domingo, 28 de diciembre de 2008

Lo que me costó el amor de Laura


La verdad es que no soy muy amiga de los balances de fin de año, encima soy medio básica y hasta trillada para las salutaciones navideñas. Pero como se está terminado el año, se me ocurrió que sería interesante hacer una especie de racconto de lo sucedido en este ciclo lectivo que ya se termina (¡Parece discurso escolar! Vieron que les dije que soy carente de imaginación para esto…)
Para comenzar a enumerar los hitos del 2008, hay que decir que empecé el año soltera, esguinzada, insolada, a dieta estricta, ascendida a Directora Ejecutiva del lugar donde trabajo, y obsesionada con los designios que me pronosticaban mis oráculos, todo eso en una Córdoba que parecía Londres de tan pasada por agua y gris.
Pasaron algunos meses, y entré en una tremenda crisis existencial a causa de mi soltería. Mi primita de 24 años se casó en abril, mi hermanita menor anunció su inminente boda, y mi sobrinita de 10 se pusó de novia con un compañerito del grado. Totalmente resentida con el género masculino en general, decidí que había llegado el momento de hacer terapia, flamenco y comprarme botas de taco aguja.
Pero cuando ya estaba dando por perdido el año, mi vida dio un vuelco inesperado aunque si muy ansiado y el amor tocó mi puerta, digan que yo ya había renovado el vestuario, y llevaba algunos meses de psicoanálisis, así que me agarró preparada como para disfrutarlo como lo estoy haciendo ahora. Esto, sin dudas, fue lo que salvó el año y es una de las mejores cosas que me han pasado, por lo menos, en los últimos tres años.
Esto, en muy resumidas cuentas fue lo que pasó en este 2008 que por suerte ya se acaba, más que nada porque estoy tan cansada, que en lo único que puedo pensar es en las vacaciones…
Vaya a todos ustedes que me han bancado (a pesar de lo abandonados que los he tenido) en todos estos largos meses, un agradecimiento enorme y mis mejores deseos para el 2009
¡A su salud!
Y que no se corte che…

jueves, 18 de diciembre de 2008

Para el amor no hay edad


Conversando el otro día con el dueño del departamento que alquilo, me vine a enterar de “una ley” que rige entre los hombres.
Este muchacho me puso al tanto de que existe un patrón que regula la diferencia de edad que debe existir entre el hombre y la mujer, que se calcula teniendo en cuenta la mitad de la edad del tipo, más siete años, ósea que si él tiene 44, la mitad seria 22, más 7 años, lo que nos daría un total de 29 años, que es la edad que debe tener la señorita en cuestión.
Si lo aplicamos a todas las franjas etarias, esta regla cuasi científica sirve para entender porque a los pequeñines de 10 años le gustan las de 12 o 13, o porque a los cincuentones les gustan las de 32. Según él, esta regla se ha visto favorecida y por ende ampliamente difundida y practicada, gracias al hallazgo cientifico del viagra y demás farmacos creados para el mismo fin.
Jamás me imaginé que la matemática podría llegar a aplicarse para explicar una conducta que, generalmente, estudia la psicología. Y menos aún que la medicina iba a hacer su humilde aporte a la causa...
Para serles sincera nunca creí que la diferencia de edad sea determinante a la hora de que una pareja funcione. Creo que hay cosas mucho más profundas que pueden llegar a socavar una “love history”, y no me refiero solo a acciones concretas como podría serlo el gorreo, hay otras cuestiones como la cosmovisión del mundo, los principios y las metas en la vida, todas cosas fundamentales a la hora de planear una relación de pareja madura y con futuro.
Conozco muchísimos casos en donde la diferencia de edad es grande, pero como se comparten muchos de los puntos mencionados en el párrafo anterior, el asunto se vuelve factible.
Y así como me ven, no solo he sido testigo. Sino que puedo aportar mi experiencia personal en este asuntito. Por ejemplo a los 20 años solía tener un “noviecito” 5 años menor (Digan que nunca se enteró un juez de menores, porque la cosa duró un año y medio, y me podrían haber metido en cana por estupro). Y no fue precisamente la diferencia de edad el causal de divorcio, sino los terribles cuernos que el señorito me metía, "delito" que sin duda no conoce de edad, sexo, raza, religión, ni ideologia politica.
En la actualidad, con mi amado inmortal también hay una diferencia de edad importante, nada más que en esta oportunidad la cosa es inversamente proporcional, ósea él es mayor por algunos años, y juro que más allá de algunos comentarios maliciosos de los que él es destinatario (lo tildan de “asaltacunas”, para colmo y no es por mandarme la parte, yo parezco como 5 años menor de lo que soy…) y de los cuales nos reímos mucho, eso no nos trae mayores inconvenientes.
Lo que si es evidente, es que hay toda una concepción diferente cuando la mujer es mayor. Es lo mismo que pasa cuando una mujer le da vida a su cuerpo embarcándose en relaciones sexuales circunstanciales o cuando le pone las guampas a su pareja: siempre está mal visto y no hay ninguna contemplación a la hora de tildar redondamente de “casquivana” a la mina que tiene estas costumbres sentimentales y/o amatorias.
Y contrario a lo que se piensa, está clase de pre-concepto no es exclusivamente masculino, es más las mujeres somos más duras a la hora de prejuzgar a las compañeras de género con las que no compartimos la metodología de vida.
Porque nos guste o no, las mujeres somos más machistas que los hombres.
Se ha escrito y hablado bastante sobre este tema, por lo tanto ponerme a reflexionar filosóficamente no redundaría en nada esclarecedor, sino más bien en algo trillado.
Así que solo voy a decir que si dos personas se aman y son felices juntas, ¡qué más da la edad que tengan! ¿Cuándo será el día que se den cuenta que todos seríamos más felices y la pasaríamos muchísimo mejor, si en vez de fijarnos en lo que hacen otros, nos dedicáramos a tener una vida propia y tratar de vivirla lo más placenteramente posible?

jueves, 11 de diciembre de 2008

Que seas feliz


Hace unos días tuve una charla más que jugosa con una gran amiga, recientemente abandonada por su bien amado. Como dignas representantes del género femenino, no hicimos otra cosa más que despellejar al señor en cuestión. No mencionaré los epítetos de los que fue destinatario este “buen hombre”, sino más bien quiero reflexionar sobre un punto en particular en el que nos centramos y por consiguiente, desmitificarlo.
Es una burda falacia cuando el “abandonado” (que todavía está enganchado hasta la cornea) hace destinatario al “abandonador” de cualquier buen deseo.
Cuantas veces hemos escuchado o pronunciado la frasecita:
“Ojala que encuentres alguien a quien amar y seas feliz, porque te amo y solo quiero tu felicidad”
¡Ja! Cuanta falsedad cabe en una sola oración…
Saquémonos las caretas, uno solo desea la felicidad del amado, cuando es uno el proveedor o causante de la misma.
Confesemos de una buena vez que uno, cuando pronuncia esa infame frase, en realidad lo hace como último recurso, porque ya ha utilizado todas las estrategias para evitar que el desagradecido del “amorcito amor” no lo abandone. Ya probamos de todo, desde arrastrarnos suplicantes hasta extorsionarlos con nuestra desaparición física o la de él, y como el muy infeliz no se dejó influenciar, le tejemos esta telaraña para que se conmueva y se arrepienta de su gran error, porque no va a encontrar alguien que lo ama más ni mejor que uno. ¡Sinceremonos caramba! la pronunciación de esta frase es un manotazo de ahogado, que en realidad solo esconde esta gran verdad:
“Ojala que te enamores, que te hagan sufrir mucho, que te arrepientas de haberme dejado, y vuelvas arrastrándote a pedirme que vuelva con vos”
No conozco una sola persona que tenga un corazón tan generoso como para desearle al “amor de su vida” que sea feliz con otra persona.
Los seres humanos, por definición, somos vanidosos, posesivos y egoístas, jamás desearíamos sinceramente que otro ocupe nuestro lugar y que encima desempeñe mucho mejor el rol.
En la única oportunidad en que el deseo de la felicidad del ex con otro, es realmente sincero cuando ya no lo amamos más. Como ya no nos interesa ni su bienestar ni su malestar, a modo de agradecimiento por los buenos momentos compartidos, le deseamos la felicidad, sea solo o acompañado. Y como seres humanos que somos, solo lo hacemos para que no nos joda con reproches ni suplicas, y nos deje vivir nuestra propia felicidad.

jueves, 4 de diciembre de 2008

El amor salva


Si ustedes son lectores asiduos de esta bitácora, se habrán dado cuenta que a la señorita que suscribe le ha picado el bichito del amor.
Seria una obviedad decirles que estoy muy contenta, porque estoy segurísima que se nota que ese resentimiento, que se leía explícitamente en cada uno de mis post, hacia todo el genero masculino ha mermado de una manera casi escandalosa.
Esta reciente felicidad está haciendo estragos en mi vida y en la de todo aquel que me rodee, si yo hiciera un esfuerzo sobrehumano para ocultar la cara de boluda que me aflora cada vez que me llega un mensajito de texto del susodicho o porque todos mis temas de conversación no terminen con alguna mención sobre él, igual se me notaría…he cambiado hasta algunos de mis hábitos más arraigados y mañosos.
He aquí algunos ejemplos:

1- Cocino (Aunque me tengan poca fe)

2- Plancho camisas (Hasta ahora una sola vez, pero lo volvería a hacer)

3- Paso larguisimas horas sacándome los pelos encarnados (No siempre con exito)

4- Casi no me plancho el pelo (Mitad por fiaca, mitad a pedido)

5- No me despego de mi celular, y jamás lo apago

6- Tengo dulce de leche y agua tónica en la heladera (No comment´s)

7- No lloro cuando me indispongo

8- Me levanto apenas suena el despertador, y de buen humor

Y aunque muchos digan que estoy hecha una boluda alegre, no podemos negar que estar enamorados es uno de los mejores estados, y si no coinciden conmigo, se los concedo solo porque hoy estoy de buen humor.