viernes, 19 de agosto de 2011

Pedilo antes que se agote

Hay un montón de cosas que yo no sé, pero si hay algo que aprendí es que en la vida de toda mujer después de un Mister Big, llega un Marck Darcy.
Todas las mujeres que conozco, que se han enamorado de un tipo mujeriego que les pintaba la historieta del solitario, que no es que no la amaba sino que como había sufrido tanto de chico, ahora solo la lastimaba porque no sabía querer de otra manera, cuando en realidad le hacia ese chamuyo porque se quería seguir acostando con todas sin ponerse de novio con ninguna, hecho que además de humillarla la llenaba de impotencia, convenciéndola que la única manera de salir de esta situación de mierda era secuestrando al pibe para cortársela y tirársela a los chanchos.
Quiero creer que es porque esta clase de seres funestos nos enseñan que el verdadero amor es otra cosa y que está muy alejado del sufrimiento como se obstinan los poetas y dramaturgos en hacernos creer, solamente porque a ellos les sirve para escribir más y mejores poemas y porque el enamorado no correspondido compra más ese tipo de cosas.
Entonces, cuando nos volvemos a enamorar buscamos y valoramos otras cosas del ser amado. Además nosotras mismas nos volvemos más realistas y prácticas, y por consiguiente nos relajamos más. Así que estamos de parabienes y la relación es mucho más madura y por lo tanto: sana.
Otra cosa que también influye es la edad en la que nos agarran estas situaciones. En mi caso particular y en el de mis amigas, estoy en condiciones de afirmar que ese punto de inflexión es a los 29 años. No sé si será complot cósmico o pura casualidad, pero las 5 mujeres que tomo como ejemplo conocieron a los que hoy son sus maridos (todas están felizmente casadas o concubinadas) un añito antes de los 30 y luego de haberse sacado de encima al comepiojo del ex, parasito mencionado unos párrafos más arriba.
Así que chiquita querida, si todavía te faltan un par de abriles relájate y gozá porque de todo se aprende en esta vida. Y si ya pasaste esa edad, bien sabés que nadie es el dueño de la verdad absoluta y que a los trucos no hay que repetirlos en la casa porque pueden fallar.