domingo, 25 de agosto de 2013

Sombras nada más


Capaz que con lo que escriba me gane la antipatía de algunas de ustedes, pero si no lo digo me empacho. Así que ahí va: la trilogía Cincuenta Sombras me pareció un Corín Tellado versión porno. Paren un cacho che! No me puteen. Usemos esa cabecita loca que tenemos para algo más que peinarnos. Analicémosla, ¿quieren?
Primero tiene el típico argumento de un Corín Tellado o clásico culebrón venezolano: él es un solitario multimillonario, que está más bueno que Los Simpson, con una niñez traumática y que le escapa al compromiso. Ella es una cándida y hermosa jovencita que cree en el amor, aunque nunca se enamoró ni mucho menos sufrió por un desamor, tiene a todos los tipos que la rodean alzados por ella. Se conocen, se gustan, él se la quiere culiar y nada más, y ella se deja porque cree que su amor lo va a salvar y él va a cambiar. Y acá viene la gran estafa: ¡LO CONSIGUE! El tipo se enamora como un infeliz y cambia toda su vida para estar con ella. Y bien sabemos chicas que eso en la vida real no pasa, un tipo así no cambia por miedo a que la mina lo deje, un tipo así nunca llega a engancharse y si se engancha y la señorita le cuelga la galleta porque él no se quiere poner las pilas se la banca solito y va y se enfiesta con tres gatos adentro de un yacuzzi lleno de champagne. En la vida real, el tipo así no te pide casamiento y te hace dos pibes.
Segundo toda la gran historia de amor, plagada de situaciones sexuales fuertísimas, transcurre en unos 6 meses, desde que se conocen hasta que se casan y ella se queda embarazada. Convengamos que siempre que uno empieza una historia con alguien que le gusta, los primeros meses se la pasa abotonado, no hace falta ser un dios del sadomasoquismo ni una chiquita virginal para pasársela culiando cada ocho horas, después de cinco años de relación, convivencia mediante, si te demostrás el amor dos veces por semana date por satisfecho. Es que si chicas, es ridículo pensar que la relación sexual que ellos tienen es especial porque él es el Einstein del sexo, la mina tiene 22 y el tipo 26, si a esa edad las hormonas no te llenan de “pornocos” la cara te está fallando el sistema endocrino.
Por último  la historia la cuenta la mina, que no tiene ninguna experiencia sexual, no tiene con que comparar lo que siente, obvio que le va a parecer que es lo mejor que le paso en la vida, si antes de él ni una paja se había hecho. ¡Dejate de joder! Es obvio que ella lo va a describir como el sumun del placer sexual. Y eso que ni menciono que la chiquita está enamorada hasta la médula, cosa que hace que pierda toda objetividad, porque yo he estado enamorada y no la he pasado tan bien en la cama y no solo me la he bancado, sino que hasta le he contado a mis amigas lo bien que la pasaba, por amor (si, ya sé, soy una estúpida) pero bueno a medida que vas sumando experiencia te das cuenta que el tipo no era un erudito en la cama, zafaba y a vos te gustaba, más por amor que por destreza.
Así y todo chiquitas yo los recomiendo al libro (así como les recomiendo que vean las películas porno de Erika Lust) y en tren de confesiones les cuento que la detractora que suscribe lo leyó tres veces seguidas. Me gusto, le di 5 lauritas, y apenas se estrene la peli seguro que arrastraré a mi maridito al cine. Pero ojo, cuando lo lean (si es que todavía no lo hicieron) tengan en cuenta lo que les acabo de decir, porque si no se van a quedar frustradas, esperando que les llegue el Cristian Grey que todas nos merecemos pero que solo existe para alimentar nuestros ratones o para copiar alguna práctica si nuestro amado se prende.

jueves, 15 de agosto de 2013

Germen, que no te quiero, germen


Está bien, debo reconocer que yo soy un tanto paranoica así nomás, pero desde que estoy encinta la cosa se volvió seria tirando a grave.
Tengo las manos al rojo vivo de tanto lavármelas, me han salido callos ahí donde me refriego el jabón. Es que es mucha responsabilidad estar gestando una vida, chicas. Osea, sé que hay muchas cosas del bebe que ya vienen determinadas por los genes, por la combinación cromosómica o por lo que cazzo sea, que no voy a poder evitar ni cambiar, pero también hay muchas otras cosas que dependen pura y exclusivamente de mi educación para la salud durante el embarazo.
Si fumo, chupo y me la paso echada en la cama morfando, además de lo que me puede pasar a mí, el bebe también va a sufrir las consecuencias de mi vida licenciosa, entregada a los pecados capitales. Así que debo ser responsable, moderada y sana.
Miss Excesos me decían a mi en el barrio, pero ahora estoy tan psicotizada con el asunto de no agarrarme ningún germen patógeno que ande suelto, que reite de Sheldon Cooper.
Ando con el lisoform y el alcohol en gel en la cartera, y porque me queda un atisbo de dignidad no me da para salir de barbijo, pero debo admitir que en su reemplazo, más de una vez, me envolví la boca y la nariz con un coqueto pañuelo previamente rociado en desinfectante.
Ni hablar de que no te pruebo ni por error de la matrix una ensalada con vegetales crudos en un restaurant. Me abuso de la recurrente acidez estomacal que le ataca a las embarazadas para no tomar mate con nadie. No paso cerca de la gente para que nadie me estornude en la jeta. Prefiero morirme de sed o hambre antes que compartir un vaso o una cuchara.
El principal problema que se me presenta es el uso asiduo del toilette. No tengo autonomía, tengo que mear, llueva o truene, cada dos horas, así que imaginate mi paranoia cuando me tengo que meter a un baño público, monumento nacional al germen, decí que por los lugares que frecuento ya tengo vistos dos o tres que tienen baños decentes, así que haciendo gala de mi pañuelo, el desinfectante y el alcohol, hago tripa corazón, junto aire en los pulmones, sello la boca y me mando, así sin respirar, a desagotar la aplastada vejiga. Aunque en el camino de la embarazada no todo es color de rosa y si no hay un baño como la gente me la banco estoicamente como una lady que soy y meo cuando llego a mi casa.
Vos ríete, pero en cualquier momento se termina el invierno y no me enferme ni una sola vez, ni un triste resfrío. Mi estrategia para evadir los gérmenes me viene dando resultado, creo que nunca en mi vida estuve más sana que ahora.
Es que si chicas, ser madre es un camino de ida.