jueves, 19 de septiembre de 2013

La llorona


Debo confesarlo: estoy demasiado embarazada como para mirar televisión.
Siempre fui de las que se emocionan hasta las lágrimas con los finales de novelas aunque nunca haya visto ningún capitulo, o de las que se han querido llevar a la casa todos los perritos callejeros que se cruzan en el camino.
Soy boluda o sensible, depende el gusto de cada quien.
Pero desde que estoy embarazada la cosa se ha agravado de manera escandalosa. No puedo leer el facebook y su lucha por la paz mundial a través de la publicación de cartelitos sin llorar desconsoladamente por la paz en medio oriente, sin tener pudor en dejar en ridículo a quien esté sentado conmigo en la mesa de un bar esperando que nos traigan la merienda. ¿Que pensara el mozo? Mejor ni preguntar, mientras no me escupa el café…
Pero no solo me emociono hasta las lagrimas cuando a alguien se le murió su mascota, también lo hago cuando veo un documental de la desnutrición infantil, me enajeno del odio hasta el punto de no poder controlar la humedad ocular cuando veo la injusticia y la discriminación hacia un discapacitado.
Es que si chicas, cuando una está embarazada está más sensible. Que se yo, será que una empieza a ver la vida de manera más altruista o serán las hormonas o serán los miedos de no poder ser tan buena madre como una quisiera. Vaya a saber.
La cosa es que la que suscribe se la pasa de papelón a papelonazo, pero total como ya se me nota que estoy embarazada no tengo ningún empacho en llorar donde sea y frente a quien sea, total la embarazada goza de una impunidad casi diplomática que sería una picardía no sacarle el jugo, soplándose la nariz con el puño de la camisa de quien ose consolarnos.

lunes, 2 de septiembre de 2013

En el nombre del padre


En estos 6 meses de maternidad estoy en condiciones de afirmar que si hay un tema complicado de decidir cuando uno emprende este maravilloso camino es elegir el nombre que tendrá tu hijo.
Las mujeres desde el mismo momento que nos regalan nuestra primer muñeca ya empezamos a decidir cómo se llamará nuestra cría. Y como el cambio es crecimiento, todas vamos cambiando con los años el nombre elegido para nuestro futuro retoño. Es que es tan difícil… Hay tantos nombres hermosos para elegir, ni hablar de los de moda, traicioneros si los hay pero tentadores como pocos.
Además convengamos que es una decisión importantísima, de la elección de un nombre decente depende que la criatura no sea víctima de bullyng en el colegio. Ya todos sabemos lo cruel que ´puede ser un niño de por sí solo, para encima por hacernos los exóticos ponerle un nombre que sea el blanco de las gastadas de los cándidos compañeritos escolares.
Pero el problema no son las bromas ni nuestra indecisión femenina, el tema acá es ponerte de acuerdo con el padre del impúber. Capaz que a vos el nombre que hace más de diez años que te encanta resulta ser que es el nombre de la ex suegra del susodicho y demás está decir que esa sola condición ya descarta de cuajo el nombre de tus sueños.
Y ni hablar cuando hay un nombre que les gusta a los dos, pero resulta que la divina de tu hermana, que se preñó antes que vos, se lo pone a su hijo, arrebatándote de las manos ese milagro que estabas a punto de saborear, porque si hay algo que no da es que el primo hermano de tu niño se llame exactamente igual. Hay gente a la que le importa tres rabanitos, pero a mí me parece inaudito.
Entonces la que te queda es hacer una lista con nombres que le gustan a ambos y de ahí empezar un extenso proceso de selección, que implica intrigas, extorsiones y contrabando de influencias. ¿Quién no se ha inventado un ex con ese nombre que tu amado está empeñado en ponerle al niño? O acaso ¿quién no ha llamado llorando a la suegra diciéndole que la ha soñado con SU nieto al cual ELLA misma llamaba por el nombre que el descorazonado de su hijo , que no reconoce las señales que le da el universo, se niega a aceptar?
Sin embargo no todo es color de rosa, y hay parejas que no logran ponerse de acuerdo entonces terminan optando por  el último recurso: “Si es varón lo elegís vos, si es nena yo”. Y agarrate catalina, que ahí arrancan las amenazas: ¡Si le llegás a poner Aaron, te juro que si la próxima es nena le pongo Enriqueta! Si una pareja logra superar este mal tranco tiene una solidez a prueba de una novela de la Oreiro.
Pero como acá siempre hablamos a calzón quitado, debemos reconocer que aunque todos los astros se alineen y te pongas de acuerdo desde el vamos sobre el nombre de tu hijo, segurísimo que cuando la criatura tenga unos diez años no te va a gustar tanto como te agradaba cuando nació. ¿O acaso te siguen gustando los mismos nombres que elegiste de nena o de adolescente?  Mujeres…