martes, 14 de agosto de 2012

Torta Borracha



INGREDIENTES:
-          Vainillas 24
-          Crema 500 cc.
-          Azúcar cantidad necesaria
-          Chocolate cobertura 150 gs.
-          Dulce de leche 1 cda.
-          Manteca 25 gs.
-          Moscato cantidad necesaria (se puede reemplazar por algún licor, ron, whisky, etc.)

PREPARACIÓN:
Para comenzar con la preparación de este postre es necesario sacarme la máscara de entrada y confesarles que no soy muy amiga de la cocina por eso las recetas que les traigo son muy simples. 
Hechas las aclaraciones pertinentes del caso, cual Maru Botana y su prole numerosa cocinando en su casa del country, empezamos  con nuestra receta.
Derretimos el chocolate cobertura a baño maría junto con la manteca y el dulce de leche. Mientras que por otro lado batimos la crema con el azúcar a punto chantilly. Luego mojamos las vainillas con el moscato y procedemos al armado.
¡Ojo! Que no se les vaya la mano con la cantidad de vino para mojar las vainillas. No vaya a ser que les pase lo que le ocurrió a mi abuelita Desesperación, viuda de Sarmiento. Siempre fui la regalona de mi nona, así que cuando llegó mi onomástico número ocho ella, además de regalarme una muñeca tamaño gigante; de esas que las madres no te dejan tocar pero que no saben donde guardar, me hizo la torta de cumpleaños con sus curtidas manos de abuela que en su vida agarró una escoba. El acontecimiento discurrió sin sobresaltos, los niños nos atiborramos de chizitos y puflitos, le pusimos la cola al burro, jugamos al gallito ciego, y nadie perdió un ojo cuando rompimos la piñata con el palo con un clavo en la punta.
Todo venía saliendo a pedir de boca, hasta que llegó el momento de cortar la torta. De pinta y aroma estaba barbará, el tema era cuando la probabas, apestaba a alcohol etílico. Pero lo peor fue que la vieja le echó tanto licor que terminó emborrachando a todos los niños que asistieron a mi cumpleaños. Ella se atajó diciendo que no tenía tanto vino y que además no nos hacía mal comer una porción de torta con vino dulce y que como mucho íbamos a dormir más temprano y más, cosa que los padres iban a agradecer. Vieja terca y negadora.
Es que abuelita había adquirido el hábito del buen tomar, cuando su hermano menor, Gregorio se hizo cura, y ella empezó a ir a la capilla a matear con él y a ayudarlo a preparar los enseres de la Eucaristía. Y cuando el curita se descuidaba se tomaba un buen vaso de vino de misa. “Uno de los mejores m´hija. Por eso le digo que no es pecado mortal que los niños coman torta embebida en Mistela” Me decía la sabía de mi abuela.
Pero el suceso de mi cumpleaños no quedó ahí, el asunto casi termina en tragedia ya que mi otro tío, Don Eulogio Sarmiento, cuñado de la repostera, que no era muy afecto a las reuniones sociales, se encerró en la cocina a tomarse unos mates con grapa hasta que se fuera el “chiquerio”, y terminó casi con un coma alcohólico que no pasó a mayores porque mi abuela le hizo un te de carqueja que le lavó el estomago de la manera más ruin y hedionda que mi mente de niña avergonzada frente a toda la clase puede recordar.
Y miren si me habrá traumado  lo que pasó, que además de no volver a festejar nunca más un cumpleaños,  le hacía creer a mi vieja que era tranquila y me dormía unas regias siestas cuando niña de puro tranquila nomás, pero en realidad es que mientras la ayudaba  a lavar los trastos de la cocina, esperaba que se descuidara y me mandaba un vasito de la damajuana de Moscato que tenía al lado de la heladera. Que mujer santa mi madre, que en su ingenuidad se creía que la ayudaba a secar los platos porque disfrutaba de su presencia.
Bueno, ya me fui por las ramas, así que volvamos a lo que nos convoca: una vez que tengan las vainillas bien embebidas y la mezcla lista, busquensé una fuente de vidrio, con un alto aproximado de 15 cm. y pongan una capa de vainillas mojadas, la crema chantilly, el chocolate, otra vez una capa de vainillas, la crema, el chocolate y así sucesivamente hasta terminar con los ingredientes. Cuando le postre este armado, llevenló a la heladera por una hora.
Les doy un último consejito antes de terminar: usen un buen vino para mojar las vainillas. No vaya a ser que les pase como a mi suegra, que una vez casi se manda la gran Yiya Murano con unos bombones de licor casero que trajo para el cumpleaños de mi marido. Creo que esa fue la última vez que la vieja cocinó algo para su hijito y mi marido dejó de comparar mis milanesas de soja al horno, con las de ternera  fritas de su mamita.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario