sábado, 28 de febrero de 2009

Contate uno de cowboy´s


Yo sé que con lo que voy a decir, quizas me gane la antipatia de muchas compañeras de género, pero hace meses que lo tengo atravesado en la traquea, y como he estado con muchisimo trabajo, no tenido ni tiempo ni ganas de enredarme en interminables discusiones estériles acerca de este asunto.
Pero ya está, ha llegado el momento de decirlo, aunque esto signifique herir los sentimientos de personas muy allegadas, es más, hasta de amigas intimas.
En la vida real, los Mr. Big no se quedan nunca con las Carrie.
Es así señoras y señores. Sin amor propio ni respeto mutuo no hay amor verdadero.
Estos hombres, fuera de la ficción, jamás se separan de sus legitimas esposas, y menos para volver a casarse con una mina a la que se hartaron de ningunear y humillar de todas las maneras posibles.
Ellos saltan de amante en amante y siguen viviendo su hipócrita vida familiar.
Asimismo todas, alguna vez, hemos tenido un Mr Big en nuestras vidas, que nos ha costado litros y más litros de lágrimas y mate con amigas, y hasta incontables sesiones de terapia, para poder sacarnoslo de encima, porque sabemos a ciencia cierta que nunca seremos felices con un tipo de esta calaña.
Por eso mismo es que tampoco las Carrie se casan con los Mr Big. Estamos hablando de mujeres fuertes, independientes, seguras de si mismas. Nunca le sostendrían tanto la vela a un tipo.
Como dice Maria Marta Serra Lima: "Una es poco, dos es mucho, tres ni que hablar"
Está bien, reconozco que era el final de la serie, de un show televisivo pensado para mujeres, que por más que seamos modernas, en el fondo siempre querremos ser Caroline Ingalls, quizas por eso lo veo (por asi decirlo) válido.
Pero si hay algo que consiguió esta pelicula, fue echar por tierra lo que cultivó en todos estos años de capitulos geniales la serie televisiva. Según mi punto de vista dejó de reflejar "fielmente" la realidad de las mujeres solteras, en busca del amor.
No nos engañemos, al final fue una comedia romántica del montón.

martes, 24 de febrero de 2009

Con sonido stereo


Resulta ser que con motivo del Día de los Enamorados, me hice poseedora de un aparato que jamás se me hubiera ocurrido adquirir por mi propia voluntad, un mp4. Imagínense que ya tenía un mp3 que lo usaba como pen-drive así como jamás se me ocurrió sintonizar las radios de mi celular. Y no es por que tenga alguna creencia arraigada que me impida hacer uso de estos aparatos, simplemente porque nunca me dieron ganas.
Pero a este aparatejo le tengo un especial cariño, demás está decir que es por el remitente del mismo. Sin embargo, debo confesar que no solo me acostumbré a usarlo, sino que me gusta. Así que ahora transito por la vida musicalizando mi andar con sonido stereo.
Esto no sería ninguna novedad si no fuera que soy mujer de vista reducida y bastante despistada, por lo cual el sentido de supervivencia me llevó a desarrollar la audición si es que no quería estropear mi vida social ni colisionar con cuanto obstáculo humano o no, se atravesara en mi camino, pero hace unos días me dí cuenta que caminar ensimismada en mis pensamientos musicalizados, está transformando mi normal funcionamiento y desenvolvimiento social habitual.
Primero que nada, bien sabemos que las canciones siempre nos traen algún recuerdo de alguna persona o situación particular, que en muchos casos no quisiéramos recordar y que nos llevan a hacer una serie de deducciones que más de una vez nos indignan con nosotros mismos, por lo tanto, si eso me ocurre llego a destino con una tremenda cara de culo.
Segundo y no menos importante, no me frenó en las esquinas antes de cruzar las calles, por lo tanto si me atropellan me van a tener que pagar por nueva, buena y bonita, antes el sonido de los autos al acercarse y cuando no, algún que otro bocinazo me hacían frenar. Además mantengo un ritmo constante y zigzagueante cuando camino, por lo tanto me transformo en un obstáculo para el que viene detrás mío apuradísimo, antes los escuchaba venir y me hacía a un costado o apuraba el paso, evitando la correspondiente puteada.
Encima pasó por maleducada con cuanto conocido me cruza en la calle, antes no los veía pero reconocía mi nombre en una voz familiar, ahora no los veo ni los oigo, así que ya no saludo a nadie por la calle. Llegó tarde a todas mis citas aunque ya esté en el lugar de encuentro, porque si estoy escuchando alguna canción que me gusta, me quedó afuera hasta que termine. Encima me voy a tener que comprar un estuche para colgarme el celular y sentirlo vibrar, porque pueden pasar horas sin que lo atienda. Lo peor de todo es que si no es un llamado de vida o muerte, o que estoy esperando siempre me olvido de devolver la llamada. Y como si esto fuera poco, y como ya bien sabemos lo piropeadores que son los constructores cordobeses, ahora me pierdo esos halagos que, como buen mimo para el ego humano, me hacían sonreír.
Pero lo peor de todo es que canto. Si señores: CANTO POR LA CALLE… y las estrofas de las canciones que no me sé, las tarareo. Y miren que yo canto muy mal, no sé porqué pero jamás pude engancharles el ritmo ni las melodías a las canciones, aunque vengo de familia de músicos y tengo muchísima memoria para aprenderme las letras.
Sin embargo, como disfruto muchísimo de las caminatas musicalizadas, he agregado una cosa más a mi lista de cosas que tengo que hacer antes de pasar a la posteridad. Contratar a Cris Morena para que me haga grabar un disco, si hizo cantar a los papuchos de Luciano Castro y Facundo Arana, algo va a poder hacer con esta voz poco privilegiada.

domingo, 15 de febrero de 2009

Hijas del rigor


Hace unos dos días se celebró el "Día de los enamorados", y como yo no me olvido de mi pasado, osea los incontables Días de San Valentín, que pasé criticando y burlandome de los melosos enamorados (más por envidia que por convicción), y como es tan lindo que la gente se quiera.
Hoy vengo a revelarle a los hombres lo más secreto y básico para tener en cuenta a la hora de conquistar a una mujer.

- Nos gusta el que no nos da bola.

- Nos enamoramos del que nos hace sufrir.

Pero no deben olvidar que una señorita nunca se queda con el malo de la pelicula.
Nos encanta el principe azul, el heroe que llega en su corcel blanco a salvarnos del yugo despiadado del villano que nos tiene oprimidas.
Y aunque para aquellos señores cómodos y egositas, y hasta me arriesgaria a un cobardes, les parezca una empresa demasiado ambiciosa, no se trata de una tarea titánica descubrir cuando ser el verdugo y cuando el mesias.
Veamos un ejemplo:
Una conoce a un señor guapo, inteligente y divertido. Es evidente que existe una mutua atracción, y él se desvive en pequeñísimos y solapados detalles que demuestran que los traemos de las narices hasta donde nosotras queremos. Pero él nunca hace ningún atisbo por concretar el amor. Cuando una ya se ha cansado de esperarlo y de darle claras señales de que esta bien predispuesta para la concresión del hecho, y él como si pasara un tren, se dedica a otra cosa, más precisamente a otro señor (recuerden que las mujeres no tenemos ningún empacho en andar besando sapos para ver si se convierten en el principe que esperamos).
Pero él (frio aunque nunca distante, dando esporádicas y tenues señales de interes hacia una) ni lerdo ni perezoso cuando ve algún ave de rapiña rondandole su preza, cual cazador furtivo hace su aparecida triunfal, te salva y así como quién no quiere la cosa, te apabulla con la tan ansiada concresión del romance.
Consejo: ojo con el tiempo, un par de meses está bien, como maximo 4. Miren que si no nos buscamos otro Robin Hood del cual enamorarnos.
Y si los asalta el desgano, nunca se olviden que la recompensa que los espera, vale la osadía y el esfuerzo que hagan para conquistarnos.

jueves, 5 de febrero de 2009

Terrorismo sentimental


No es un secreto que las mujeres somos unas manipuladoras bárbaras. Aunque más bien podríamos decir que se trata de un secreto a voces, porque los hombres sufren del complejo del “Gran Titiritero” y les encanta pensar que ellos son los causantes de todas las emociones y sus consiguientes acciones y reacciones femeninas. Y a nosotras nos encanta hacerles creer eso porque una consigue cosas insospechadas apelando a la culpa.
Una de las principales armas de manipulación femenina es el llanto, el cual aprendemos a cultivar desde pequeñas. Las primeras victimas son los padres, ya que la madre (al ser mujer también) no se deja influenciar por las lágrimas. ¿Acaso ustedes han visto a una niña de unos 9 o 10 años llorándole desconsoladamente a la madre cuando comete algún desmán? Jamás, porque tu madre te encaja un cachetazo correctivo y no hay tu tía. En cambio ¿Qué hace el papá? Te dice: “Bueno negra, pero es que no podés ser tan bolud… A mi me duele más que a vos retarte y bla, bla, bla…” Y listo, ya cayeron en nuestra telaraña de victimas de nosotras mismas.
Cuando ya nos adentramos en las mieles del amor y el romance, a diestra y siniestra comenzamos a ejercer concienzudamente el famoso y nunca bien ponderado “Terrorismo sentimental”
Una con el llanto vuelve de cualquier cosa, por ejemplo una anda paranoica y susceptible y todo lo que nos diga nuestro amado es como una daga que se nos incrusta en la boca del estomago, y suficiente motivo para escupirle una sarta de sandeces que vaya a saber una que alimañas las sembraron en nuestra inestable cabecita de novia. Y él se las banca estoicamente cual duque de windsor, hasta que un buen día es el acabose, y te canta todas las verdades juntas. Entonces una que además de estar totalmente herida, está enajenada de la rabia porque él tiene razón y cualquier cosa que digamos será usado en nuestra contra, pero no es tonta y sabe que en determinadas ocasiones no hay excusas que valgan ni disculpas que no terminen mancillando nuestro honor, ahí nomás apela al llanto.
Y cual victima de una catástrofe divina musita entre sollozos: “No se lo que me pasa, siempre arruino todo”
No pide jamás perdón, sencillamente llora. Es como si las lagrimas sumadas a cualquier frase que nos pinten como si nos hubiera poseído algún demonio o alíen (Porque jamás la culpa es de una), fuera suficiente para que el otro nos perdone. Porqué ¡pobrecitas de nosotras, somos victimas de los desequilibrios hormonales y ellos no nos entienden! Y como a ellos les encanta creer que son el ombligo del mundo, debido al complejo que mencioné más arriba, nos dicen: “Bueno bichi, no te pongas así. Ya está. No quise gritarte. Perdonáme” Listo el pollo y pelada la gallina, son ellos los que terminan pidiendo perdón.
Y podemos ser maestras en el arte del “Terrorismo sentimental” porque nadie niega que somos mucho más viscerales a la hora de expresarnos, no tenemos empacho a la hora de demostrar nuestros sentimientos y agarrate catalina si estamos menstruando, más vale que nadie ose mirarnos con un dejo de frialdad, porque se viene el tsunami de lágrimas y María Magdalena termina siendo una bebe de pecho al lado nuestro.