jueves, 15 de agosto de 2013

Germen, que no te quiero, germen


Está bien, debo reconocer que yo soy un tanto paranoica así nomás, pero desde que estoy encinta la cosa se volvió seria tirando a grave.
Tengo las manos al rojo vivo de tanto lavármelas, me han salido callos ahí donde me refriego el jabón. Es que es mucha responsabilidad estar gestando una vida, chicas. Osea, sé que hay muchas cosas del bebe que ya vienen determinadas por los genes, por la combinación cromosómica o por lo que cazzo sea, que no voy a poder evitar ni cambiar, pero también hay muchas otras cosas que dependen pura y exclusivamente de mi educación para la salud durante el embarazo.
Si fumo, chupo y me la paso echada en la cama morfando, además de lo que me puede pasar a mí, el bebe también va a sufrir las consecuencias de mi vida licenciosa, entregada a los pecados capitales. Así que debo ser responsable, moderada y sana.
Miss Excesos me decían a mi en el barrio, pero ahora estoy tan psicotizada con el asunto de no agarrarme ningún germen patógeno que ande suelto, que reite de Sheldon Cooper.
Ando con el lisoform y el alcohol en gel en la cartera, y porque me queda un atisbo de dignidad no me da para salir de barbijo, pero debo admitir que en su reemplazo, más de una vez, me envolví la boca y la nariz con un coqueto pañuelo previamente rociado en desinfectante.
Ni hablar de que no te pruebo ni por error de la matrix una ensalada con vegetales crudos en un restaurant. Me abuso de la recurrente acidez estomacal que le ataca a las embarazadas para no tomar mate con nadie. No paso cerca de la gente para que nadie me estornude en la jeta. Prefiero morirme de sed o hambre antes que compartir un vaso o una cuchara.
El principal problema que se me presenta es el uso asiduo del toilette. No tengo autonomía, tengo que mear, llueva o truene, cada dos horas, así que imaginate mi paranoia cuando me tengo que meter a un baño público, monumento nacional al germen, decí que por los lugares que frecuento ya tengo vistos dos o tres que tienen baños decentes, así que haciendo gala de mi pañuelo, el desinfectante y el alcohol, hago tripa corazón, junto aire en los pulmones, sello la boca y me mando, así sin respirar, a desagotar la aplastada vejiga. Aunque en el camino de la embarazada no todo es color de rosa y si no hay un baño como la gente me la banco estoicamente como una lady que soy y meo cuando llego a mi casa.
Vos ríete, pero en cualquier momento se termina el invierno y no me enferme ni una sola vez, ni un triste resfrío. Mi estrategia para evadir los gérmenes me viene dando resultado, creo que nunca en mi vida estuve más sana que ahora.
Es que si chicas, ser madre es un camino de ida.

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