen los pelitos de la nuca de punta con solo olerlas o rozarles la piel o escucharles la voz, y más de una vez te suele pasar eso con personas que no coinciden para nada con el estilo de "belleza" que te gusta, capaz que jamás en tu vida se te ocurrió mirar a alguien con determinadas características físicas, pero de repente te topas con alguien que cuenta con ellas, que no solo te atrae sino que además hasta te conmueve.
Hay algunos más científicos que dicen que somos animales con capacidad intelectual, por ende la piel es una cuestión hormonal.
Existen otros más místicos que se contentan con pensar que es una cuestión de almas predestinadas a estar juntas.
La verdad es que es mucho más romántica la ultima explicación, y como yo soy bastante soñadora (culpa de todas las Corín Tellado que leí en mi tierna adolescencia) me gusta inclinarme por esta teoría. Sin embargo como buena periodista que soy (o por lo menos eso intento) y en mi afán por investigar y llegar a la conclusión más acertada y objetiva posible, no puedo negar que la explicación científica es más realista.
Yo por las dudas, no digo de esta agua no has de beber, todavía y por hacerme la exquisita me pierdo al amor de mi vida, ese único que puede llegar a hacerme enloquecer hormonalmente al punto de convencerme objetivamente de que las almas gemelas existen.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Siembra rayos, y cosecharas tempestades

Evidentemente en mi vida pasada debo haber sido un hombre muy mentiroso, y mujeriego, y en esta estoy arrastrando este Karma y ahora, como toda una lady que soy me la tengo que bancar estoicamente.
El asunto acá es que tengo una especial tendencia a engancharme con tipos mujeriegos, mentirosos y cobardes, o con las tres características en simultáneo.
Y no es que a mi me gusten o busque tipos así para mi, simplemente son los que se me acercan. Porque a mi me gustan los tipos buenos, y han existido casos en que he conocido hombres maravillosos que se han sentido atraídos por mi, pero luego, sin ninguna explicación, no me dan más bola. Simplemente les dejo de interesar.
Pero los embaucadores sentimentales tienen un especial interés en sostener largas relaciones amorosas conmigo.
Es verdad que no soy una mujer fácil de tratar y aguantar, más bien me arriesgaría a decir que soy una jodida bárbara. Soy impulsiva, impaciente, empecinada y me aburro con facilidad de las cosas que antes me encantaban.
Pero tampoco soy una mala mina, tengo muchos buenos sentimientos, no tolero la mentira, soy solidaria, leal, respetuosa, trato de estar de buen humor, y cuando no lo estoy me recluyo en mi casita para no contagiarle mi mufa a nadie.
Encima una conoce cada tipazo, enamorado hasta la médula de una mina superficial, egoísta, caprichosa y paranoica, que no lo puede creer. Y piensa, “Acá hay tongo. Dejenme de joder. No puede ser, como ella si y yo no. Esta lo engualicho al tipo, sino no hay forma.” Pero resulta que la mina no lo engualicho, el tipo se enamoró de ella así tal cual es la señorita.
Entonces te queda ponerte a revisar tu conducta para ver que estas haciendo mal. Yo lo he hecho ¿Y saben qué? Les juro que no encuentro una explicación psicológica-científica que me ayude a entender porque esta clase de señores no se ponen de novios conmigo. Y como se ve que yo ya lo tengo asumidísimo, me resigno a mi realidad de mujer engañada, aportando así mi granito de arena para contribuir a este circulo vicioso que me tiene encerrada en relaciones que no me hacen feliz.
Así que ya no le busco más explicaciones científicas, lo mío es karmático que quieren que les diga. Me tendré que resignar (Porque si uno se queja del Karma, se pone más duro el asunto), y empezar a sumar puntos para el Darma (Que es como el Karma, pero al revés. Ósea son las buenas acciones que hacemos y que contrarrestan los efectos negativos del Karma).
Así que me seguiré enamorando de hombres excepcionalmente maravillosos que ni me miran, pero me seguiré enganchando con aquellos que ansíen formar un harem o aquellos inseguros de si mismos que les guste perseguir con celos injustificados a sus parejas, pero como tengo que sumar puntos para que en mi próxima reencarnación pueda tener una historia de amor digna de ser televisada en horario central, contaré hasta 250, cortaré el canal de comunicación y me haré la boluda hasta que aparezca el menos peor y con ese pueda ver, si a lo mejor, con un poquitín de buena suerte, la cosa toma un poco de color.

lunes, 1 de septiembre de 2008

¡Y después se quejan del excremento de perro!

Yo me pregunto: ¿existe algo más desagradable que un hombre caminando de la mano de su mujer por la calle y escupiendo en la vereda?
Digo yo, porque esa necesidad de expulsar esa secreción chirlemente espesa y verdosa, no solo en la vereda por la que TODOS caminamos, sino que además de la mano de su bien amada, a la que supuestamente debería conquistar a cada momento.
Porque le aviso al señor que tiene esta clase de mañas, que su accionar no es caballerezco ni galante, y que así como nosotras debemos ser toda una geisha, ellos también deben conquistarnos día a día, sino nos rajamos con todo nuestro "geishismo" a otra parte.
Y encima he visto algunos casos en los que pretenden estamparle un tremendo beso en la boca a la pobre dama que los acompaña. A mi un tipo me llega a querer dar un beso luego de haber escupido en mis narices, vomito ahí mismo.
Reconozco que sobre gustos no hay nada escrito, y que si a la amada del señor escupidor no le molesta, esta todo más que bien. Por algo existen como prácticas sexuales “la lluvia dorada” y “la lluvia negra”, ambas demasiado escatológicas como para ser sensuales, según mi punto de vista, claro está.
Y miren que soy partidaria de que las secreciones corporales deben ser expulsadas, porque hay que eliminar las toxinas que nuestro organismo desecha, pero hay que hacerlo en el baño o a lo sumo en el medio del campo, bien lejos del grupo de pertenencia, sin ningún humano a la vista y detrás de un árbol.
Entonces interrogo:
¿Qué se esconde detrás de esa muestra de exhibicionismo escatológico?
¿Por qué esa necesidad de contaminar nuestras calles con desechos tóxicos humanos?