lunes, 16 de marzo de 2009

¿Donde estás amor de mi vida, que no te puedo encontrar?


Existen ciertos lugares que se han constituido como los sitios adecuados para encontrar novios y porque no, hasta futuros maridos. Obviamente que yo los he descubierto hace muy poco, sino habría sido una de las primeras en abonarme a esos lugares, hasta llegar a convertirme en socia fundadora vitalicia. Pero mi vida me ha llevado por caminos más tortuosos, que sin duda alguna me han dejado una vasta experiencia en estos asuntos, de la cual no reniego para nada.
Gracias a dios mi vida parece encaminada, y por el momento (y ojala sea por muchísimos años más) no ando buscando afuera, algo que no tenga en casa. Pero me parece un desperdicio y hasta un acto injustificado de extremo egoísmo, negarle al mundo la sabiduría que he sabido conseguir a fuerza de sangre, sudor y lágrimas.
Contrariamente a lo que se supone, la Escuela y/o Facultad, y el lugar de trabajo no son buenos lugares para buscar a la media naranja, ya que como bien sabemos donde se come no se caga, porque son lugares signados por el compañerismo que es lo que deriva en la copula, pero también por la competencia que desencadena la lucha por la conquista de los espacios de poder en estos sitios. Además cuando uno ya ha cumplido su ciclo en esos lugares, y decide emprender otro camino, corta de cuajo con todo aquello que lo une a ese pasado y se dedica a empezar un camino totalmente nuevo.
Tampoco los locales bailables son los más adecuados para la búsqueda del/la futuro/a madre/padre de nuestros hijos, de ahí no puede salir algo como la gente, se los digo yo que anduve de boliche en boliche escudriñando descaradamente a cuanto masculino se me cruzada, con el solo fin de convertirlo en el novio que toda madre desea para su hija, y claro está que dicha empresa fue un rotundo fracaso.
Sin embargo he podido comprobar, más por observación participante que por experiencia propia, que uno de los mejores lugares para encontrar un compañero de ruta, son los casamientos. Uno llega a la fiesta ya movilizado por todo el rito social de compromiso de los recientes cónyuges, entonces es como que se está más predispuesto a iniciar algo con un poco más de seriedad. Además bien sabemos que si las cosas no salen como queremos y se hacen los chanchos rengos luego de la concreción amatoria y/o sexual y optan por un “si te he visto, no me acuerdo”, bien podemos encontrarlos en otro evento familiar que festeje la pareja contrayente y escupirle en la cara lo descortés de su actitud.
Así que queridos míos, si los invitan a una boda, vayan solos. No salgan desesperadamente a buscar una pareja que los acompañe. Y asimismo, en el caso de que no encontremos nada que valga la pena, por lo menos podemos divertirnos descaradamente con perfectos extraños. En cambio si invitamos a alguien hay dos opciones: o vamos con un amigo con el que sabemos que volveremos a dormir solos, o vamos con algún conocido “intimo” lo cual implicara un mayor compromiso para la relación libre que nos planteamos con este sujeto, compromiso que quizás no queramos contraer.
Una última cosita, en los tres circunstancias, hay excepciones que confirman la regla, recuerden que en el universo nada es absoluto y todo puede suceder. Por eso nunca olviden que más allá de todo, y más que nada en el amor, el que no arriesga no gana.

sábado, 7 de marzo de 2009

Exclusivo para soñadores


Hace solo un par de días vi Vicky Cristina Barcelona. Excelente peli de Woody Allen. Javier Barden es un bombonazo, pero no un actorazo. Penélope Cruz sencillamente genial. Y Scarlett Johansson es una verdadera belleza de mujer. La otra chica ni fu ni fa.
Pero en realidad esta peli me hizo pensar en dos cosas fundamentales acerca del amor.
La primera, ¿Existen personas tan abiertas que puedan conformar tríos? Mejor dicho: ¿Existen mujeres como la Cristina de esta peli? Porque parejas enfermizas como las de Barden y Cruz hay a rolete. Que quieren que les diga, a mí se me hace inadmisible conformar una pareja de tres, y eso que si fuera lesbiana a Penélope le doy, pero no tengo la mente tan abierta como para bancarme que mi novio se esté acostando con otra mientras yo me tomo un tecito y doy un paseo por el campo. Yo estaría escuchando con un vaso a través de la puerta para escuchar si están hablando de mi, si me curean, si se ríen a mi espaldas o si están tramando asesinarme y sacarme los pocos bienes que tengo, como el lavarropas automático, la planchita del pelo, la depiladora y la compu. Soy demasiado egocéntrica y paranoica como para sostener una relación así.
Y segundo, pero no menos importante, capaz que concuerdo con eso de que el amor imposible es más romántico que el que se concreta pacifica y felizmente. Creo que es más inspirador un amor enfermizo, oscuro y destructivo, en el sentido de que los mejores poemas, canciones y novelas de amor, son inspirados en estos. Pero todos los seres humanos, llegamos a un punto en el que decimos ¡basta de sufrir caramba! Y miren que yo soy una mina retorcida y me encanta regodearme en mi propio dolor, de hecho para mi la mejor película de amor que vi en mi vida es Dracula de Copolla, pero llega un punto en que uno no solo necesita, sino que quiere paz. No se puede vivir eternamente en la Baja Edad Media.
Todos queremos amar y ser amados de manera exclusiva, tierna y apasionadamente, porque en ningún lado está escrito que las grandes pasiones son las retorcidas y destructivas, está bien que son las mejores para contar porque siempre esconden secretos y ponen en el tapete los sentimientos más bajos de los seres humanos.
Pero se las debo vivir eternamente como Barden, Cruz y Johansson, y si alguna de las dos o las dos al mismo tiempo se quedan embarazadas, ¿saben que quilombazo seria esa casa? Y el probecito de este muchacho... ¿Saben lo que es bancarse dos mujeres indispuestas o a dieta? O lo que es peor, ¿dos suegras? A los tipos les encanta fantasear con la idea del harem, pero ¿alguna vez se pusieron a pensar lo que sería aguantar los reclamos de dos o más mujeres al mismo tiempo? Porque queridos míos, eso solo es posible para los sultanes, que están forrados en guita y las mujeres les pertenecen como si fueran accesorios ya que no tienen ningún derecho. En el mundo occidental globalizado y competitivo, sino es imposible, al menos es inadmisible.