jueves, 16 de agosto de 2012

La paja en el ojo ajeno



Si vivís en Argentina y tenés tele, además de la guerra entre Magneto y Vila por la fusión entre Cablevisión y Multicanal, es imposible que te mantengas al margen de todo lo que se habla de la Nannis , su prole y otrora sequito. Y más allá de horrorizarme -como toda señora de bien que ahora soy- con el asunto de la vuelta al menemismo, no puedo dejar de pensar en que la señora de Caniggia, no solo debe ser una leona en celo en la cama, además debe manejar al dedillo la estrategia femenina por excelencia de que no importa lo que hagamos, SIEMPRE la culpa va a ser de los hombres. Si no, no se explica que el Pájaro se la banque.
Por eso es que no me sorprendí cuando leí que la Dra Farnaz Kaighobadi de la Universidad de Columbia, Nueva York, hizo una investigación – uno más de los tantos estudios al pedo que me gusta compartir con ustedes – donde se supo que más del 50% de las mujeres encuestadas fingen en la cama. Peeeero –siempre hay un pero si de acciones femeninas hablamos- el motivo por el que lo hacen es para que sus mariditos no las gorreen.
Ósea que además de mantenernos atractivas y controlarlos, les hacemos creer que son el mejor de los amantes. Creo que ya les dije hasta el cansancio que –para mi- uno no ama sino admira, bah por lo menos yo no podría amar a un hombre que no admiro, sin embargo hay muchas parejas que se forman y se sostienen por conveniencia, por deseo de poder o de status. Pero como yo no soy del grupo de los caretas que apedrearon a María Magdalena, no juzgo a nadie porque cada uno hace de su traste un colectivo y lo frena en la parada que lo deja más cerca de sus aspiraciones.
Fuente:


martes, 14 de agosto de 2012

¡Por fin una para nosotras chicas!



Entre tanta investigación al pedo que anda dando vueltas por ahí, que le debe salir bastante jugosa al primer mundo, un experto en psicología evolutiva de la Escuela de Ciencias Económicas de Londres, Satoshi Kanazawa dice que la fidelidad es un atributo de la inteligencia porque los hombres más listos tienen menos aventuras y dan más importancia a las relaciones estables.
Resulta que el capo éste llegó a esta conclusión cuando correlacionó las conductas sociales y el nivel de inteligencia de los varones de distintas edades.

La verdad verdadera es que para mi es bastante escasa la explicación que te da del porqué el tipo con un nivel intelectual elevado valora más la exclusividad sexual, digo… siendo psicólogo y viendo de la experiencia de leer a Freud en la facultad, esperaba una larga sarasa argumentativa.

Además, ¿cómo está seguro el tipo éste de que los señores a los que estudió no lo chamuyaron? Capaz que cuando el locólogo les preguntó a los ingenieros químicos si meaban con la tabla levantada, el tipo le contestó que si más por practico y pulcro que por monógamo… Que se yo… Porque convengamos que el hecho de que un matemático graduado de Harvard prefiera regar plantines los domingos a las 8:00 de la mañana, en vez de dormir la mona de la noche de joda lunga anterior, no quiere decir que el tipo prefiera dedicarse a las tareas del hogar que a la juerga, capaz que lo hace como labor terapia, porque se lo recomendó el terapeuta porque el stress que le genera no poder tener un teorema propio.

Igualmente aparte de que como argumento ante la inminente infelidad de nuestro bienamado es genial:  porque además de tratarlo de hijo de p… lo podes tratar de boludo con fundamento científico, es una de las mejores refutaciones de leyenda de la historia. Porque aunque nosotras ya sepamos que el tipo que nos pone las guampas es un gil, ellos se creen que es el más vivo de todos, entonces que uno de ellos lo reconozca y demuestre empíricamente es una especie de reinvindicación a los años de prejuicios que hemos soportado las féminas que nos vimos obligadas a tirar valijas por las ventanas, celulares al inodoro y platos a la cabeza del malparido que nos cuerneó para palear un poco, aunque sea, la indignación e impotencia que nos genera la traición.

Bienvenido sea entonces, éste estudio al pedo.




Torta Borracha



INGREDIENTES:
-          Vainillas 24
-          Crema 500 cc.
-          Azúcar cantidad necesaria
-          Chocolate cobertura 150 gs.
-          Dulce de leche 1 cda.
-          Manteca 25 gs.
-          Moscato cantidad necesaria (se puede reemplazar por algún licor, ron, whisky, etc.)

PREPARACIÓN:
Para comenzar con la preparación de este postre es necesario sacarme la máscara de entrada y confesarles que no soy muy amiga de la cocina por eso las recetas que les traigo son muy simples. 
Hechas las aclaraciones pertinentes del caso, cual Maru Botana y su prole numerosa cocinando en su casa del country, empezamos  con nuestra receta.
Derretimos el chocolate cobertura a baño maría junto con la manteca y el dulce de leche. Mientras que por otro lado batimos la crema con el azúcar a punto chantilly. Luego mojamos las vainillas con el moscato y procedemos al armado.
¡Ojo! Que no se les vaya la mano con la cantidad de vino para mojar las vainillas. No vaya a ser que les pase lo que le ocurrió a mi abuelita Desesperación, viuda de Sarmiento. Siempre fui la regalona de mi nona, así que cuando llegó mi onomástico número ocho ella, además de regalarme una muñeca tamaño gigante; de esas que las madres no te dejan tocar pero que no saben donde guardar, me hizo la torta de cumpleaños con sus curtidas manos de abuela que en su vida agarró una escoba. El acontecimiento discurrió sin sobresaltos, los niños nos atiborramos de chizitos y puflitos, le pusimos la cola al burro, jugamos al gallito ciego, y nadie perdió un ojo cuando rompimos la piñata con el palo con un clavo en la punta.
Todo venía saliendo a pedir de boca, hasta que llegó el momento de cortar la torta. De pinta y aroma estaba barbará, el tema era cuando la probabas, apestaba a alcohol etílico. Pero lo peor fue que la vieja le echó tanto licor que terminó emborrachando a todos los niños que asistieron a mi cumpleaños. Ella se atajó diciendo que no tenía tanto vino y que además no nos hacía mal comer una porción de torta con vino dulce y que como mucho íbamos a dormir más temprano y más, cosa que los padres iban a agradecer. Vieja terca y negadora.
Es que abuelita había adquirido el hábito del buen tomar, cuando su hermano menor, Gregorio se hizo cura, y ella empezó a ir a la capilla a matear con él y a ayudarlo a preparar los enseres de la Eucaristía. Y cuando el curita se descuidaba se tomaba un buen vaso de vino de misa. “Uno de los mejores m´hija. Por eso le digo que no es pecado mortal que los niños coman torta embebida en Mistela” Me decía la sabía de mi abuela.
Pero el suceso de mi cumpleaños no quedó ahí, el asunto casi termina en tragedia ya que mi otro tío, Don Eulogio Sarmiento, cuñado de la repostera, que no era muy afecto a las reuniones sociales, se encerró en la cocina a tomarse unos mates con grapa hasta que se fuera el “chiquerio”, y terminó casi con un coma alcohólico que no pasó a mayores porque mi abuela le hizo un te de carqueja que le lavó el estomago de la manera más ruin y hedionda que mi mente de niña avergonzada frente a toda la clase puede recordar.
Y miren si me habrá traumado  lo que pasó, que además de no volver a festejar nunca más un cumpleaños,  le hacía creer a mi vieja que era tranquila y me dormía unas regias siestas cuando niña de puro tranquila nomás, pero en realidad es que mientras la ayudaba  a lavar los trastos de la cocina, esperaba que se descuidara y me mandaba un vasito de la damajuana de Moscato que tenía al lado de la heladera. Que mujer santa mi madre, que en su ingenuidad se creía que la ayudaba a secar los platos porque disfrutaba de su presencia.
Bueno, ya me fui por las ramas, así que volvamos a lo que nos convoca: una vez que tengan las vainillas bien embebidas y la mezcla lista, busquensé una fuente de vidrio, con un alto aproximado de 15 cm. y pongan una capa de vainillas mojadas, la crema chantilly, el chocolate, otra vez una capa de vainillas, la crema, el chocolate y así sucesivamente hasta terminar con los ingredientes. Cuando le postre este armado, llevenló a la heladera por una hora.
Les doy un último consejito antes de terminar: usen un buen vino para mojar las vainillas. No vaya a ser que les pase como a mi suegra, que una vez casi se manda la gran Yiya Murano con unos bombones de licor casero que trajo para el cumpleaños de mi marido. Creo que esa fue la última vez que la vieja cocinó algo para su hijito y mi marido dejó de comparar mis milanesas de soja al horno, con las de ternera  fritas de su mamita.